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Nativel Preciado: "Einstein dejaba mucho que desear en su vida personal"

La escritora centra su última novela, "El Nobel y la corista", en la visita del científico a España

Nativel Preciado, durante la charla.

Nativel Preciado, durante la charla. LNE

"Esta tarde voy a tomar el té con una aristocrática señorita". Esta frase fue pronunciada por Albert Einstein durante su visita a Madrid en 1923, un año después de recibir el premio Nobel. Nadie sabe quién es esa señorita de la que hablaba el científico y eso es lo que

Nativel Preciado se confiesa enamorada de la figura del Nobel, algo que no resulta extraño, ya que como ella misma explicó "todo el mundo se quedaba prendado de su talento, de su sentido del humor", lo que no evita que también afirme que "en la vida personal, en especial con sus mujeres, dejaba bastante que desear".

En su última novela, la periodista y escritora reconstruye, a medio camino entre la realidad y la ficción, aquella visita de Einstein a Madrid. En la obra se narra cómo en una de las múltiples recepciones con las que se agasajó al científico aquellos días, "Einstein se encontró con una corista, Margot Denís, con la que tuvo una presunta historia de amor". Ese es el nudo de una obra que se enmarca en el Madrid de los años 20 y que tiene como escenario principal el hotel Palace. El encuentro se produce en una de las habitaciones de ese hotel, que era centro de la intelectualidad de una España en pleno esplendor cultural. "En el sótano del Palace actuaban los mejores músicos de jazz del mundo", explicó Preciado durante su charla con Marta Magadán, coordinadora de las Tertulias, para describir el ambiente de su novela.

La autora destacó como su parte preferida del libro un diálogo entre el Nobel y la corista en el que el científico le explica con toda la sencillez del mundo la teoría de la relatividad, por la que pasó a la historia.

Nativel Preciado tuvo un recuerdo especial para sus visitas a Oviedo a principios de los años 90 como miembro del jurado de los premios "Príncipe de Asturias". Recordó sus encuentros con Francisco Grande Covián y con Severo Ochoa. "No solo tuve la suerte de conocerlos, sino también de cenar con ellos, de pasear por Oviedo y de conversar hasta las tantas de la madrugada en el hotel de la Reconquista", recordó para manifestar su deseo de regresar a la ciudad.

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