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Carmen de la uz | Empresaria y vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Oviedo

“Al no haber vida social por la pandemia la gente dejó de arreglarse y maquillarse”

“El reto de Oviedo es volver a ser un referente comercial y para ello hacen falta ayudas y conciencia de consumir en pequeños negocios”

Carmen de la Uz, en el almacén de su cadena de perfumerías. | Irma Collín

Carmen de la Uz, en el almacén de su cadena de perfumerías. | Irma Collín

“Cuando trabajas para tu empresa no hay horarios”. Con atuendo deportivo tras acudir a su cita diaria con el gimnasio para “activarse” a primera hora de la mañana, Carmen de la Uz recibe a LA NUEVA ESPAÑA en las instalaciones del polígono de Silvota (Llanera) de la empresa familiar fundada en 1969 por sus padres Alejandro de la Uz y Carmen Díaz, “trabajadores incansables” a los que la mayor de cinco hermanos dice deber todo. A sus 47 años lleva media vida trabajando para la cadena de perfumerías compuesta por 30 tiendas de toda Asturias. Estudió Derecho porque lo suyo eran las letras, pero con el tiempo se ha convertido en toda una experta con los números. Desde 2018 es vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Oviedo

–¿Estamos ante el peor momento que recuerda el sector del comercio?

–Está a la vista de todos. Es cierto que son momentos difíciles, pero también de oportunidad. Esta situación nos ha ayudado a replantearnos cosas y buscar en qué somos diferentes. Una parte ha salido beneficiada a abrirse a nuevos servicios como Amazon para la venta online y si algo ha quedado claro es la necesidad de valorar el pequeño comercio. Es el primero que abrió las puertas tras el confinamiento y luchó por poder seguir y demostrar que las ciudades sin sus tiendas se quedan sin vida.

–Ya que ha citado a Amazon ¿Su llegada a Siero es algo a temer o a aprovechar?

–Debemos ser consciente de que ya lo tenemos aquí. Luchar contra un gigante así es muy difícil y la sociedad cada vez busca comprar de forma más fácil. La vida cambia y lo que puede parecer una amenaza quizás sea una oportunidad para Asturias. Los comerciantes debemos asumir esto y aportar cosas diferentes para sobrevivir a estos cambios.

–Las estadísticas apuntan a que los comerciantes de Oviedo se están mudando a calles con alquileres más baratos.

–Para montar un negocio los gastos principales son los alquileres y el coste del personal. Irse a zonas que abaraten uno de esos gastos es un síntoma de intentar sobrevivir. Por desgracia las calles principales quedan en manos de grandes cadenas.

–¿Vamos tarde con la digitalización?

–Nunca es tarde para digitalizarse. Debemos hacerlo en cuanto se pueda. Debemos coger el toro por los cuernos y afrontarlo cuanto antes. Es algo que está ayudando ya a muchos negocios y hay que contar con ello.

–¿Hay más cierres por los elevados impuestos o por la falta de clientes?

–Sin clientes no vivimos. A partir de ahí viene lo de pagar los impuestos. Estos dejan muy poco margen para emprender. Ganar dinero cuesta un montón. Son valoraciones personales que hago, entiendo que hay que pagar impuestos, pero a todos nos gustaría pagar menos. No obstante, creo que mientras hay clientes los negocios funcionan.

–¿Le ilusionan los avances de la campaña de vacunación?

–Lo veo con mucha cautela. En cuanto se acaben los ERTE a muchos les será muy difícil seguir. No sabemos lo que va a pasar tras el fin del virus porque es una situación que jamás hemos vivido antes. La gente empieza a estar cansada y aunque ahora da gusto ver las terrazas más animadas, en general hay poca ilusión.

–¿A qué se refiere con poca ilusión?

–Desde que empezó la pandemia la gente no se arregla, no se maquilla. Para estar en casa trabajando o salir a la calle con mascarilla no te pones guapa. Si a eso le sumas que no hay bodas, comuniones y todo tipo de fiestas, en el caso de nuestro sector y el de la moda se está notando un montón.

–¿Nos hemos vuelto menos coquetos?

–Es lógico. Todo el día con esto (señala la mascarilla). Sin vida social no hay motivo alguno. A ver si ahora, con la gente cada vez más en las terrazas levantamos un poco cabeza. Llevamos un año del trabajo a casa y de casa al trabajo. Muchos incluso trabajando sin salir de casa.

–Oviedo siempre fue una ciudad eminentemente comercial.

–El gran reto de Oviedo es conseguir volver a ser un gran referente comercial.

–¿Cómo se consigue?

–Pues con ayudas al emprendimiento y conciencia social. Quien inicia un negocio además de tener mucha fuerza precisa de respaldo ya sea mediante menos impuestos o estímulos para poner los pilares de la actividad. El resto está en manos de la sociedad. Mis padres empezaron con una tienda en Valentín Masip hace 52 años y mi madre siempre compró en el comercio del barrio. Ella y mucha gente más contribuyeron a que esa calle siga siendo a día de hoy un de las que tiene una mayor vida de toda la ciudad. Hay zapaterías, tiendas de ropa, ópticas y todo lo que se necesita. Es un ejemplo a seguir para otras calles y barrios.

–¿Cuesta subsistir entre grandes cadenas?

–Ha habido una gran concentración del sector de la perfumería, pero nosotros aguantamos gracias a un gran equipo humano de 137 personas muy profesionales, cercanas y enfocadas hacia la especialización que siempre nos caracterizó. Ofrecer los últimos y mejores productos al cliente es clave.

–¿Es una ventaja o un inconveniente ser una empresa familiar?

–He visto a mis padres trabajar con mucho esfuerzo (se emociona). Tres hermanos cogimos el relevo y lo hacemos lo mejor que podemos. Lo bueno es que estamos muy unidos a la hora de abordar los objetivos. Lo difícil es diferenciar los roles cuando hay discusiones. En mi caso paso de ser la directora de ventas a la hermana o la hija y eso requiere de un ejercicio interno para saber diferenciar.

–¿Aprecia como mujer empresaria la existencia de techos de cristal?

–Nunca me he sentido discriminada por género, pero sí es cierto que en el grupo nacional al que pertenecemos cuando fui a la primera reunión era la única mujer de 14 empresas. Es algo que hay que trabajar. Ha habido avances, pero debe de seguir habiéndolos.

–Además de su empresa, desde hace tres años es vicepresidenta de la Cámara.

–Fue algo que me llegó por estar demasiado abierta a escuchar y aprender. Acepté el cargo sin ser muy consciente. Mi padre fue secretario hace muchos años y a día de hoy formo parte de una junta directiva que está haciendo un trabajo espectacular en forma de paraguas para el comercio y el mundo de la empresa en general. Escucho y aprendo mucho del presidente, Carlos Paniceres, y del presidente en funciones, José Manuel Ferreira, pues creo que su labor está siendo esencial, sobre todo desde el inicio de la pandemia.

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