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Elena Fernández-Pello

La tiranía de la belleza

La obsesión por retener la juventud y sus consecuencias psicológicas

Kate Winslet

Kate Winslet

Kate Winslet se ha negado a que retocaran su cara y su cuerpo en los carteles, en las imágenes promocionales y en algunas escenas de su último trabajo como actriz, la serie “Mare of Easttown”. En ella Winslet encarna a Mare, la protagonista, que es una mujer de mediana edad, detective, que desmadeja una complicada trama criminal mientras atiende sus problemas personales. Va por la vida con la cara lavada y las raíces del pelo asomando, con el tinte por retocar, tiene ojeras, algunas arrugas, le sobran unos kilos y se le descuelga ligeramente la barriguita. Winslet tiene 45 años, los mismos que la mujer que interpreta.

Kate Winslet

Kate Winslet

Winslet, que desde los inicios de su carrera ha abogado por la naturalidad y la autenticidad, se aseguró de que no falsearan la edad ni suavizaran los rasgos de su personaje. En una entrevista en “The New York Post”, se le pedía a la actriz británica que justificara ese empeño personal y ella lo hacía explicando que “la gente ha conectado con este personaje de la manera en que lo ha hecho porque claramente no hay filtros”. “Es una mujer imperfecta y en plena actividad, con un cuerpo y una cara que se mueven de una manera que es sinónimo de su edad, su vida y de dónde viene. Creo que estamos un poco hambrientos de eso”, añadió.

Detrás de cada arruga hay vida, decían las abuelas, pero la sociedad contemporánea prefiere que no se le noten. El gasto en cosméticos y tratamientos estéticos no cesa de aumentar. Las mujeres españolas gastan una media de 285 euros anuales en productos de belleza, según el informe “Las preferencias de los españoles respecto a los cosméticos”, publicado por la plataforma de promociones Picodi hace un par de años. En España se practican casi 400.000 operaciones de cirugía estética anuales, más de diez millones de españoles admiten haber pasado por quirófano para mejorar su aspecto y el 83 por ciento de ellos son mujeres, según la Sociedad Española de Medicina Estética.

La batalla contra el tiempo está perdida. El deterioro físico llega tarde o temprano, pero las mujeres, y cada vez más los hombres, se someten a estrictos regímenes, se imponen disciplinas militares y están dispuestos a adentrarse en un quirófano. Cualquier cosa con tal de mantener la ilusión de que a ellos no les alcanzará.

La vigilancia y la presión sobre los cuerpos, principalmente sobre los femeninos, pueden ser asfixiantes. Las jóvenes han de ser esbeltas y atléticas, las viejas deben suplir el brillo de la juventud con atractivo y actitud. Hace no tantos años, a partir de cierta edad, las mujeres podían, si les venía en gana, liberarse de la tiranía estética. Ahora, como los 50 son los nuevos 30, los 60 los 40 y hay modelos que desfilan hasta los 80 ya no hay manera de que una se pueda dar el gusto de relajarse y dejarse un poquito. Siempre habrá algo que hacer desaparecer: una mancha aquí, una venita allá, un cutis mate o un cuello que se descuelga. La industria sabe muy bien cómo sacar rédito a nuestras inseguridades.

Se acabó el disfrutar de la cosmética y el cuidado personal de una manera lúdica y gozosa, hacer deporte o darse un masaje por el mero placer de hacerlo. La tiranía de la belleza se extiende ahora hasta la senectud. Trastornos psicológicos relacionados con la autoimagen corporal que antes solían circunscribirse a la adolescencia y la primera juventud empiezan a ser comunes ahora entre las mujeres talluditas.

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