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TOMÁS CEFERINO TRABADELO PÉREZ DE BARCIA | Fundador de la empresa Trasacar

"Cuando empecé a vender carne roja en Asturias se reían de mí, nadie la conocía"

"Dicen que un empresario que se precie tiene que haberse arruinado al menos una vez a lo largo de su carrera y a mí me pasó en dos ocasiones"

Tomás Ceferino Trabadelo junto a varias piezas de carne.

Tomás Ceferino Trabadelo junto a varias piezas de carne.

Tomás Ceferino Trabadelo Pérez de Barcia, fundador y patriarca de la empresa Trasacar, aún recuerda el sabor de un chuletón que le cambió la vida por completo. Fue en Madrid en el año 1985, concretamente en el restaurante Casa Paco. En cuanto probó aquella carne roja asada en carbón vegetal,

Un niño grandalés que se hizo hombre en Oviedo. Tomás Ceferino Trabadelo nació el día de los enamorados del año 1942 en Grandas de Salime. "Mis padres eran los dos de allí, pero él se había ido a Cuba a los 14 años. En uno de sus viajes a Asturias, cuando tenía 40, se casaron y pusieron un café en Grandas". Su padre murió joven. "Tenía yo 12 años. Soy él único varón y tenía cinco hermanas, así que me quedé con ellas y con mi madre". Entonces la familia se fue a Lugo.

El primer trabajo. Al llegar a Galicia comenzó el periplo laboral de Trabadelo. "Mi madre tenía una amiga en una farmacia y me metió a trabajar repartiendo con una bicicleta. Aquello duró unos ocho meses", señala el empresario. "Después entré en un taller carrocerías de coches, pero tampoco duró mucho y acabé acudiendo a la Escuela de Artes y Oficios de Lugo para aprender cualquier profesión y buscar un trabajo". A los 15 años se vino a Avilés. "Estuve trabajando con Montajes Nervión, que estaba haciendo Ensidesa, pero tuve un accidente y regresé a Lugo. Me caí desde 15 metros y me di un porrazo tremendo".

Cafeteras y frigoríficos. "Tenía un cuñado en Lugo que se dedicaba a vender cafeteras y me metió en el negocio. A los 15 años ya recorría toda Galicia vendiéndolas y poco después tenía hasta chófer". Cuando tenía 20 años su cuñado lo mandó a Oviedo para tratar de abrir una líneas de ventas en Asturias. Al llegar se asoció con una empresa que tenía la sede en general Elorza y que se llamaba Prada Núñez, pero las cosas tampoco fueron bien. "Las cafeteras de Lugo eran muy malas y por lo tanto cerró la fábrica", dice. Entonces empezó a vender frigoríficos. "Monté un negocio con un cuñado, que estaba en África del Sur y quería venir a España. Eso fue sobre el año 1974 y estábamos en el polígono de Puente Nora".

El primer fracaso. Tomás Ceferino Trabadelo también se dedicaba a realizar instalaciones comerciales completas. "Tenía una tienda en la calle Cervantes. A mi me daban el local vacío y lo dejaba listo para entrar a trabajar. Puse en marcha negocios tan conocidos como la discoteca Brujas, Triquitraque o Casa Conrado", explica. Al principio no le iba mal, pero acabó convirtiéndose en su primera ruina. "De aquella no te pagaban al contado. Tenía que encargarme de que el banco me financiase las instalaciones y después les daba un plazo a los clientes para que me pagasen. Pero empezaron a devolver letras y me fui a pique. Aprendí mucho", dice. "De aquella los de los bancos me veía pasar por la acera y me cerraba la puerta, pero dicen que un empresario que se precie tiene que haberse arruinado alguna vez", señala entre risas.

El segundo. "Después de eso hubo una temporada en la que tuve máquinas tragaperras, pero me vi obligado a venderlas y empecé a fabricar chapolines". Ese negocio lo montó con unos amigos de Oviedo, la ciudad en la que vive desde los 20 años. "Yo pretendía hacerlos y venderlos, pero ellos querían explotarlos. Nos pegamos un batacazo porque la gente se cansó rápido del palo". Otra vez a empezar.

Un chuletón en Madrid. "Fui con un amigo a una feria de billares a Barcelona y a la vuelta pasamos por Madrid porque él, que era y sigue siendo una persona muy importante en Asturias, tenía que dar una conferencia. Fuimos a comer a Casa Paco y allí probé por primera vez la carne roja. Me encantó. Pasaron unos meses y como no tenía actividad me acordé con la carne. No tenía ni idea del sector, pero empecé con el negocio".

Los primeros pasos. "Iba a comprar carne en Galicia y pretendía venderla en Asturias, pero la gente se reía de mí porque nadie la conocía. El Logos, en Oviedo, fue el primero que se atrevió a vender carne roja, pero antes yo me había recorrido todo el norte en furgoneta vendiéndola en otras comunidades". En ese momento sólo tenía un pequeño local en la calle Puerto Pontón de Teatinos, con unas pocas cámaras frigoríficas, que hacía de sede de la empresa.

La entrada en la UE. "Hasta que no entramos en la Unión Europea no se podía traer carne fresca de fuera. Hasta entonces sólo había trabajado con carne gallega, pero hice un viaje a Dinamarca y me di cuenta de la calidad que había allí". Ese fue el gran salto. Ahora Trasacar compra carne en todo el mundo. "Vendemos lo mejor de lo mejor de cualquier país europeo. Compramos en Austria, Polonia, Italia, Alemania, Holanda, Francia, Dinamarca..."

El éxito. Hoy en día Trasacar cuenta con unas modernas instalaciones en el Polígono del Espíritu Santo y su carne se come en los mejores restaurantes del país. "Facturamos unos 25 millones de euros al año, vendemos 70.000 kilos de carne a la semana, contamos con 50 empleados y con una flota de reparto de 25 vehículos. Además todos los buenos cocineros, como Arzak o Pedro Subijana, usan nuestros productos". Trasacar cuenta además con una línea de bacalao traído desde Islandia y los dos hijos de Trabadelo son los que están al frente del negocio. Sólo el 8 por ciento de sus clientes son asturianos.

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