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El Arzobispado quiere convertir el martillo de Santa Ana en su gran factoría cultural

El nuevo edificio, que recupera la fachada de De la Guardia y añade un gran volumen cúbico, tendrá exposiciones, actos e información turística

Recreación del nuevo centro cultural, desde San Antonio.

Recreación del nuevo centro cultural, desde San Antonio.

A la manera de los nuevos centros culturales, concebidos como factorías artísticas multidisciplinares, flexibles y sin el contenido inamovible del viejo espacio museístico, así quiere el Arzobispado que sea el martillo de Santa Ana. El centro cultural con el que la Iglesia quiere resolver el abandono urbanístico de años de su parcela en el corazón del casco viejo será una gran sala de exposiciones, un salón de actos y un centro de recepción de visitantes o de información turística bajo la forma arquitectónica de un fuerte contraste de lenguajes: la recuperación de la fachada del edificio de Juan Miguel de la Guardia y un nuevo gran volumen de piedra en la intersección de las calles Canóniga y Mon levantado con las piedras habituales en las construcciones del entorno.

El vicario general, Jorge Juan Fernández Sangrador, y el arquitecto del arzobispado, Daniel Cortizo, presentaron ayer las líneas generales de un proyecto que, tal y como adelantó el pasado fin de semana este periódico, pasa por convertir el entorno en un centro cultural. De momento, el Arzobispado acaba de presentar el estudio detalle del proyecto al Ayuntamiento de Oviedo y tiene que recibir también el visto bueno de la Consejería de Cultura. Pero en esta versión inicial, según explican los autores del proyecto, del continente y del contenido, ya queda clara la idea de centro moderno de arte y cultura vinculado al patrimonio de la iglesia.

El Arzobispado quiere utilizar su nuevo “Centro Cultural Santa Ana” para “la organización de exposiciones temporales”, sirviéndose de este edificio como “plataforma desde la que la Iglesia interactúe creativamente con otras instancias generadoras, al igual que ella, de cultura”, explicó Sangrador.

Recreación infográfica de la fachada de De la Guardia recuperada, vista desde la calle Santa Ana.

El Vicario general deja ver, en un artículo de presentación del proyecto, que la idea es aprovechar más y mejor, con mayor divulgación y aprovechamiento, a través de este nuevo equipamiento, “el riquísimo acervo de templos, retablos, imágenes, cuadros, tapices, vidrieras, órganos, muebles, ornamentos, bordaduras, orfebrería, códices, documentos, fotografías, filmaciones, audios, léxico, composiciones musicales y poéticas, tradiciones, folklore, cerámica y gastronomía, por citar sólo algunos ejemplos”.

No se trata de que se mude al nuevo edificio el Museo de la Iglesia, ya que lo que se pretende en el nuevo espacio del martillo no es acoger una exposición permanente, sino una programación cultural que durante todo el año ofrezca distintas exposiciones y muestras vinculadas al patrimonio eclesiástico. Y no solo al asturiano. En su presentación, Fernández Sangrador explica que en otras ciudades y en otros países la iglesia católica también produce programación cultural que ahora, con la construcción del nuevo edificio, se podrá exportar a Oviedo.

El edificio quiere, además, albergar otros usos. Por ello contará también con un salón de actos y una oficina de atención al público, que en la práctica será un centro de recepción de visitantes y turistas. En esa oficina, explica el Vicario General, se informará sobre la Catedral, el Oviedo trascendente, Covadonga y los santuarios; las iglesias prerrománicas y románicas, los monasterios, los museos, el Camino de Santiago, etc.

Simulación de uno de los espacios interiores del nuevo edificio.

En el aspecto formal, Cortizo detalla, en primer lugar, que se rescatará el cuerpo y la fachada del antiguo edificio de Cáritas, obra de Juan Miguel de La Guardia, “devolviéndole dignidad y diálogo con el Palacio de Velarde”. Por otra parte, los nuevos volúmenes del vértice, los que completan la parcela hasta la intersección con las calles Mon y Canóniga, se presentan “con un carácter de desnuda simplicidad, integrándose eurítmicamente en la trama de la ciudad antigua, gracias a la recuperación de la escala, del esquema de llenos y vacíos, del cromatismo y las texturas materiales”. Según las recreaciones infográficas, el resultado será un gran volumen cúbico desnudo, con el empleo masivo de piedra tradicional del entorno histórico, extendiendo “la materialidad del cantón aún conservado, a modo de pieza monumental del conjunto”. Se trata, parece, de un planteamiento bastante cauteloso a pesar de su aparente lenguaje de vanguardia, que busca respetar e integrar las observaciones que Patrimonio ha hecho a otras propuestas en el pasado. En el interior, el edificio, que recupera toda la volumetría posible, juega dentro con espacios de “llenos y vacíos”, imitando patios interiores y jugando a dejar una huella de la biografía urbanística que han tenido estos terrenos

Treinta años de retraso

El proyecto resuelve, también, un agujero urbanístico que lleva 30 años pendiente de solución. La primera solicitud de licencia municipal para construir un edificio en el martillo de Santa Ana la presentó el arquitecto Manuel Calvete en nombre del Arzobispado en 1991. Se pretendía resolver la ruina de lo que fueron los cuatro cantones y de los que a principios del siglo XX solo quedaba en pie la cerería Casa Nicanor. Pese a los reparos del Principado, el Arzobispado llegó a iniciar las obras para levantar un nuevo edificio en 2001. La construcción, nunca levantada, fue sede de Cáritas, Escuela de Música o Museo de las reliquias, se llegó a firmar un convenio con el Ayuntamiento en 2007 pero ningún proyecto llegó a buen puerto. Con el tripartito, la Iglesia quiso rescatar su plan original de viviendas y oficinas. La licencia había caducado. Ahora, el arzobispado ha logrado ultimar, en un proceso de unos dos años el nuevo proyecto del centro cultural.

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