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Francisco García

Simplemente María

Tuve ocasión de conocer a María Neira en marzo de 2015 en torno a un plato de lentejas, verdinas de Lanzarote estofadas, ajenas a cárnicos compangos, tan saludables como el parlamento de esta asturiana con mando en plaza, María de la OMS.

Compartíamos mesa con ella el arquitecto y urbanista Arturo Gutiérrez de Terán, el geógrafo Felipe Fernández, el médico Martín Caicoya y el actual comisionado para el Reto Demográfico, Jaime Izquierdo, todos ellos diagnosticadores, sea de la salud pública o de la ordenación territorial. Acompañar en el cartel a semejante elenco supuso para mí una experiencia inolvidable. Ninguno de los allí presentes podíamos ni siquiera imaginar entonces que aquella mujer, fascinante y serena, reflexiva y resuelta, iba a convertirse, unos años después, en adalid de la lucha sin cuartel contra una pandemia aún no del todo resuelta.

Almenada ayer en el principal balcón del Ayuntamiento, María era ella misma y éramos todos nosotros, víctimas no siempre inmunes de un ataque inesperado y sorpresivo contra una humanidad que estuvo durante meses indefensa. Era ella, la especialista en Salud Pública, pero con ella estaba también la legión de profesionales de batas verdes y blancas que desde que se identificó el agente patógeno que segó tantas vidas en todo el planeta, arriesgaron su vida en la salvaguardia de las de los demás.

Removiendo la memoria de su relación de mocedad con esta ciudad, en la que cursó los estudios de Medicina; relatando anécdotas y lazos juveniles y haciendo profesión de fe en favor de Oviedo, su lugar de acogida, la bien traída pregonera mateína fue ayer además junto lo que tuvo que ser: simplemente, María.

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