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Los vecinos, hartos de los cambios de nombre de las calles de Oviedo: "Que no nos mareen"

Los afectados por el nuevo cambio del callejero a cuenta de la ley de Memoria Democrática piden que la solución sea definitiva

Margarita Barbón, ayer, en Comandante Caballero. | Luisma Murias

Margarita Barbón, ayer, en Comandante Caballero. | Luisma Murias

La voz de Joaquín Aguado sonaba firme y segura cuando destacaba la importancia de tener memoria. El trabajador de la calle Coronel Aranda, renombrada en 2017 y hasta principios de este año como Treces Rosas, manifestaba su preferencia por este segundo nombre a la vez que criticaba los constantes cambios a los que se somete el callejero de la ciudad. Es solo una de las múltiples opiniones que inundan las calles después de que el Gobierno regional diese seis meses de plazo al Consistorio para modificar de nuevo el nombre de 17 vías de la capital, las conocidas como “callejero franquista”.

Todo esto ocurre después de que en 2020 el equipo del PP y Ciudadanos aplicase el fallo que anulaba el cambio de nombre de las 17 calles, adoptado por la anterior Corporación. Ahora, a la espera de una nueva modificación, la ciudad se llena de indignación y todas las posiciones coinciden en que el cambio constante confunde a los ciudadanos. Eugenio Caravia, vecino de la plaza de la Gesta, manifestaba su oposición de manera rotunda. “Vine a vivir aquí con 11 años, tengo 66, y siempre se ha llamado plaza de la Gesta. Los ciudadanos lo que queremos es que no nos mareen y se preocupen por lo que importa de verdad”, aseguraba. Claudia Hernández, vecina de la calle Comandante Caballero, apuntaba también a la confusión que supone a la hora de realizar actividades habituales para quienes, como ella, tienen su domicilio en cualquiera de estas zonas: “Para pedir ropa o comida a casa tienes que indicar tu calle y yo a veces no sé cuál decir. Al final te llegan las cosas, pero es cierto que crea bastante lío”.

Mercedes Pedemonte, en la plaza de la Gesta, con su perra “Bamba”. | Luisma Murias

Dentro de los inconvenientes que los ciudadanos encuentran en el nuevo cambio están también las molestias que supone tanto para vecinos como comercios cambiar las domiciliaciones en bancos y compañías, así como renovar el material publicitario en el caso de las tiendas. “Creo que el cambio debería haberse hecho siguiendo un mayor consenso político. De esta manera, podrían haberse minimizado las molestias ocasionadas a los ciudadanos y haber evitado llegar a los tribunales”, explicaba Armando Álvarez, empleado de una oficina próxima a Calvo Sotelo.

En contraposición a los ciudadanos que se desentienden del carácter político y simbólico de la medida y se centran en al aspecto práctico, están quienes ven el debate más allá de la comodidad y deciden posicionarse. Bajo la placa de la calle Comandante Caballero, Margarita Barbón, ovetense de paseo con su pareja, comentaba que deberían utilizarse nombres de poetas y flores. Por otro lado, en la calle Calvo Sotelo, una vecina, Lucía Martínez, argumentaba que se debería buscar “un nombre con el que todo el mundo se pudiera sentir a gusto e identificado, pues la ciudad es de todos, pero la historia que cuentan esas placas solo representa a una parte de la población. Es importante buscar un nombre con el que todo el mundo comulgue”. En una postura totalmente opuesta, la vecina de la plaza de la Gesta Mercedes Pedemonte tachaba de censura el nuevo cambio: “Soy de la opinión de que la memoria de un país es la que es, y se debe respetar ambos lados. Estoy en absoluto desacuerdo con la ley de Memoria Histórica. Estamos renunciando a la historia en nuestro país”.

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