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Javier Gallardo Actor, participa en la serie de Netflix “Alma”

“Siempre quise ser actor y expresarme; la normalidad, lo esperable, me aburre”

“Odio que mi perfil se confunda con el de un ‘influencer’ por tener más de 180.000 seguidores, no vivo de las redes sociales”

Javier Gallardo: “Siempre quise ser actor y expresarme; la normalidad y lo esperable me aburre”

Javier Gallardo Sánchez ha terminado la carrera, publicado un libro y grabado una serie para Netflix en un año. Su vocación por la interpretación se impuso al deseo de unos padres que creían que la Ingeniería era una salida profesional mucho más segura que la vida de actor. Del colegio Amor de Dios pasó a la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD), en Gijón, donde nada más entrar se sintió “en el paraíso”. A sus 23 años, este leonés de nacimiento afincado desde los cinco en Oviedo con su familia, recorre Asturias con la obra de teatro “La Gran Sultana Doña Catalina de Oviedo” como protagonista (el “Turco”) y participa en la temporada lírica del Campoamor. Acude a la cita con LA NUEVA ESPAÑA con su libro “Sin miedo a sentir” bajo el brazo, del que se ha agotado la segunda edición y que ha dedicado a su abuelo, de 95 años. Acaba de hacerse una PCR en el teatro, una de las más de veinte a las que se ha sometido desde 2020, cuando empezó el rodaje de “Alma”, una de las apuestas de Netflix dirigida por el también asturiano Sergio G. Sánchez y pendiente de fecha de estreno.

–¿Por qué es actor?

–Siempre quise dedicarme a la interpretación, ser actor y expresarme: la normalidad, lo esperable, me aburre. En el colegio era gordito y pequeñito. Tenía muchos complejos y me entretenía en casa haciendo espectáculos. Disfrazaba a mis primos y les dirigía. Lo que pasa es que sacaba muy buenas notas en Física y Matemáticas y además inventaba cosas. Por eso mis padres querían que estudiara una carrera de Ciencias y me convencieron para estudiar Bachillerato por esa rama. Sin embargo, yo quería enfocar mi creatividad hacia algo que no fuese normativo. Al final del ciclo me senté con ellos: “Papá y mamá, ya no sé cómo convenceros. Las carreras no tienen salidas, las salidas las tienen las personas. Y ahora que está todo tan complicado es el momento perfecto para estudiar lo que me apasiona. No voy a tener un trabajo garantizado por estudiar una Ingeniería”. Me dijeron que sí, pero con la idea de que después de estudiar teatro me matriculase en otra cosa.

– Ya se ha licenciado. ¿Qué dice su familia ahora?

– Cuando hice las pruebas de ingreso en la Escuela Superior de Arte Dramático se presentaron más de cien personas y entraban doce en cada curso. Mis padres tenían la expectativa de que no me admitieran. No me lo decían, pero yo lo sabía. Eso sí, cuando me cogieron, fueron a muerte conmigo. Siempre ha sido así. Por ejemplo, desde pequeño mis dos pasiones han sido el teatro y el mundo del motor. Pues a los 16 años confiaron en mí y me permitieron tener una moto. Si yo tuviera un hijo no sé si con 16 años le dejaría andar en una.

–¿La serie de Netflix es de lo primero que ha hecho en el mundo de la interpretación?

–No. Según salimos de la ESAD no tenemos ningún contacto profesional con la industria y como en Asturias está complicado entrar en ese mundo, yo veía que tenía que dar directamente el salto a Madrid. En esas, tuve la suerte de que un profesor de la Escuela me llamó para decirme que EPO Producciones, compañía que colabora con Teatro Margen, buscaba un actor para “La Gran Sultana Doña Catalina de Oviedo”. Estuve con ellos el verano pasado y ahora hemos vuelto. El casting de Netflix lo había hecho un año antes.

–¿Cómo se enteró?

–Por un anuncio en el periódico. Pedían un perfil de chico joven. Eso de los perfiles no me gusta. Hay veces que por muy bien que lo hagas o por mucha formación que tengas, si no das el perfil da igual. Cuando las cosas no dependen solo de mí siento un poco de impotencia. El casting fue en Oviedo, probablemente la última ciudad en la que lo hicieron. En la ESAD nadie había dicho que iba a ir a ese casting. Era normal, suele pasar para que no haya piques. Lo gracioso es que el requisito era ir afeitado y yo veía a toda la ESAD afeitada. Según salí de la prueba, que era leer un texto relacionado con lo que buscaban, pensé: “Hala, olvidado. Una experiencia más”. Me llamaron al mes siguiente para decirme que contaban conmigo.

–¿De qué trata “Alma” y cuál es su papel?

–Hago un personaje, pero no puedo decir su nombre. La trama se basa en el viaje el autobús que hacen unos chicos y que acaba en accidente. Está rodado en Asturias y Cataluña. De hecho, todos los exteriores son en el Principado y los interiores en Cataluña porque aquí no hay platós. Fueron seis meses de rodaje; de septiembre a febrero.

–¿Cuándo es el estreno?

–La fecha de emisión aún no se sabe.

–¿Teatro, televisión, cine o plataformas?

–Por mi experiencia veo que en teatro es donde funciono, es donde tengo soltura e improviso, pero me gusta todo. La cámara también. Por desgracia ahora al teatro va la gente que conoce a los actores por sus películas y yo no me quiero perder eso. Es bueno salir en pantalla.

–También es bueno tener muchos seguidores en Instagram. Y usted los tiene.

–Sí. Pero odio que mi perfil se confunda con el de ‘influencer” o “instagrammer” por tener más de 180.000 seguidores, no vivo de las redes sociales. Me sirven de escaparate. No es nada malo, pero como no me dedico por completo ni vivo de ello teniendo la oportunidad pues me fastidia la etiqueta. Ahí tengo un público y me encanta. Subo un vídeo haciendo lo que sea, que suele ser leyendo uno de mis textos y tengo un público de no sé cuántas mil personas. Bueno, pues en mi cabeza están sentados en las butacas. Yo lo veo así.

–Ha hecho mención a sus textos y ha venido con su libro “Sin miedo a sentir”. ¿Cómo surgió el proyecto?

–En segundo de carrera un chico que tenía una editorial vio que yo había subido a mis redes el extracto de un monólogo de una clase de interpretación, era una frase de quince segundos que empezó a compartir la gente y a hacerse viral. Así que luego subí más vídeos narrando leyendo o interpretando mis textos. Delecé Ediciones me propuso hacer el libro, pero apenas tenía tiempo con los estudios. Sin embargo, en cuarto llegó el confinamiento y pensé que era el momento perfecto. En la editorial me dijeron que no trabajaban con proyectos de personas, sino con personas con proyectos. Eso me gustó.

–¿En qué se inspira?

–Es prosa poética. El libro incluye dos tipos de textos; unos más largos que se centran en la reflexión y buscan la empatía y otros más cortos que juegan con el lenguaje, la imaginación y la música de las palabras. Escribí prácticamente todo durante el confinamiento. El libro salió en septiembre y ayer me pasaran el contrato para firmar nuevas ediciones hasta el próximo septiembre. Yo nunca había creído en el poder de la palabra en este momento en el que estamos tan digitalizados. Se vende en Amazon, la web de la editorial y en librerías por encargo. Estuvo entre los quince más vendidos de Amazon España. Que la gente compre mi libro con la que está cayendo, mola. Y que te dediquen mensajes largos en Instagram me llena el corazón.

–Antes ha dicho que creía que para desarrollarse como actor tenía que dar el salto directamente a Madrid. ¿Por qué no se ha mudado?

–Ya me había medio instalado en Madrid, pero al acabar la carrera pasé el verano en Asturias y como la mayor parte del rodaje de la serie de Netflix era aquí me di cuenta de que durante los parones de la serie estaba en Madrid casi para nada porque los castings eran a distancia por la pandemia. Luego trabajé en la obra de teatro “La Gran Sultana Doña Catalina de Oviedo” y ya decidí volver, pero la idea es instalarme en Madrid dentro de un tiempo.

–¿Qué proyectos tiene en mente o en la agenda?

–Tengo mucha expectativa con la “La Gran Sultana Doña Catalina de Oviedo” porque allá donde vamos está funcionando muy bien y es una obra que para el público de Oviedo y Asturias es una maravilla. También estoy en el Campoamor cada poco, en la temporada lírica, que me encanta. Luego tengo por ahí un proyecto audiovisual que no comento porque lo gafo. Estoy aprendiendo, ya lo dice mi madre; hacer una serie para Netflix con 23 años es un máster.

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