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“Tuve suerte, pude morir”, dice el hombre reanimado por el piloto Bruno Méndez

“Me asusté al verlo mal”, dice el joven que auxilió al peluquero valdesano Eugenio Feito, que dejó de respirar tras caer en la cascada del Pozo Fero

Eugenio Feito y Bruno Méndez, ayer, en Trevías, delante de la peluquería del primero. | T. Cascudo

Eugenio Feito y Bruno Méndez, ayer, en Trevías, delante de la peluquería del primero. | T. Cascudo

“Si estoy solo allí, estoy muerto. Tuve suerte”, admite el valdesano Eugenio Feito, que a punto estuvo de fallecer el pasado domingo, en una desafortunada caída mientras hacía la senda costera naviega. Esta segunda vida se la debe, en parte, al piloto tapiego Bruno Méndez, que le reanimó tras encontrarle inconsciente y sin respiración. Ambos se reencontraron ayer en la localidad de Trevías (Valdés), donde Feito regenta una popular peluquería masculina.

“Posiblemente la vida me la salvaron entre él, mi mujer y la gente que estaba allí”, señala Feito, que se recupera en su casa de una luxación de hombro, la única secuela del accidente. Cuenta este hombre que a sus 67 años lleva cuarenta haciendo deporte y puede presumir de una buena forma física, de ahí que atribuya la caída a la mala suerte. El valdesano explica que él y su mujer habían terminado la ruta, de unas cinco horas, cuando se cruzaron con unos conocidos que les recomendaron caminar diez minutos más para ver la cascada del Pozo Fero, en el río Barayo. Se trata de un precioso rincón muy poco conocido en la comarca. Así hicieron, sin temerse el desenlace: “Fue un fallo mío. Cuando divisé la cascada dí un paso en falso mirando para ella y, en vez de pisar donde debía, caí de lado. Amortigüé el golpe con el brazo y la cabeza, pero lo que hice fue dislocarme el hombro”, señala Feito, que inmediatamente perdió el conocimiento.

En ese momento, el hombre caminaba varios metros por delante de su mujer, enfermera de profesión. Por eso no fue la primera en socorrerle, sino Méndez, que estaba de excursión con su pareja. También ayudaron otros senderistas que estaban por la zona. “Me asusté cuando vi que se empezaba a poner mal. No estoy acostumbrado a ver algo así”, admite el piloto. En este sentido, explica que aunque ha hecho un par de cursos de reanimación cardiopulmonar, conocida por RCP, nunca se había enfrentado a una práctica real.

“No es lo mismo hacerlo con un muñeco en el suelo que con una persona, que sabes que tiene los segundos contados. De hecho, ahora dicen que no es necesario el boca a boca, pero dentro de mi ignorancia me salió hacerlo”, relata el tapiego. Asegura que ni por un momento se echó atrás, ni siquiera pensando en la actual crisis sanitaria y el riesgo de contagiarse de covid-19: “Ni lo pensé”.

“Vi personas, pero como si no las viera, porque no me enteré de nada”, añade Feito, que fue trasladado al hospital de Jarrio por el helicóptero del 112. Sin embargo, la rápida atención que recibió en el lugar del accidente, donde los profesionales médicos ya le colocaron el hombro, hizo que no fuera necesario ingresarlo en el hospital y pudo pasar la noche descansando en su casa de Trevías. “Ahora tengo dolores, pero estoy bien”, añade.

Importancia de la RCP

El deportista tapiego aprovecha para hacer hincapié en la importancia de tener conocimientos en primeros auxilios. “Es algo que no cuesta aprender y puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. Deberían enseñarlo en los colegios para no tener la impotencia de no saber qué hacer en una situación de peligro”, advierte el piloto tapiego, que este año ha conseguido buenos resultados en el Nacional de karting.

En Trevías el accidente de Eugenio, que regenta la popular Peluquería Feito, ha causado mucho revuelo. El hombre abrió su negocio en 1968 y, aunque podría jubilarse, sigue al pie del cañón. “Llevo 52 años trabajando”, explica. No obstante, dice que posiblemente el año que viene intente traspasar la peluquería, una de las cinco de la localidad. Aficiones no le faltan para entretener el tiempo libre, ya que disfruta con el ciclismo y también con las caminatas. Lo próximo, dice, será volver al pozo Fero, pues se quedó con ganas de conocer la cascada: “Voy a volver a verla”.

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