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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Fondos buitre

Como Fray Luis, decíamos ayer que el lobo es animal de mala prensa; pero no mucha mejor la tiene el buitre, especie aguardadora y carroñera. Ana Botella y miembros de su equipo de gobierno en el Ayuntamiento de Madrid han sido condenados por el Tribunal de Cuentas a pagar 25 millones de euros por vender en 2013 a dos fondos buitre por debajo del precio de mercado 1.860 viviendas públicas. Los jueces estiman que la venta se hizo sin pliegos, sin concurrencia y sin tasación inicial. O sea, que los pisos se comercializaron a un precio inferior al mínimo jurídicamente exigible. En este caso hay que pensar a qué lado de la mesa negociadora se situaron los buitres, aunque cabe la posibilidad que hubiera reparto de carnaza.

Que llamen buitre a cierto tipo de fondos de inversión muy arriesgados no es cuestión baladí: como la ave rapaz de imponentes alas, estos tipos encorbatados sobrevuelan la presa esperando pacientemente el momento idóneo para recoger los restos. Compran deuda de países en apuros y activos de empresas próximas a la quiebra. Y en el sector inmobiliario se quedan, a precio irrisorio, con miles de viviendas del "banco malo".

No se trata del que nos ocupa, pero un fondo buitre muy conocido es Cerberus, que en 2011 compró 96 oficinas a Bankia por 96 millones de euros y fue uno de los aspirantes a hacerse con el Valencia CF cuando el club se puso a la venta. Entre sus directivos se encontraba un hijo de Ana Botella.

Tal vez con estos fondos habría que hacer como la Consejería de Medio Ambiente actúa con la población de buitres del Principado: someterlos a un seguimiento por radiomarcaje para conocer adónde y con qué fin dirigen sus vuelos.

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