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Fernando Granda

Por qué se celebrarán los polémicos Juegos Olímpicos

Las reticencias de los japoneses a celebrar la competición deportiva en medio de la pandemia

Los Juegos Olímpicos 2020 se celebrarán. Pese a las reticencias en gran parte de las potencias deportivas y el aumento de la incidencia del covid-19 en el país, en pleno 2021 Japón se resiste a aplazarlos de nuevo o suspenderlos. La política interna y la economía son claves en su celebración. Los 15.400 millones de dólares ya invertidos y la permanencia del Gobierno nipón en el poder son dos de las razones para que se lleven a cabo.

“Asahi Shimbun”, el segundo diario en tirada del país (6,71 millones de ejemplares diarios), tras “Yomiuri Shimbun”, el primero, cuyas rotativas lanzan periódicos continuamente, se opone a que se celebren los juegos. Un artículo editorial (“Primer ministro Suga, por favor, cancele las olimpiadas”) así lo recomienda e informa que entre un 70 y 80 por ciento de los japoneses no desean que se celebren los juegos este verano, mientras el Departamento de Estado estadounidense ha recomendado “no viajar” a Japón y la revista “The New England Journal of Medicine” hacía una dura crítica a las medidas preparadas por el Comité Olímpico Internacional (COI) para mantener sin contagio del covid-19 tanto a atletas, asistentes a los estadios y a la población nipona en general.

Aunque las previsiones señalan que se administrarán 150.000 vacunas diarias, las autoridades sanitarias calculan unos 10.000 nuevos casos afectados por el virus y tienen en cuenta que los japoneses que han sido inyectados, veinte días antes de la inauguración del evento, no alcanzan el 40% de la población. Un evento deportivo en el que participarán 11.100 atletas, de 200 países, entre el 23 de julio y el 8 de agosto y 4.400 atletas paralímpicos dos semanas después, del 24 de agosto al 5 de septiembre). Un cuarto de millón de japoneses, únicamente, que iban a ser autorizados a asistir como público ya no podrán por las restricciones que impone el covid-19. Gran parte eran invitados, por lo que no representa una gran merma económica.

La polémica se extiende por la sociedad nipona y algunos observadores políticos mezclan los riesgos y auguraron la “muerte política” del primer ministro Yoshihi Suga, con apenas un 37% de popularidad, si hubiese suspendido los juegos, así como la caída de la reputación de Japón en el mundo. Las razones económicas, por su parte, tientan a confirmar la celebración ante los más de quince mil millones de dólares invertidos, las pérdidas que ocasionaría a hoteles, restaurantes, transportes internacionales, los no devengados derechos de emisión de las cadenas de televisión, la falta de ingresos del COI, cuyo reparto “solidario” repercute en los comités nacionales, algunos de los cuales desaparecerían si no reciben su cuota (“The New York Times” ha especulado hasta con los problemas financieros de la Asociación Olímpica Británica). Además, el diario norteamericano menciona problemas sociales entre la familia deportiva olímpica que, en sus planes de participación en el mayor evento deportivo mundial, que se celebra cada cuatro años, ha aplazado enlaces nupciales, “planificación de nacimientos”, matriculación y proyectos de estudios en una población joven como es la participante en estas lides.

En medio del barullo y la intriga en los días previos, la antorcha olímpica corre casi en secreto por el país, con itinerarios apenas anunciados media hora antes y con escaso público que tiene “prohibido vitorearla”.

Dos importante dimisiones fueron fruto de la tradicional misoginia nipona: una al dudar de la participación de las mujeres en los debates del comité japonés porque hablan demasiado (Yoshiro Mori, presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos Tokio 2020); otra al menospreciar a una artista participante en la ceremonia de inauguración, al proponer que Naomi Watanabe apareciera caracterizada como un cerdo, descendiendo desde el cielo como una “Olympig” (Hiroshi Sasaki, director artístico de los Juegos). Y cuando se escriben estas líneas, ya han aparecido contagiados –varios ugandeses– entre las delegaciones que han de llegar a Tokio con dos semanas de anticipación, someterse a análisis PCR y guardar confinamiento preventivo.

Es tal la polémica y confusión en cuanto a la celebración que parece olvidada la cuestión deportiva. Apenas se recuerda la máxima del barón Pierre de Coubertin –“lo importante es participar”–, las pautas de superación –“Citius, Altius, Fortius”, más rápido, más alto, más fuerte– y sobre todo en tan alto acontecimiento deportivo mundial, la “emoción de participar”.

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