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Ribadesella, un museo de arquitectura a pie de playa

El hotel Villa Rosario de Ribadesella, que acaba de comprar el Chalé antiguo de Zabala para ampliar su oferta, forma parte de un amplio y vistoso catálogo de construcciones de lujo que desde los primeros años del siglo XX fueron poblando el barrio de El Arenal de Santa Marina

Chalé de los marqueses de Argüelles. | R. C.

En las proximidades del actual Instituto de Enseñanza Secundaria existió una capilla consagrada a la patrona de Ribadesella, Santa Marina, nombre con el que se conoce la playa de esta villa. El amplio arenal riosellano entre la playa, el río San Pedro, el monte Somos y la embocadura del Sella, se denominó durante tiempo barrio de El Arenal de Santa Marina. En 1898 se inaugura el segundo puente, de hierro, que une las dos márgenes de la ría, lo que consolida las comunicaciones entre playa y puerto. Esta circunstancia desencadenaría la construcción de las espléndidas casas de recreo que hoy adornan El Arenal. Proyectados, en su mayor parte, por el arquitecto don Miguel García-Lomas Somoano en colaboración con su socio don Urbano Manchobas, los chalés clásicos de la playa de Ribadesella ofrecen una espléndida variedad de estilos arquitectónicos, en la actualidad muy afectados por frecuentes modificaciones.

Entre otros detalles, se aprecia influencia británica en las cubiertas de gran pendiente, ventanas saledizas, verandas y, en muchos casos, una clara referencia a la cabaña inglesa (cottage). La línea francesa se observa en las palomillas de madera que soportan los aleros, así como en los vanos agrupados. Todo se complementa con tendencias regionalistas del norte de España (País Vasco, Cantabria y Asturias), como es el caso de los miradores y galerías de cristal, portales en zaguán, porches, cubiertas de escasa pendiente, etc. Los chalés han estado pasando de un titular a otro a lo largo de un siglo, de modo que nuestro reportaje tratará de ceñirse a quienes dispusieron su edificación.

Comenzaremos en el extremo este de El Arenal por el Chalé de los marqueses de Argüelles, erigido en 1911. No se trata de una obra de García-Lomas, sino del arquitecto Juan Álvarez Mendoza y Ussía, en la que destaca una torre con el escudo de la familia Bernaldo de Quirós, marqueses de Argüelles. Rodeando el escudo puede leerse la sorprendente inscripción: "Después de Dios, la casa de Quirós".

El denominado Chalé de Llano fue construido en 1922. Perteneció a Miguel Llano Margolles, indiano nacido en El Carmen (Ribadesella) que hizo fortuna en México, y que a su regreso intervendría en actividades políticas y culturales en la villa riosellana. La mansión presenta dos magníficas torres desiguales en ambos extremos del alzado sur.

En torno a 1910, los marqueses de Argüelles mandaron construir el grupo de los Chalés Adosados, destinados a alquiler estival, parte de los cuales serían destruidos durante la guerra civil. Su diseño evoca las "terraced houses" o hileras de casas tan típicamente británicas. Este inmueble recibió los apodos locales de El Hospital (u Hospitalillo) y El Cuartel (o Cuartelillo), en el primer caso por haber alojado heridos durante la guerra civil, y en el segundo por haber albergado al Batallón de Trabajadores (presos republicanos) que construyeron el puente actual.

También en torno a 1910, y con el mismo objeto de recreo para veraneantes, los marqueses de Argüelles mandaron construir los denominados Chalés Gemelos, que entonces se diferenciaban sólo por el distinto color de la carpintería exterior, roja en el más oriental y verde en el más occidental. Ambos presentan una hermosa torre.

De clara inspiración francesa es la techumbre en mansarda (o de vertientes quebradas) del Chalé de Piñán, hoy Albergue Roberto Frassinelli. El leonés Luís Piñán Rodríguez, indiano en Cuba, mandó construir este inmueble en 1910. Según la investigadora Covadonga Álvarez Quintana, el proyecto arquitectónico podría atribuirse a Juan Miguel de la Guardia. La excelente escalinata de acceso a la entrada principal aporta empaque a esta impresionante edificación.

Proyectado por el arquitecto Enrique Pfitz y López, y edificado en 1916, la denominación que recibe el Chalé Verde se debe a la cerámica de este color que cubre gran parte de sus paredes exteriores. Se desconoce la identidad del primer propietario, siendo el segundo Dionisio Ruisánchez, natural de Ordiellu (Ribadesella), patrocinador de la Fundación Ruisánchez. Esta Fundación, que aún existe, subvencionó durante años un colegio de educación secundaria y formación profesional, otorgó becas y se dedicó a la beneficencia.

En 1914 se edificó el Chalé de Antero Prieto (hoy Villa Uría-Aza), indiano de Caravia que hizo fortuna en Cuba. Destaca su imponente blasón en la fachada sur. Las esculturas y plantas ornamentales que decoran el jardín, así como los cuadros, repujados y otras obras de arte del interior, se deben a los hermanos Uría-Aza, propietarios del chalé desde 1946.

Covadonga Álvarez Quintana define Villa Rosario, a nuestro humilde juicio acertadamente, como "pieza singularizable del patrimonio arquitectónico asturiano". En 1914 Antonio Quesada González, natural de Cangas de Onís, tras hacer fortuna en Cuba encarga al arquitecto José Quesada Esplugas la construcción de este chalé, que lleva el nombre de la esposa del indiano. En este deslumbrante edificio puede observarse una abigarrada techumbre de cerámica esmaltada y polícroma.

Villa Argentina y Villa Buenos Aires fueron construidas en 1923. La primera pertenecía a José Rodríguez Rey y su esposa, Josefa Barredo; y la segunda, más modesta, era conocida localmente como "La casa de Andrés Barredo", hermano de Josefa.

Nada queda de la pista de tenis y su restaurante, que los marqueses de Argüelles hicieron construir en 1901. Anexo a este solar, y ubicada junto a Villa Buenos Aires, existía una pequeña vivienda conocida como "Casa de Ramona la de Adriano". Y lo mismo sucede con el balneario construido sobre la playa en 1910: dañado seriamente durante la guerra civil y derribado en 1939.,

Luis Fernández Prida, vecino de Nava, hizo construir la denominada Casa de los Prida en 1910. El inmueble ofrece una soberbia galería en su cara norte.

El Chalé de Cecilio de la Vega, también conocido como Hostal La Playa, fue erigido en 1926. Natural de Pría (Llanes), Cecilio de la Vega hizo fortuna como indiano en México. Presenta dos vistosas torres gemelas a ambos lados de su fachada sur, que jalonan el cuerpo central de la casa.

De1915, La Casina es la casa de veraneo de las hermanas Valentina y Ida Emma Gobatto, argentinas residentes en Madrid que impartían clases de canto y piano.

No está claro por qué a Villa Santa Marina hay quien la llama "El Bungaló". Si bien hoy se encuentra muy modificada, en sus orígenes ofrecía connotaciones de la cabaña campestre inglesa (cottage), así como de la típica casa vasco-francesa. La ejecución en 1901 se debe al maestro municipal de obras Manuel Celorio. Sus dueños, el matrimonio José Blanco Junco y María Suárez Margolles, vivían en la riosellana calle de La Magdalena, número 2. Blanco Junco fue alcalde y concejal del Ayuntamiento de Ribadesella.

Nuestro siguiente chalé es sin duda el más antiguo de la playa, por lo que su construcción se localiza en torno al año 1900. María Rosete Pendás, viuda de guardia civil, tras comprar un solar mandó edificar dos inmuebles. En primer lugar, Villa Luisa (nombre de su hija, profesora en la Escuela Normal de Santander) y, posteriormente, la Casina del Reloj. Este nombre posiblemente se deba a que un relojero que ocupó la casa instaló en la fachada un reloj hoy desaparecido.

El denominado Chalé antiguo de Zabala fue construido en 1912. Su primer propietario, Mariano Zabala, lo vendió en 1922 a Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, para irse a vivir a otro chalé del que hablaremos más adelante.

El siguiente chalé en nuestro peregrinaje de este a oeste de la playa de Santa Marina es, o más bien era, la Casa de Cesáreo Sánchez, de 1910, en cuyo lugar hoy se levantan dos grandes chalés adosados de ejecución reciente.

Muy propio de la cabaña inglesa era el estilo del Chalé Ribamar, hoy con grandes transformaciones. Proyectado en 1919 por García-Lomas Somoano como casa de veraneo para su familia, sería vendido posteriormente al aviador Gonzalo Taboada Sangro.

De 1922 data la factura del Chalé nuevo de Zabala, de estilo rural norteño: obsérvese el portal en zaguán, y los grandes aleros.

Aunque el primer dueño del chalé siguiente fue Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, marqués de Villaviciosa (pionero del alpinismo regional), la Casa de Alejandro Pidal se conoce por el nombre de su hijo. Edificada en 1922, se trata de una clara evocación del caserío vasco.

Camilo Calleja García, prestigioso médico e investigador madrileño, compró en 1914 a la familia García-Lomas la llamada Casa del doctor Calleja. Obsérvese el agrupamiento de cuatro vanos, de clara impronta francesa.

Sin duda la más heterodoxa de todas las casas solariegas que estamos viendo es Villa San Pedro, construida en 1917. Exhibe una gran verticalidad en comparación con las residencias vecinas, además de un espectacular blasón armero sobre una entrada principal en arco de medio punto, y una enorme galería de madera propia de la arquitectura norteña. Según Covadonga Álvarez, García-Lomas habría diseñado la casa en 1917 para su suegra, Emma Tiedemann, quien al poco tiempo la vendería a Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós. El nombre de la villa deriva de una imagen de su santo que el segundo propietario mandó colocar en la esquina noroeste de la vivienda.

También de diseño singular entre sus vecinos es el Chalé del marqués de Aledo: obsérvese la escasa altura y la planta en alas. Fue proyectado en 1919 por Lomas y Manchobas para Ignacio Herrero Collantes y María Teresa Garralda, marqueses de Aledo. Ignacio era hijo de Policarpo, fundador de la empresa Casa Herrero y Cía., más tarde Banco Herrero.

Si la economía familiar lo permitía, en algunos casos se mandaba construir una edificación para el servicio. Es el caso de la Casa para el servicio de los marqueses de Aledo. Proyectada en 1929, se trata de la primera edificación clásica situada en la segunda línea de la playa, frente al chalé de los marqueses.

La siguiente mansión (ahora ya moviéndonos de oeste a este por la calle Dionisio Ruisánchez), era la denominada Casa de Primitiva. Construida en 1910 frente a Villa San Pedro, hoy se ha convertido en una serie de chalés adosados modernos.

Frente a la casa del doctor calleja se alza la Casa de los duques de Tarancón, Juan Muñoz y doña Ángeles Cañedo. Fue construida en 1925 sobre una casita anterior diseñada por Lomas en 1914.

En su proyecto del Chalé de la condesa de Liniers, de 1915, el arquitecto García-Lomas lo llama La Choza. Así pues, en palabras de Covadonga Álvarez, "nuevamente nos encontramos ante una casa que utiliza como referente el cottage inglés o esquema de vivienda inspirado en la cabaña del campesino británico".

Natividad Mata Tejedor era hermana de Matilde, esposa de García-Lomas. De trazo típicamente asturiano, aunque con añadidos, la Casa de Natividad Mata fue construida en 1917. El zócalo y vanos en piedra hacen juego con una chimenea cónica de reminiscencias gaudinianas: recuérdense las columnas del Parque Güell en Barcelona.

En nuestro recorrido por los chalés de la playa riosellana, nos quedan pendientes unos apartamentos que los marqueses de Argüelles mandaron construir para alquiler de veraneantes, y que recibieron el nombre de las Vecindades. Posiblemente ideada en 1905 por el maestro de obras local, Manuel Celorio Junco, la Vecindad Vieja constaba de cuatro plantas y doce apartamentos. Estaba ubicada frente al actual Instituto de Educación Secundaria, y sería demolida a comienzos de los años sesenta. En torno a 1915 se edificó la Vecindad Nueva, situada en segunda línea de playa (calle Ricardo Cangas), frente a los Chalés Adosados. Atribuible al mismo maestro de obras que la anterior, esta edificación aún existe, aunque ha sufrido transformaciones. Presenta tres plantas de dos viviendas cada una.

El historiador Juan José Pérez Valle nos dice lo siguiente de aquellas personas que edificaron sus mansiones en la playa: "Construyeron un nuevo barrio, el de Santa Marina, de elegantes chalés que denotaban su prestigio y que se poblaban en época veraniega, ya que habitualmente no residían en ellos". Creados con una gran variedad de estilos, propia de la creatividad e imaginación de sus proyectistas, no cabe duda de que los chalés clásicos de El Arenal engalanan el ya de por sí bellísimo paseo de la playa.

Pero la atracción por Ribadesella no sólo iba a ser experimentada por las clases acomodadas. En los años treinta, la capital del concejo ofrecía bancos, comercios, buenas comunicaciones, hoteles, casino, teatro, cafés, restaurantes, banda municipal de música, pesca recreativa, festejos locales, además de la playa, la atalaya, ría navegable, extraordinarios paisajes y demás encantos de los alrededores.

Con esta oferta, unida al desarrollismo de posguerra, se produjo una recalificación de terrenos que daría lugar a la rápida construcción de los bloques de pisos y modernos chalés que hoy podemos observar en la playa de Santa Marina. No se trata ya de edificios de empaque, sino de trazados más discretos propios del funcionalismo actual.

En cualquier caso, esto no impide que podamos disfrutar de este verdadero museo de arquitectura que constituyen los chalés clásicos de El Arenal de Santa Marina en Ribadesella.

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