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El filólogo que iluminó la literatura

Luis Mateo Díez, García Montero, García Martín, Juaristi y Gamoneda retratan a un Alarcos generoso con el talento propio y ajeno

De izquierda a derecha, José Luis García Martín, Jon Juaristi, Josefina Martínez, Antonio Gamoneda, Luis Mateo Díez y Luis García Montero, ayer, en el salón de actos de la Biblioteca del Milán. | | IRMA COLLÍN

Mucho se teme Luis Mateo Díez que de no haber conocido a Emilio Alarcos su vida hubiera sido “un desperdicio”. Lo conoció en Oviedo, donde llegó de “jovenzuelo”, en sus años universitarios y huyendo de los líos en los que se había metido en Madrid. Encontró la “ciudad oscura”, pero en ella hizo “amistades luminosas” y, sobre todo, encontró a sus dos maestros, a Emilio Alarcos y al escritor Ricardo Gullón. “Es impagable haber encontrado a esos maestros que te iluminan y te abren el camino”, agradeció ayer el novelista.

La capacidad de descubrir y apoyar el talento joven fue una de las facetas de Alarcos retratada ayer, en la mesa redonda en la que narradores y poetas se acercaron, por distintos caminos, al Alarcos literario y que moderó la profesora de Filología española María Martínez-Cachero.

El poeta Antonio Gamoneda mantuvo con Alarcos una amistad de más de 50 años que empezó con una conversación sobre la primera palabra pronunciada por un “Homo erectus”. En su opinión, “Alarcos podría ser un fonólogo iluminado por el poeta”. “El poeta Alarcos resemantiza las palabras para que sean creadoras de una realidad que está solo en el poema”, explicó.

El poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, recordó los “momentos inolvidables” vividos en Oviedo con Alarcos y sus amistades literarias y filológicas. Entre ellos, el poeta Ángel González, cuya memoria estuvo muy presente ayer. De Alarcos dijo que “dentro del rigor por el conocimiento lo que latía era el amor por la palabra” y dejó constancia, en un reconocmiento público, del esfuerzo que el maestro hizo para que se le concediera el premio “Príncipe de Asturias” a José Hierro. Cuando Ángel González intento hacer lo propio con él, contó, “su candidatura desapareció de la noche a la mañana”. Alarcos solía decir que sus trabajos sobre poetas como Blas de Otero o Hierro le habían dado “fama de rojillo”.

El profesor y poeta José Luis García Martín señaló que Alarcos “escribió mucho pero publicó pocos libros”, de modo que “en los años 70 buena parte de su obra era desconocida”. “Algo que había que hacer era reunir esos trabajos en una obra”, explicó. Él mismo se implicó en esa tarea y en 1997 se encargó de la publicación de su libro sobre la poesía de Blas de Otero.

Jon Juaristi habló del Círculo de Praga y del primer fonólogo, Nikolai Trubetskoi, para dar contexto al trabajo de Emilio Alarcos, que “separa la poética radicalmente de la lingüística”, señaló.

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