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El Hospital de Peregrinos de San Roque en Ribadesella

La historia de un edificio construido en el siglo XVI que, pese a su precariedad, dio cobijo a transeúntes durante trescientos años

Tras la batalla de Covadonga en el siglo VIII se instaura en Asturias un pequeño reino cristiano que aspira a promover la unificación de la monarquía hispanovisigoda en la Península Ibérica. Uno de los monarcas más notables de la incipiente monarquía asturiana es Alfonso II el Casto (791-842), bajo cuyo reinado se descubre la tumba del Apóstol Santiago.

Por iniciativa de la orden benedictina de Cluny, durante el siglo XI se promueven las peregrinaciones a la tumba en Santiago de Compostela. Pronto se intensifica el número de peregrinos, de modo que a lo largo de la Edad Media van a surgir numerosos “hospitales” con la doble función de hospedaje y atención sanitaria.

Se trata de centros fundados por reyes, nobles, obispos e incluso gremios de artesanos, que ofrecen ayuda bajo el lema cristiano de “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y dar posada al peregrino”. Con el fin de ser reconocidos, estos centros presentan cruces o conchas colocadas en las puertas y fachadas.

Así llegamos a la creación del Hospital de Peregrinos de San Roque en Ribadesella. El historiador Juan José Pérez Valle (La Plaza Nueva, 25, 2008) apunta que en el siglo XV los riosellanos se dirigieron a los Reyes Católicos “solicitando el permiso necesario para imponer una tasa sobre el vino que se vendiese en el municipio y así poder construir un hospital y también la iglesia del pueblo”.

La favorable respuesta de los Reyes fue dirigida al Corregidor del Principado de Asturias en los siguientes términos: “E nos tovimoslo por bien porque vos (…) ayais verdadera información acerca de lo susodicho, e si por ella fallades que es necesario facer la dicha iglesia e hospital (…) les deys licencia e facultad para echar sisa en el dicho vino”.

Finalmente, en siglo XVI el Hospital se construyó en la Plaza Vieja, centro comercial de la villa durante siglos. Si bien en principio se bautizó como Hospital de San Sebastián, posteriormente mudaría su nombre por el de San Roque. Se sabe que estaba a cargo de un “hospitalero”, y disponía de una capilla y una huerta en la parte posterior. Pérez Valle (obra citada) apunta que se trataba de un hospital muy pobre, tanto que “era frecuente que las personas piadosas le legasen algunos de sus bienes: una cama, sábanas, cobertores, dinero, etcétera”.

La Plaza Vieja de Ribadesella. | Reproducción R. C.

La Plaza Vieja de Ribadesella. | Reproducción R. C.

A pesar su precariedad, durante siglos ofreció cobijo a transeúntes y peregrinos de Santiago procedentes de regiones españolas, así como también a extranjeros especialmente alemanes, franceses, ingleses e irlandeses.

Además de las funciones religiosas propias de la capilla, en ausencia de un edificio consistorial fue utilizada también para resolver asuntos municipales; por ejemplo, si bien las elecciones a cargos concejiles se celebraban en el templo parroquial, la ceremonia de nombramientos tenía lugar en la capilla de San Roque.

La capilla se demolió en el siglo XIX, probablemente por el mal estado que presentaba, y con las desamortizaciones decimonónicas el Hospital fue subastado y vendido al indiano natural de Bones Ramón Suárez Pendás. Si bien se desconoce la configuración original del edificio, en el momento de la venta constaba de planta baja, primer piso y desván.

Nada queda en la actualidad de aquel Hospital de San Roque. En la actualidad, los devotos del Apóstol Santiago se alojan en los albergues de peregrinos ubicados en San Esteban de Leces, Vega y Cuerres, que complementan los numerosos albergues que jalonan el Camino de Santiago.

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