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Oviedo y Santander pugnan por convertirse en la capital biosanitaria del norte

Ambas capitales tienen idénticos proyectos para convertir el entorno de sus hospitales universitarios en polos de la industria de la salud

El entorno del Hospital Universitario de Valdecilla, en Santander.

El entorno del Hospital Universitario de Valdecilla, en Santander.

A la milla de la bata blanca ovetense le está saliendo un competidor en la vecina Santander. Asturias y Cantabria tienen el mismo plan, convertir el entorno de sus hospitales de referencia en un espacio de oportunidad para las empresas del sector biosanitario. El HUCA y el Hospital Marqués de Valdecilla, a su vez, compiten por ser los primeros en ofrecer, por ejemplo, terapias avanzadas contra el cáncer. El objetivo es ser los primeros en poner la pica y, así, extender su influencia más allá de las fronteras de la comunidad autónoma. La idea es ofrecer una oportunidad diferencial para las grandes empresas del sector que ambas comunidades quieren instalar en su suelo. El objetivo es el mismo, pero el punto de partida, aunque está muy parejo, es sustancialmente diferente.

Oviedo ya cuenta con parte de los mimbres para crear su “clúster” biosanitario. El gran impulso, que se quiere dar en los terrenos de la Fábrica de Armas de La Vega, todavía en negociaciones con el Ministerio, se hará esperar unos años. Mientras tanto, en Cantabria han optado por solicitar partidas a los fondos europeos; algo que el Ayuntamiento de Oviedo, por su parte, no ha priorizado. El proyecto cántabro para configurar su espacio de oportunidad en torno a Valdecilla cuenta con el visto bueno del eurodiputado de Ciudadanos Luis Garicano, vicepresidente de los liberales europeos y uno de los encargados de negociar las reglas que regirán el reparto del maná de Bruselas. Garicano, que estuvo en la Cámara de Comercio de Oviedo hace unas semanas, animó a políticos y empresarios asturianos a actuar en este sentido: “Buscar proyectos transformadores de la economía”.

Detalle del Hospital Virtual de Valdecilla, en Santander. | H. V. V.

Además, Cantabria va un paso por delante en cuanto a la captación de los fondos Next Generation y tiene el aval de la Moncloa para desarrollar el proyecto. La comunidad vecina decidió dar estos pasos a raíz de la crisis del covid. En el verano de 2020, el Gobierno regional destinó 100.000 euros a un programa de apoyo a la configuración de un “clúster” en torno a su hospital universitario para desarrollar un “polo de innovación industrial en torno a la salud”, una pequeña inversión que quieren acelerar con los fondos de Europa.

Los mascarones de proa de la investigación en ambas comunidades también se encuentran en distintos puntos. El Idival (Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla) le lleva seis años de ventaja al ISPA (Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias), por lo menos en cuanto a la obtención de la acreditación del Instituto Carlos III de Madrid. El instituto cántabro obtuvo dicho certificado en 2015 y lo ha renovado recientemente. El asturiano, en cambio, ha presentado su solicitud formal hace unas semanas y cuenta con obtener el visto bueno de la entidad madrileña a finales de año o principios de 2022. La acreditación, aunque no refleja en sí misma el trabajo investigador de los organismos, abre las puertas de la financiación para diversos proyectos de investigación.

Tanto el HUCA como Valdecilla “compiten” a su vez por ser el primer hospital del noroeste español en contar con una unidad capaz de utilizar las terapias CAR-T para tratar los cánceres de la sangre. El Principado ya ha sacado a licitación las obras para construir e instalar dicho laboratorio en la sede del ISPA, junto al Hospital. En Cantabria, por su parte, tratan de obtener los permisos correspondientes del Ministerio de Sanidad para aplicarlas.

Además, entre las peticiones de fondos europeos del Gobierno cántabro está destinar 45 millones a una unidad de protonterapia para su hospital universitario. Una de las terapias más avanzadas en la lucha contra el cáncer y que promete ser menos tóxica e invasiva que la radioterapia. Se trata de una técnica que desembarcó en España por primera vez en diciembre de 2019 y que tienen contados centros en toda Europa. En Asturias, aunque una filial de Duro Felguera ya exportó estos equipos a Estados Unidos en 2008, todavía no se aplican este tipo de tratamientos.

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