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Eduardo Serrano Jurista, nuevo catedrático de la Complutense

“Es una pena invertir en formar gente que luego se tiene que ir”

“Me especialicé en propiedad intelectual, las cosas han cambiado muchísimo y el derecho se ha tenido que ir adaptando”

El catedrático Eduardo Serrano, en su despacho. | LNE

El catedrático Eduardo Serrano, en su despacho. | LNE

El jurista Eduardo Serrano Gómez (Oviedo, 1974) obtuvo recientemente, por oposición, una cátedra de Derecho Civil en la Universidad Complutense de Madrid, donde ostentaba la titularidad de la materia desde hace más de una década. Serrano Gómez pertenece a una larga estirpe de juristas muy vinculada a Asturias. Su bisabuelo, Eduardo Serrano Branat, fue Catedrático de Derecho Civil en la Facultad de Derecho de Oviedo, presidente de la Diputación y Decano del Colegio de abogados. Su padre, Eduardo Serrano Alonso, también fue hasta su jubilación en 2012 catedrático de Derecho Civil en Oviedo, además de magistrado de la sala de lo Social. Es hermano de la magistrada Carolina Serrano y, su tío abuelo, José María Serrano Suárez también fue catedrático de Derecho Procesal en la Universidad de Oviedo.

–Imagino que haber crecido en la casa que ha crecido habrá influido en la elección de su carrera profesional.

–Cierta influencia, pero tuve libertad absoluta para elegir mi camino profesional. El verlo en mi casa a diario, supongo. Aunque a mis padres les hubiera dado una alegría si, por ejemplo, me hubiera dedicado a la medicina.

–Ha seguido la estela, pero se ha desviado del camino, hasta Madrid concretamente.

–Me formé en la Universidad de Oviedo, hice allí la licenciatura y el doctorado, pero no había sitio para continuar y me tuve que buscar la vida fuera. Es una pena que se invierta en formar a gente para que se terminen yendo. Es algo que pasa en toda España. En mi caso he recibido ayuda financiera de entidades asturianas y me he tenido que ir.

–¿La cátedra ha sido una recompensa?

–Es la combinación del trabajo de muchos años. En mi caso me ha llevado por varias universidades extranjeras y nacionales a lo largo de los años. Es un revulsivo para seguir trabajando, un aliciente. Aunque lo veo como un paso más y uno natural dentro de mi carrera académica; aún me queda mucho por delante.

–Se ha especializado en Propiedad Intelectual, un campo que, desde que se incorporó a la Universidad, habrá cambiado mucho.

–Empecé a trabajar en 1996 y me especialicé en propiedad intelectual. Veinte años después las nuevas tecnologías nos han superado y el derecho se ha tenido que adaptar e ir amoldándose a esta. Las cosas han cambiado muchísimo.

–Durante los años 2000 la guerra contra la piratería era constante y parecía que se perdía. ¿Han cambiado las tornas?

–Asistimos a un descenso lento, pero constante de la piratería. Gracias, sobre todo, a la existencia de nuevos servicios que te garantizan el uso legal de las obras que ofrecen. Aunque también es cierto que los autores suelen lamentar que la cantidad que reciben de estas plataformas digitales (Spotify, Netflix, HBO...) es bajísima. En España está pendiente de incorporarse una normativa comunitaria sobre intercambio de contenidos. La idea es contraprestar los intereses de todas las partes.

–El derecho siempre va por detrás de la sociedad.

–Es lo natural, porque resuelve las controversias que van surgiendo. Va por detrás, pero tiene que ser rápido, porque tiene que ser el instrumento que organiza nuestra vida. Suelo decírselo a mis alumnos de primero el primer día de clase, el derecho es algo que está presente las veinticuatro horas del día, mucho más de lo que se ve a simple vista.

–¿Qué tal la Complutense?

–Muy bien. Es una universidad enorme y muy diversa, cada facultad tiene su esencia, aunque muchas veces lo que trasciende a los medios sea la parte ideológica de la Facultad de Ciencias Políticas. Pero, ya le digo, es una universidad inmensa. Solo hay que pensar que tiene 40.000 alumnos, si lo llevamos a la escala asturiana, podríamos decir que es tan grande como Langreo.

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