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Saúl Fernández

Crítica / Teatro

Saúl Fernández

El jardín de las delicias

La madre poderosa que interpretó Verónica Forqué se lleva los aplausos del Niemeyer

Hay un jardín y hay también una familia: una madre dominante (Verónica Forqué) y una constelación de hijos que la rodea. Y también está el padre (Julio Vélez), que es todo él en función de esos hijos, de ese jardín y de esa mujer que lo gobierna todo. Así es como el dramaturgo australiano Andrew Bovell, el que escribió la película “Lantana” o el superéxito “Cuando deje de llover”, compone “Las cosas que sé que son verdad”, un melodrama a mitad de camino entre la tragedia de la ausencia y la comedia dulzona, la obra que llenó antes de anoche –hasta los límites que condiciona la pandemia- el auditorio del Centro Niemeyer. Ayer tarde, la compañía repitió, pero esta vez en el Jovellanos, en Gijón.

La peripecia comienza con una llamada telefónica. Esa misma llamada telefónica es la que cierra la función. Lo que pasa entre medias es una especie de nada cotidiana, de unas “Tres hermanas”, de Chéjov, que quieren marchar a Moscú y el campo las atrapa y las atrapa y todo es drama y sólo drama. Bovell aprovecha ese referente y cuando se mueve cómodo decide dar un salto mortal y mete dos historias que se salen de la costura de ese traje melodramático que acaba de coser. Y es una verdadera lástima. Los críticos decimonónicos hablaban que esto que hace Bovell es faltar al decoro. Y algo así sí que parece.

Pese a esto, Fuentes Reta dirige con mano firme la fiesta que es ver a seis actores siempre sobre la escena: dos acciones a la vez, voces aquí y allá. Una cosa entre Berlanga y Daniel Veronese. Y mola. Lo que más, sobremanera, esa madre deliciosamente tirana que hace la Forqué y que hace que cuando el melodrama es eso, uno se sienta tan reconfortado como emocionado. Algo así sucede cuando la hija pequeña se hace con el protagonismo de la escena: Candela Salguero, tremenda.

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