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Herbert Simon, el alemán pionero en hacer el camino de Santiago por Asturias

El catedrático recorrió en 1980 la ruta entre Oviedo y Santiago por el interior de Asturias y dejó unos diarios que ahora recupera su hija Lioba y que han recibido el III Premio “Alfonso II” de la Fundación Valdés-Salas y la Universidad

Herbert Simon, iniciando la ruta a Santiago el 1 de julio de 1980 desde la Catedral de Oviedo, al fondo.

Herbert Simon, iniciando la ruta a Santiago el 1 de julio de 1980 desde la Catedral de Oviedo, al fondo. FOTOS CEDIDAS POR LIOBA SIMON

El 1 de julio de 1980 Herbert Simon, catedrático de Instituto de Matemáticas, Física y Química en Colonia (Alemania), inició a pie el Camino de Santiago desde la Catedral de Oviedo. Su objetivo era recorrer en diez días cerca de 400 kilómetros por el llamado Camino Primitivo, la ruta de los

Herbert Simon (1921-2003), amante de la cultura, la historia y la antropología, había descubierto el Camino de Santiago en la década de los setenta, se estudió el Códice Calixtino y se dedicó a promocionarlo de forma intensa durante toda su vida. Hasta cinco veces llegó a completarlo (una, desde su Colonia natal en 1985, 2.500 kilómetros en 81 días) y cuando en 1980 partió de Oviedo ya había realizado dos años antes la llamada ruta francesa desde Roncesvalles, a través de Castilla. Consumado aventurero y entusiasta de Alexander von Humboldt (a quien emuló en alguna expedición por Hispanoamérica en los años que trabajó en Colombia), su decisión de ir a pie y en solitario desde la capital asturiana a Santiago por los entonces recónditos senderos y montes del interior del Principado tuvo también, como profundo creyente que era, motivaciones religiosas.

Herbert Simon con su hija Lioba, entonces con 21 años y estudiante en la capital asturiana, que acudió a despedirlo. FOTO CEDIDA POR LIOBA SIMON

Así lo explicó en “El Ideal Gallego” en una entrevista el 12 de julio: “Aunque suene raro, lo que me motivó a hacer la desviación del Camino Francés desde Oviedo fue la lectura del viejo verso ‘quien va a Santiago y no va al Salvador, / visita al criado y deja al Señor’. Y, en verdad, la majestuosidad, humanidad y expresividad de la figura del Salvador justifican el haber hecho la desviación. Además, aunque el Camino está muy descuidado, el trayecto a través del bosque favorece la consecución de una gran paz espiritual”.

De cada una de las diez etapas Herbert Simon dejó detallada cuenta en un diario. Un cuaderno que acabó en manos de su hija Lioba cuando su padre murió en 2003 y su madre, Liliana, puso en orden y repartió entre sus hijos la ingente cantidad de documentos, escritos, objetos y fotografías de su marido al vender la casa familiar en Colonia.

Lioba Simon, profesora titular de Filología Inglesa de la Universidad de Oviedo (además de miembro del patronato de la Fundación Foro Jovellanos y de la asociación Ultreia para el fomento de los Caminos Jacobeos Medievales en Stuttgart), decidió transcribir y traducir el diario. Con él acaba de ganar el III Premio “Alfonso II, los diarios del Camino” convocado por la Fundación Valdés-Salas y la Universidad.

Un galardón que no puede ser sino un orgullo para Lioba Simon, su madre y sus cuatro hermanos y, por supuesto, uno de los mejores homenajes al cabeza de familia, quien en 1980, cuando echó a andar desde Oviedo, fue visto como un “excéntrico” por todos: mujer e hijos, amigos y el resto de la sociedad. “Resultó ser una empresa de lo más singular. Cuando nos lo contaba a mis hermanos y a mi madre era como si nos hablara de ir a buscar petroglifos a la Luna”, comenta con humor su hija, que en 2008 entregó junto a su madre más de 200 ejemplares de la biblioteca paterna relacionados con el Camino al Centro de Estudios Jacobeos de Carrión de los Condes (Palencia).

Al inicio de los ochenta nadie podía imaginar que Herbert Simon se convertiría en uno de los precursores en Europa de una ruta jacobea para la que hoy sobran presentaciones. Fue, además, pionero en andar y dar a conocer el Camino Primitivo por Asturias, una ruta de las más desconocidas y menos transitadas, incluso en la actualidad.

La profesora Lioba Simon, con el diario del Camino de su padre, Herbert, en el barrio de La Florida, donde la ruta jacobea primitiva sale de Oviedo hacia Las Regueras. | IRMA COLLÍN

De la gran singularidad de la empresa del profesor dan cuenta las cifras de peregrinos: en 1980, a Santiago, llegaron 209 a través del Camino Francés, y ninguno que hubiera pasado por el Primitivo; en 1976, que fue año santo, fueron 243 los caminantes, en su mayoría alemanes y franceses; dos años más tarde, cuando Herbert lo hizo desde Roncesvalles, 13. Nada que ver con los últimos datos. El año pasado fueron más de 300.000 los peregrinos que alcanzaron a pie la tumba del Apóstol, una cifra que se espera superar el próximo 2021, año santo, si la pandemia lo permite.

En las entradas de su diario referentes a las etapas por Asturias, que fueron cuatro (Oviedo-Cornellana; Cornellana-Tineo; Tineo-Pola de Allande; Pola de Allande-Grandas de Salime), este infatigable caminante –al día cubría una media de nada despreciables 40 kilómetros– tuvo como única compañía la guía de Antonio García Miñor “De San Salvador de Oviedo a Compostela” de 1965, su vieja biblia (“lo único que pude salvar al término de la Segunda Guerra Mundial”, explicó) y un “equipaje” muy reducido en el que destacaban un cayao de madera y unas partituras de música para cantar.

“Él cuidaba muy bien el calzado para caminar cómodo, pero luego era muy austero, llevaba muy poco encima. De hoy en día creo que lo que menos le gustaría, aunque no me gusta hablar en su nombre ni en el de nadie, sería esa pérdida de la espiritualidad del Camino, su comercialización. Por supuesto, no estaría nada contento con los teléfonos móviles...”, detalla su hija.

Muchas cosas le llamaron la atención a Herbert Simon de su recorrido por el centro y suroccidente asturianos antes de entrar en Galicia por Fonsagrada. Sus reflexiones de hace 40 años en torno al paisaje, paisanaje, el patrimonio y su conservación y el estado del Camino Primitivo eran tan válidas entonces como ahora, al igual que las complicaciones que en ocasiones encontró para orientarse, comer o dormir.

El norte de España, especialmente el camino Oviedo-Santiago, es un paisaje encantador. Merecería la pena que muchos jóvenes, también de otros países lo conociesen

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Pernoctaciones y comidas. El profesor recorría unos 40 kilómetros al día más que nada porque la limitación de alojamientos para dormir y sitios en los que comer le obligaban a elegir bien las etapas. No había mucho donde parar a principios de los 80 por el Suroccidente asturiano. En Tineo se quedó el segundo día tras salir de Cornellana de madrugada: “Hacia las 21 horas llego. Sin cenar, me voy a dormir. Pernoctación con desayuno: 400 pesetas”. En Pola de Allande durmió al día siguiente, cuenta, en “una pensión familiar; lavado de ropa, ducha, cena”. Y añade: “Pernoctación, con tres cervezas, dos cafés, 1 coñac y cena: 500 pesetas”. Solo una jornada, ya por tierras gallegas, tuvo un contratiempo por no encontrar donde dormir, en Castroverde, y tuvo que tirar 20 kilómetros más: ese día anduvo a pie unos 60 kilómetros. “Mi padre estaba muy entrenado, hacía mucho deporte, corría. No había nada que lo parase. Ahí se veía una característica propia de su generación de alemanes, criados en la cultura del esfuerzo por lograr lo que se quería, el reto físico...”, explica Lioba Simon.

Un curioso encuentro en Grandas. El 4 de julio Herbert durmió en Grandas de Salime, fue la última noche que pasó en Asturias. Se alojó en la Fonda Nueva, “limpia y sencilla”. En su diario deja recogido su lamento por ver solo por fuera la colegiata románica y no poder entrar: “Los sacerdotes viven en Pesoz”. Ese día cenó truchas y tuvo una agradable y entretenida conversación con un vecino del lugar que sería famoso a la postre: José Naveiras Escanlar, Pepe “El Ferreiro”, fallecido este pasado mes junio a los 78 años. De aquella Pepe rondaba los 40 años y aún no había fundado el célebre Museo Etnográfico. El peregrino alemán destacó la “mucha cultura” del “joven herrero del lugar” cuyo apellido recoge como Escandón.

Señalización y respeto al caminante. No le resultó fácil a Herbert Simon orientarse –en muchas ocasiones fueron las gentes del lugar las que le ayudaron a seguir por la ruta correcta– por un Camino Primitivo que hoy en día incluso también genera quejas de los peregrinos por una deficiente, inexistente o errónea señalización. “El norte de España, especialmente el camino Oviedo-Santiago, es un paisaje encantador. Merecería la pena que muchos jóvenes, también de otros países lo conociesen (...). ¿No sería posible que se arregle el antiguo camino a Santiago a su paso por Asturias? Pienso que en este arreglo debe participar la Hacienda pública”, dejó dicho el profesor, quien sufrió los mismos problemas con el tráfico que afectan a los peregrinos actuales: “En carretera, donde no hay vereda, el peatón que camina a su izquierda tiene el mismo derecho que el automovilista. Resulta humillante que el peatón deba tirarse a los arbustos cuando se acercan los coches que no respetan el derecho del caminante”.

Patrimonio abandonado. En Cornellana, el 2 de julio, Herbert Simon descubre el monasterio, “una antigua abadía benedictina con un magnífico claustro renacentista que se está desmoronando”. En Tineo sella su credencial de peregrino en la iglesia de San Francisco, con un “bello portal románico” aunque “la famosa escultura de Santa Ana ha sido retirada del nicho por riesgo de ser robada”. Unos kilómetros más allá alcanza el “viejo y decaído monasterio de Obona” en cuyo “viejo claustro desmoronado” descansa. Cuarenta años después, el estado en el que el peregrino alemán encontró los monasterios de Cornellana y Obona es casi el mismo (si no peor) y la ruina que asola a estas dos joyas del patrimonio asturiano ahí sigue. “Herbert Simon sugiere que se recurra a la juventud para acondicionar el Camino de Santiago y pide que el monasterio de Obona, hoy en ruinas, se convierta en un centro internacional al servicio de los jóvenes”, reflexionaba en una entrevista en prensa (“La Voz de Asturias”) el 18 de julio.

Un convencido de las bondades de la UE

“En la Edad Media se reunían en el Camino todas las culturas y razas europeas. Yo creo que las peregrinaciones no morirán, porque Europa necesita, en estos momentos de crisis, más unidad, y los políticos y los grandes religiosos deberían marchar, por lo menos simbólicamente, a través de este camino que si algo ha significado es precisamente eso, unidad de los todos los pueblos europeos por encima de todo”, explicó Herbert Simon al periodista de “El Ideal Gallego” que le entrevistó al llegar a Santiago el 11 de julio de 1980. Su hija Lioba Simon tiene claro que su padre “desempeñó un papel importante para que se lograrla la declaración de los Caminos de Santiago Primer Itinerario Cultural Europeo”.

Esto sucedió en 1987 y, desde entonces, la ruta jacobea no ha hecho más que crecer, atraer a caminantes de todo el mundo y generar un flujo cultural, social y económico de gran envergadura. “‘Andando se siente Europa’”, dijo mi padre en una entrevista”, recalca Lioba Simon, que tiene pendiente recorrer el Camino Primitivo: “Uno de sus lemas favoritos fue ‘quien no conoce la meta, no puede andar el camino; quien no anda el camino, no alcanza la meta’”.

Aún en Galicia, el 14 de julio de 1980 Herbert Simon escribió al entonces presidente de la República Federal Alemana (RFA), Karls Carstens, para invitarle a recorrer el Camino o un pequeño tramo después de explicarle que él mismo acababa de ir a pie “desde la capital de Asturias, Oviedo, a través de la cordillera Cantábrica hasta Santiago de Compostela”.

La invitación al presidente de la RFA

El “profesor Carstens” –como a él se refiere Simon– era “el senderista más célebre de su país”, así que era indicada la invitación a que se convirtiera en caminante de una desconocida ruta aún de aquella no solo en España, sino en el resto del continente europeo. Simon sugiere: “En una de sus futuras salidas podría proponerse recorrer este Camino (...) o de manera simbólica un pequeño tramo. Pienso que aquí se puede escenificar de forma tangible el pensamiento europeo en su esencia histórica. Además, pienso que un gesto de este tipo supondría un homenaje al país que acaba de lograr una transición ejemplar de la dictadura a la democracia, y le insuflaría ánimo en el camino hacia una Europa común”.

Carstens nunca acudió a Asturias. Pero sí respondió, de forma manuscrita, desde Bonn el 22 de julio a la misiva de su compatriota, al que explicó que poco tiempo iba a tener pues estaba embarcado en un ambicioso proyecto, también de “peregrinaje”, pero por su país: atravesar Alemania Federal desde el Báltico hasta los Alpes, lo que esperaba completar a finales de 1981. “Para excursiones en el extranjero no veo posibilidades en un futuro cercano”, reflexionó.

La carta de Herbert Simon no fue baladí y demostró su carácter visionario, pues España enfiló la década de los ochenta, tras haber dejado atrás el franquismo, dispuesta a entrar en el selecto club de los países libres y democráticos que simbolizaba la entonces Comunidad Económica y Europa, el Mercado Común, en el que acabaría entrando en 1986. El profesor de Colonia estaba orgulloso de los pasos que su país de adopción –desde los años 60 veraneó con su familia en Celorio (Llanes), siendo unos de los primeros turistas no solo en Asturias, sino del resto de España– dio: “Ha sido un ejemplo para todo el mundo”.

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