22 de junio de 2013
22.06.2013

El legado del padre Domingo Vinjoy

El proyecto altruista de recoger a un grupo de niños huérfanos en Santa Ana cumple noventa años como fundación que atiende la sordera, la discapacidad y los trastornos de conducta

22.06.2013 | 12:58
El legado del padre Domingo Vinjoy

Si hay una organización en la ciudad que ha sabido adaptarse a los tiempos a través de la historia ésa es la Fundación Vinjoy. Nació como asilo de huérfanos, se transformó en un colegio de sordomudos, luego en centro de atención a la sordera, y en la actualidad es una entidad de intervención pionera y referente en el país con tres líneas de trabajo: la sordera, la educación de personas con discapacidad intelectual o psicosocial y los trastornos de conducta.

La organización celebra estos días sus noventa años con la fórmula jurídica de fundación. Sin embargo, su actividad se remonta mucho más atrás, a 1876. En aquella época el padre Domingo Fernández Vinjoy -que da nombre a la Fundación- comenzó su proyecto altruista de recoger a un grupo de niños huérfanos en su casa de la calle Santa Ana.

La iniciativa se institucionalizó en 1906, cuando inauguraron un nuevo edificio en la carretera del Cristo, entonces camino del Fresno. El asilo de huérfanos, con el apoyo de las instituciones públicas y del obispo Martínez Vigil, progresó hasta superar el centenar de residentes. La primera época culmina en julio de 1923, cuando se consolida legalmente la Fundación Vinjoy como institución benéfica con el objetivo de atender a los niños huérfanos.

Los estatutos se modificaron en 1959, para centrar los objetivos en la educación de niños sordomudos y ciegos. Así, en 1962 abrió sus puertas la Colegio Provincial de Sordos, con sede también en el Cristo. Funcionaba como un internado, y las docentes eran religiosas. La ley de integración de 1982 cambiaría el destino de la Fundación Vinjoy. Esta norma era partidaria de escolarizar a los alumnos con alguna discapacidad en la escuela ordinaria y tuvo incidencia en el colegio de Vinjoy, que vio disminuir drásticamente el número de alumnos. La década de los noventa supone el ocaso de la Fundación, que estuvo a punto de desaparecer.

La modificación de los estatutos y el nombramiento de un nuevo gerente -Adolfo Rivas, que permanece en la actualidad- en 1997 marcan el inicio de un nuevo período con un proyecto integral de intervención en la sordera, extendiendo su actividad a la formación de adultos y el desarrollo comunitario, entre otros.

«Nicanor López Burgos me trajo a la Fundación Vinjoy. Me dijo que había que intentar que no se cerrase», analiza Adolfo Rivas sobre su llegada a la Fundación Vinjoy. «Estaba al borde del cierre, y unos años después, en el 2000, estábamos inaugurando el nuevo complejo en la avenida de los Monumentos. Y un poco después, en 2005, vimos que habíamos logrado cambiar el mundo de la sordera», explica. El abordar la sordera de una forma global, sin exclusión, fue la clave del éxito. Se construyeron seis centros e institutos de formación estructurados en más de treinta programas operativos. La Fundación Vinjoy recibiría la cruz de oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social del Gobierno de España en 2005.
La actividad de la Fundación Vinjoy estaba llamada a continuar abriéndose camino en otras direcciones. Sin abandonar las líneas de intervención de la sordera, se volvieron a modificar los estatutos, adaptándolos a la nueva realidad. Así, en 2007 quedaron definidas las dos nuevas líneas de trabajo: ayudar a personas en situación de grave conflicto personal y social, con trastornos de comportamiento y conducta, y la intervención socioeducativa con personas con discapacidad intelectual y psicosocial. «Todo se resume en una apuesta por la dignidad de la persona», señala Adolfo Rivas.

En la actualidad la Fundación Vinjoy presta atención a 1.300 personas. Cuenta, además, con diez centros, treinta programas, y una plantilla que oscila entre los 50 y los 70 trabajadores, dependiendo de la época del año, porque en verano hay menos carga de trabajo.

El patronato de la Fundación Vinjoy está integrado por doce miembros, distribuidos de forma paritaria entre el Arzobispado de Oviedo, el Gobierno del Principado (con presencia de la Consejería de Bienestar Social y Vivienda, la Consejería de Educación Cultura y Deporte y la Consejería de Sanidad) y la Junta General del Principado de Asturias.

¿Los retos de futuro? «Resulta curioso que una entidad que cumple noventa años como Fundación sea el referente de vitalidad, innovación social, dinamismo y modelo de intervención; pero no es momento de resignarse, o de conformarse, es el momento de dar otro paso adelante, con ilusión y ganas, afrontando nuevos proyectos», indica Adolfo Rivas. La Fundación Vinjoy pretende seguir avanzando con coherencia en sus líneas de trabajo para transformar la realidad. «Sólo si nos queremos y cuidamos unos de otros..., sino es imposible», advierte el gerente de la entidad.

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