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Félix Martín

¡En el hospital de Jarrio te veas!

Un centro sanitario a punto de entrar en la unidad de cuidados intensivos

Cuando hace treinta años tuvo lugar la inauguración de este hospital comarcal, los eonaviegos creímos que, al fin, la consideración de esta comarca, eternamente esqueicida por la Administración, abría paso a la esperanza del siglo XXI. Los equipamientos sanitarios públicos de Asturias, más que probablemente podrían estar en el Libro Guinnes de los Records. No hay una sola región en el mundo con apenas un millón de habitantes, que cuente con seis hospitales, uno de ellos, el HUCA, brillante referencia de la sanidad en España.

Dichos equipamientos públicos suponen, qué duda cabe, una importantísima inversión de parte de nuestro Principado de Asturias. Ahora bien, mucho más caro que su puesta en marcha, es precisamente, el abandono y la falta de actualización de sus servicios médicos. Es en este momento, cuando la situación se torna en despilfarro. Llueve sobre mojado en el hospital de Jarrio. Y es que, practicamente desde 1989 en que se puso en marcha, su actualidad viene siendo un permanente barruzo de problemas sin solución.

Que si vacantes o bajas laborales que no se cubren en tiempo y forma; que si jubilaciones cuyos relevos no se programan, siempre para ahorrar dinero al erario (idéntico chantaje en la Consejería de Educación, doy fe), lo cierto es que todo ello no hace sino mermar la calidad de sus servicios a una comarca ya de por sí, acuciada por el envejecimiento poblacional. Muy lejos los tiempos en que muchos eonaviegos no llegaban con vida al Hospital General de Asturias, o que incluso nacían antes de llegar al mismo, creíamos que Jarrio iba a terminar aquel martirio de llegar a Oviedo tras driblar La Espina y La Cabruñana.

Sin embargo, ahora el martirio se repite cada día en que tiene lugar la anulación de una cita médica; siempre que se desprograma o retrasa una operación por falta de personal, o siempre que las listas de espera se convierten en desesperación. ¿Ocurriría lo mismo si estos desatinos tuvieran lugar en los hospitales de alguna de las tres cuencas mineras de Asturias? ¿O tal vez las barricadas y los neumáticos ardiendo por la mecha de los sindicatos, hubiesen resuelto los problemas?

En el hospital de Jarrio he soportado el fallecimiento de mi propia madre y he conseguido, personalmente, la curación de una gravísima lesión ocular. En ambos casos el tratamiento médico y humano que recibí fue sobresaliente cum laude.

Así las cosas, ojalá más pronto que tarde se imponga el sentido común y la cordura; ojalá ni una sola alcaldía eonaviega se atreva a defender a sus siglas políticas socialistas antes que a sus propios convecinos; ojalá pronto podamos decir en voz alta y sin ironía alguna, a sabiendas además de que también en este hospital contamos con los mejores sanitarios del mundo: ¡en el hospital de Jarrio te veas!

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