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La Fresneda despide a Nicolás Arganza, vecino ilustre y “una grandísima persona”

Más de un centenar de personas asisten en la iglesia de la urbanización sierense al funeral del arquitecto, del que sus amigos y compañeros destacan su “carácter sociable y profesionalidad”

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En imágenes: funeral por el arquitecto Nicolás Arganza

La Fresneda (Siero) despidió esta mañana a uno de sus vecinos más ilustres, el arquitecto Nicolás Arganza, que murió el sábado, en su domicilio de la localidad, por causas naturales. Más de un centenar de personas se acercaron a la iglesia de la urbanización para dar el pésame a la familia y brindarle un último adiós. Todos, familia, amigos y compañeros de trabajo destacaron su “carácter sociable” y su “profesionalidad”, lo que, a juicio de los presentes le convertía en “una grandísima persona”.

Entre los asistentes al sepelio, su hermana, Josefa Arganza, que recordaba lo unida que siempre estuvo la familia. “Era un gran trabajador, tuvo 10 hijos y era una persona francamente sociable y caritativa”. Respecto al legado profesional, Josefa rememoraba que, “ya desde la infancia los profesores le decían que iba a ser arquitecto porque dibujaba muy bien”. Otro que quiso tener unas palabras de recuerdo fue su hijo Ignacio; “Era una grandísima persona. Más allá de la arquitectura o el rugby, destacaba por echar una mano a todo el mundo. Hacía favores que ni sabíamos y luego te enterabas cuando te venían hablando maravillas de él”.

“Hacíamos con él muchos viajes, íbamos juntos a la nieve los diez hijos. Imponía mucha disciplina, al ser diez, no tenía mucho más remedio. Por ejemplo, en los restaurantes, pedía él para todos los que estábamos en la mesa. Una tortilla de gambas para cada dos y detrás un escalope. El resto ni mirábamos el menú, eso era lo que había”, exponía su vástago cariñosamente.

Tampoco faltaron amigos del deporte y del trabajo, como Juan Alonso, coordinador del Oviedo Rugby, al que Nicolás Arganza había entrenado en su juventud. “Lo conocí entrenando con el Oviedo. El venía de haber jugado en Madrid. Esto fue sobre el año 1979”, explicaba. Precisamente, el Oviedo Rugby fue “básicamente fundada por Emilio Cillera y por él. Su familia sigue muy ligada, no solo deportivamente, sino con patrocinios e incluso un nieto está en uno de nuestros equipos”, añadía Alonso. En el plano personal, el que fuera su pupilo, lo califica como “una persona muy responsable y a la vez cercana”.

Visiblemente emocionado estaba José Antonio Menéndez, propietario de las empresas DIHER y Bureau 70, en las que trabajo Arganza. “La experiencia que tengo de él es que era un enamorado de lo factible. Para él solo importaba lo que se podía hacer. Además, era muy consciente de sus límites y cuando algo le sobrepasaba, sabía pedir consejo”. Su relación era de trabajo, pero también de amistad y caracterizada por “el respeto y el afecto” hacia una persona “que destacaba por sus grandes valores y profesionalidad”.

Arganza, de quien su gente se despidió con gran cariño, fue premio “Castelao” de Arquitectura en 2019 y era conocido por obras como la Facultad de Derecho, los colegios Meres y Santa Teresa de Jesús y el edificio del Banco de España en Oviedo.

Nacido en Tineo en 1932, era hijo de un abogado que se tuvo que exiliar tras la Guerra Civil, y que solo pudo retornar a España tras once años en Francia y Centroamérica. La vocación por la arquitectura le llegó siendo niño, mientras completaba sus estudios básicos, primero en el colegio Hispania de Oviedo y, posteriormente, en el San Francisco de Tineo. Con 16 años se marchó a estudiar Arquitectura a Madrid y allí descubrió otra gran pasión: el rugby. Arganza jugaba de talonador, en primera línea, y llegó a competir en el equipo nacional.

En los inicios de su carrera profesional trabajó con Los Álamos, hasta que pudo abrir un estudio por su cuenta. Se casó con Rosa Álvaro. En el último cuarto del siglo XX, se consolidó como uno de los profesionales más reputados del sector, y fue un arquitecto clave en la expansión de Oviedo. Acaso su obra más conocida sea el edificio del Banco de España, localizado en la parcela del antiguo palacete de Concha Heres.

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