02 de junio de 2018
02.06.2018

La expresividad de Mozart llega a Oviedo de la mano de Wosner

La OSPA, entre la sonoridad clásica y moderna al término de su temporada

02.06.2018 | 02:06
El pianista Shai Wosner y la OSPA, ayer, durante su interpretación en el Auditorio.

El penúltimo concierto de la temporada que ofreció ayer la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), destacó especialmente por la interpretación que el pianista Shai Wosner realizó del Concierto nº. 21 para piano de Mozart, una de las obras más aplaudidas en el Auditorio.

El programa se caracterizó por la alternancia entre obras canónicas y otras pertenecientes al siglo XX que buscan recrear esa sonoridad del pasado.

Al comienzo, se anunció un cambio en el orden del programa, de modo que la primera obra interpretada fue "El mensajero", de Valentin Silvestrov, ya con Wosner en el escenario. La partitura, muy íntima, rehuye las vanguardias del siglo XX para recrearse en la sonoridad del pasado; una obra muy bella que concentra su interés en el diálogo entre las cuerdas, pero que no presenta gran dificultad para el piano.

Resultó curioso que Milanov decidiera unir esta obra con el Concierto de Mozart, uno de las más famosas obras del repertorio, con su archiconocido segundo movimiento.

La interpretación de Wosner podría definirse como un virtuosismo retraído. Destacó por su pulsación clara y precisa en todo momento (algo imprescindible a la hora de tocar hoy en dia la música de Mozart) y por su gran dosis de delicadeza a la hora de enfrentar ciertos pasajes. Esto último ocasionó algunas complicaciones en lo que al balance con la orquesta se refiere. Al término, el publico le dedicó un aplauso muy caluroso, convencido por su interpretación. La propina que ofreció Wosner, también orientada al carácter más íntimo, fue el "Andante" de la Sonata para piano en La mayor de Schubert. La segunda parte comenzó con las "Variaciones sobre un tema de Frank Bridge" para orquesta de cuerda, de Benjamin Britten.

La versión que ofreció de ella la OSPA destacó por su enorme fuerza y el contraste entre los distintos movimientos, que trajo consigo un juego sonoro de gran dinamismo. La OSPA exhibió aquí un sonido vibrante, muy empastado.

La Sinfonía nº. 82 de Haydnconcluyó la velada. La OSPA ofreció una interpretación romántica, condicionado por una plantilla muy numerosa. Su sonido redondo y bien contrastado fue lo más sobresaliente de esta obra.

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