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Andrés Martínez Vega

Relatos sobre vitela

Andrés Martínez Vega

La aportación escolar de los indianos

Llama la atención el número de centros educativos en el oriente asturiano, especialmente en Piloña, Llanes y Peñamellera Baja

El movimiento migratorio que se registra en Asturias desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas de la siguiente centuria, es un fenómeno muy tratado en la bibliografía asturiana por las diversas consecuencias económicas, culturales y sociales que conllevó. Ya en el siglo XVIII se había registrado una primera oleada de asturianos al Nuevo Continente que sembró el territorio –con la generosidad de sus dadivosas conductas– de múltiples fundaciones establecidas con el fin de contribuir a la instrucción de los vecinos y en el recuerdo nostálgico del pueblo que les había visto nacer.

Será, sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX cuando los limitados recursos y deficientes modos de vida en la región obligaron a una masificada emigración a ultramar a numerosos asturianos, alentados por la necesidad y por el éxito de cuantos les habían precedido en la aventura americana.

El fenómeno afecta a todo el marco geográfico de la comunidad, si bien es mi propósito referirme al ámbito de nuestra comarca oriental, en donde la aportación indiana se hace visible aún en el paisaje arquitectónico y en las numerosas creaciones escolares que se erigieron en aquella época bajo su patrocinio.

Se registran, en efecto, al día de hoy en este extremo oriental un total de 73 escuelas, en mejor y peor estado de conservación. Otras están abandonadas y buena parte de ellas prestando aún servicios escolares o vecinales. En este amplio abanico de infraestructuras escolares llama poderosamente la atención el número de las establecidas en Llanes (22), Peñamellera Baja (11) y Piloña (9). Todas ellas creadas al amparo del caudal americano que, en ocasiones colaboraba de forma exclusiva y en otras apoyando las iniciativas de los vecinos, no sólo en la construcción del edificio, sino también con la aportación del equipamiento escolar, materiales pedagógicos, premios o becas a los numerosos alumnos escolarizados, organización de la instrucción escolar, etcétera.

El programa del promotor o mecenas, en definitiva, era más complejo de lo que en principio se puede pensar. Estaba respaldado, evidentemente, por deseos de perpetuación personal, pero también por ideas de cambio, de transformación social y cultural. Un proyecto para transformar Asturias que se nos ofrece a los ojos por medio incluso de unos cánones arquitectónicos y que, en cierto modo, nos identifica como pueblo.

Un caso significativo de esta conducta benefactora resulta la del indiano piloñés don Eduardo Álvarez Fernández, emigrante en Cuba, que erige en el entorno de su flamante palacio, el de Sotiello, levantado bajo los planos del arquitecto Manuel del Busto en 1919, dos escuelas en la tierra de su nacimiento; la de Antrialgo en 1925, que era mixta e incluía vivienda para el maestro; y el grupo escolar de la Piñera en 1927, escuela unitaria para niños y niñas, con sendas viviendas para los respectivos maestros.

Por lo general, estos edificios escolares contaban con vivienda, según hemos comprobado tanto en Piloña como en Llanes o Peñamellera Baja. Todo un patrimonio municipal que es necesario conservar y rentabilizar porque su utilidad se ofrece aún a iniciativas múltiples, que pueden ser aprovechadas para rentabilizar y dinamizar el espacio rural.

Es cierto que las placas, que en su mayoría conservan en recuerdo del indiano benefactor, son un gesto de agradecimiento de las comunidades vecinales. Pero no es menos cierto que el abandono de otras y la referencia anónima de su construcción conduce a la historia del olvido, principio que primero o después lamentaremos porque estos indianos son ejemplo de muchos de los valores que hoy necesita nuestra sociedad, en especial la más joven: sacrificio, entrega, esfuerzo, trabajo, generosidad…

Afortunadamente, ahí siguen esos testimonios escolares, su presencia ya es una lección a nuestro alcance y una señal inequívoca de nuestra identidad histórica.

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