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Una ópera para cerrar el ciclo de zarzuela en Oviedo

Raúl Vázquez, que cantó por primera vez en el Campoamor hace 22 años, debuta ahora como director de escena con “El gato montés”

Un momento del ensayo general de la “El gato montés” ayer por la tarde. | Irma Collín

Raúl Vázquez nació en Bilbao, a los 14 años la familia se trasladó a vivir a Avilés y a los 17 años se subió por primera vez al escenario del teatro Campoamor. Mañana, 22 años después, debutará como director de escena en el teatro donde ha hecho de todo, desde cantante del coro a regidor o ayudante de dirección, siempre en las temporadas de ópera y zarzuela.

Es curioso pero Vázquez pisó por primera vez las tablas del teatro ovetense formando parte del coro de la zarzuela “La canción del olvido”, estrenada precisamente durante la primera oleada de la gripe de 1918. Ahora se estrena en la dirección cuando ya parece que dejamos atrás otra pandemia, la del covid-19. Una anécdota.

La cuestión es que después de conocerse el Campoamor como la palma de su mano, Vázquez, que ya había trabajado de director de escena en algunas producciones fuera de Asturias, recibió la propuesta de la Ópera de Tenerife para hacerse cargo del montaje de “El gato montés”, el título con el que se cerrará el XXVIII Festival de teatro lírico español del teatro Campoamor, el ciclo de zarzuela ovetense, el único estable junto al del madrileño Teatro de la Zarzuela.

Raúl Vázquez en el patio de butacas del Campoamor. | Irma Collín

“Es un reto muy importante porque no es una zarzuela al uso, es una ópera”, subraya el flamante director de escena poco antes de arrancar con uno de los ensayos. Desde el patio de butacas, mientras atiende a este periódico, está pendiente de cada uno de los movimientos que se producen en el escenario. Los operarios del teatro elevan sobre las tablas una enorme cabeza de toro. Uno de los cuernos se gira unos centímetros, o tal vez es un efecto visual, Vázquez lo señala y uno de los técnicos le explica que está todo controlado, que todo saldrá perfecto cuando ese elemento se tenga que mover durante la función.

Vázquez define “El gato montés” como “el verismo a la española, una especie de ‘Cavalleria rusticana’ con un toque español, andaluz”. Por eso, para su escenografía se ha inspirado en la pintura de Julio Romero de Torres, de principios del siglo XX, y en Antonio Capel, más actual. Así, dice, “trabajo sobre un espacio realista pero muy pictórico que se va transformando a lo largo de la obra, todo ello con gamas cromáticas clásicas pero alejadas del tipismo andaluz”. Todo esto se ve en la escena, en los murales que cierran la caja escénica, pero también en el vestuario. Ahí está Romero de Torres, “sin vestidos de lunares ni trajes de faralaes”.

El director ha querido también introducir dos elementos fuera de escala, esa gran cabeza de toro bravo o una gigantesca luna que sirve para subrayar la figura del bandolero, interpretado por el barítono Ángel Ódena, junto al que estarán la soprano Nicola Beller Carbone, en el papel de Soleá, y el tenor Gillen Munguía, que ha sustituido a Alejandro Roy en el rol de “El Macareno”.

Mañana jueves, a las 20.00 horas, se levantará el telón para cerrar la temporada de zarzuela en Oviedo, una responsabilidad más para Raúl Vázquez. Para el avilesino de Bilbao “debutar en el teatro donde empecé, donde canté por primera vez hace 22 años, es todo un privilegio”. El reto es importante. El último título del ciclo de teatro lírico ovetense fue “La del manojo de rosas”, en producción de Emilio Sagi, un montaje de hace 30 años que sigue siendo tan aplaudido como entonces, una propuesta, la de Sagi, “que cambió la concepción de la zarzuela en España”, dice Vázquez. A él le toca suceder al maestro. Algo que “es un gran reto, porque es uno de los grandes directores de escena, con el que he trabajado muchas veces en el Campoamor y del que he aprendido muchísimo”. Mañana y el sábado toca demostrarlo.

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