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José Antonio Díaz Lago

El joker en Madrid

Isabel Díaz Ayuso en el objetivo

El joker en Madrid

El joker en Madrid

Durante años, un periódico independentista catalán tenía en su versión digital un reloj que se ponía en marcha el uno de enero e iba acumulando euros segundo a segundo hasta el treinta y uno de diciembre. Cada vez que entrabas a la versión digital allí estaba el reloj acumulando euros. Esa suma pretendía representar lo que supuestamente se robaba a Cataluña, “el expolio fiscal desde Madrid”, refiriéndose, en ese caso, al Gobierno central. Como todo se pega menos la hermosura, las nuevas alianzas, que hacen extraños compañeros de viaje, aprovechan la fuerza de algunos eslóganes para repetir la idea, en este caso referida al Gobierno de la Comunidad de Madrid. Según esta nueva versión, Madrid es culpable de la falta de dinamismo y desarrollo de otras regiones. El argumento es bastante cómodo porque limita mucho las responsabilidades de los gobernantes autonómicos: “yo bien quisiera don Blas, pero ya sabe, Madrid nos expolia”. Así al Espanya ens roba que inventara López Tena se agrega ahora el Madrid nos roba, mucho más castizo, pero de parecida resonancia.

Si cogiéramos una baraja de póker y representáramos a cada político por una carta, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso sería entonces el joker, no solo por ser la capitana de la supuesta nave pirata, sino porque vituperarla se ha convertido para ciertos tertulianos y opinadores en un comodín, o sea el joker, que utilizan continuamente. El ejercicio de los cargos conlleva la servidumbre de asumir las críticas del desempeño, en muchos casos seguramente merecidas, pero no responder por las culpas ajenas o imaginarias. Mas en el caso de la presidenta de Madrid es indiferente que la gestión no le sea atribuible porque la haya efectuado otra Administración o que resulte inverosímil por meras razones temporales, por ejemplo, gestiones de hace veinte años en una ciudad mediterránea, da igual, siempre la ocurrencia de algunos encuentra la manera de tirar del comodín y meterla en el ajo.

La actual presidenta de Madrid es el saco preferido de los golpes y la propia ciudad se enarbola como el centro neurálgico de la opresión que dicen padecer, antes los independentista y ahora otros muchos, ya que en este argumentario participan con fruición y regocijo indisimulados no solo miembros relevantes del Gobierno de la Nación, sino los diputados catalanes independentistas y los gudaris de Bildu, para los que el sistema fiscal vasco, considerablemente más ventajoso, no debe tocarse, pero el de Madrid sí. Es lo llamativo de los secesionistas, pese a que quieren marcharse están dispuestos a explicarnos como debemos organizarnos. Por solidaridad, se supone.

La base de las acusaciones contra la fiscalidad establecida por la Comunidad de Madrid es que al bajar impuestos consiguen captar empresas y residentes de otras regiones y, por tanto, robarles recursos económicos. O sea, que según esto Madrid recaudaría más. Pues no, los mismos que critican la política fiscal de Madrid dicen que recauda menos. Vaya lío, ¿se puede recaudar más y menos al mismo tiempo? Para que no me acusen de demagogo se lo explico: lo que los acusadores quieren decir es que de la fiscalidad de Madrid no se beneficia el pueblo llano, sino solo “los ricos”; que supuestamente se van a Madrid y dejan de ingresar impuestos en sus regiones de origen, aunque no aportan a Madrid lo bastante para compensar lo beneficiados que salen con la bajada de impuestos los ricos que ya vivían en Madrid. De este ardid tan astuto que algunas mentes privilegiadas han descubierto, no se enteraba, por lo visto, el pueblo llano de Madrid, pero ahora ya lo sabe. Si ustedes conocen a alguien en Madrid estarán al tanto del enorme clamor que hay entre el pueblo llano de la ciudad para que se suban los impuestos.

La realidad es que los impuestos que más le importan a una empresa, IVA y Sociedades, los fija el Gobierno de la Nación y son iguales en todo el territorio nacional, de manera que no hay aliciente alguno para una empresa en trasladarse a Madrid por motivos fiscales. Para las personas físicas tampoco es interesante porque, aunque en el IRPF hay diferencias, son poco relevantes y no justifican ir a vivir en una ciudad más cara como Madrid; sin entrar en el detalle del cambio de trabajo, que no es fácil. Las ventajas fiscales de Madrid se dan en el impuesto de Patrimonio, siempre que tengan ustedes, al menos, setecientos mil euros y la vivienda habitual aparte, porque si no los tienen estarán exentos en su propia región. También hay ventajas en el impuesto de sucesiones o donaciones, pero en ese impuesto hay que empadronarse en Madrid previamente durante cinco años y, además, la mayoría de las comunidades autónomas tienen exenciones iguales o superiores a las de Madrid; Asturias no, nuestra comunidad sigue entre aquellas en las que más se paga.

Y todo esto dejando aparte el hecho de que las autonomías se crearon para que hubiera equidad fiscal, que teóricamente existe a través del Sistema de Financiación de Régimen Común, y para que después cada comunidad autónoma adoptara las políticas que sus gobernantes considerasen, suponiendo que la ciudadanía consciente vigilaría su desarrollo y exigiría las explicaciones oportunas para decidir si su dinero, cubiertas las contribuciones generales, está mejor en sus manos o en las de quienes los gobiernan. Y si esto se cuestiona y se pretende la uniformidad de todas las comunidades autónomas se están dando dos cuartos al pregonero que dice que hay que acabar con el sistema autonómico. Ustedes mismos.

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