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Hasta las entrañas de la basílica de Covadonga

El Arqueológico acoge la exposición de fotografías de Daniel A. Fervienza que dan a conocer la construcción del santuario

La basílica en construcción sobre el cerro del Cueto (1895). | Daniel Álvarez Fervienza

La exposición "Covadonga en la mirada fotográfica de Daniel Álvarez Fervienza" fue inaugurada el mes pasado en la Casa de Cultura de Cangas de Onís y ayer viajó hasta el Museo Arqueológico de Asturias, donde se podrá visitar hasta el 11 de septiembre. No podía ser que una de las muestras que, a buen seguro, más se van a recordar del año de la celebración de los 1.300 aniversario de la batalla de Covadonga, no se acercara más aún al público buscándole un lugar para el disfrute en la capital de Asturias.

Antonio Diego Llaca, durante la visita guiada en la inauguración de la exposición de las fotografías de Daniel Álvarez Fervienza. | C. Jaquete

La exposición supone que por primera vez salgan a la luz, agrupadas y en una exposición ex profeso, una colección de fotografía muy poco conocidas que documentan la construcción de todo un símbolo de Asturias: la basílica de Covadonga. Y con ellas, también, la transformación de todo el entorno. Fue el asturiano Daniel Álvarez Fervienza, natural de Somiedo, quien fotografió entre 1890 y 1910 esas obras para disfrute, ahora, de todos las que las descubren.

Un visitante observa las fotografías de Daniel Álvarez Fervienza en el Museo Arqueológico de Asturias | C. Jaquete

En la se pueden ver con detalle 50 de las algo más de 200 placas fotográficas captadas por Fervienza. A través de ellas uno tiene la posibilidad de ir acompañando las diferentes fases de construcción del santuario, aliñado con algunos retratos y momentos de trabajo de los propios obreros. En esta ocasión la muestra es algo más reducida que la que se vio a principios del verano en Cangas Onís. "He tenido que adecuarlo al recorrido de este espacio", explica Antonio Diego Llaca, comisario de la exposición.

Camarín de la Virgen (1895). | Daniel Álvarez Fervienza

Dice Llaca que "lo que más llama la atención es la calidad de las fotografías pese a ser del siglo XIX". El objetivo es simple: "dar a conocer este documento didáctico y artístico de Daniel A. Fervienza que hasta ahora era desconocido".

Autorretrato de Daniel Álvarez Fervienza 1896. Daniel Álvarez Fervienza

Llaca es el biznieto del fotógrafo. "Su obra llegó a mí cuando las hijas de Fervienza murieron. Cuando recogimos sus enseres encontré las placas fotográficas de mi bisabuelo y las puse a buen recaudo. Después las traté, las limpié, las ordené y las clasifiqué, y finalmente hice esta exposición", relata Llaca, quien llevaba mucho tiempo tratando de sacar a la luz la obra de su antepasado.

La basílica de Covadonga con muchos puestos de mercado, que fueron muy polémicos, el día de su inauguración. | Daniel Álvarez Fervienza

"En 2018 lo intenté con motivo del centenario de la coronación de la Santina", pero no surgió la ocasión hasta ahora, con motivo del 1.300 aniversario de la batalla de Covadonga, cuando la Consejería de Cultura, Política Lingüística y Turismo del Principado le brindó la oportunidad, convirtiéndose en todo un privilegio para quien visite el museo. Los retratos estuvieron muy presentes en esta obra fotográfica en Covadonga, donde Fervienza innovó en sus posados usando además otros formatos y tamaños de presentación. Los protagonistas de estas fotografías eran los canónigos y grupos de laicos relacionados con el Real Sitio, así como visitantes, autoridades y peregrinos.

Grupo de autoridades en el día de la consagración de la basílica de Covadonga, en 1901. | Daniel Álvarez Fervienza

Fervienza pudo documentar las obras del Santuario gracias a su buena relación con Máximo de la Vega, canónigo impulsor de los trabajos y encargado de la misma, lo que le otorgó el privilegio de ser el primero en conseguir fotografiar la transformación del enclave.

Vista de la fachada durante la construcción. | Daniel Álvarez Fervienza

Ya por aquel entonces unas pocas de esas imágenes obtuvieron un gran reconocimiento y fueron publicadas en algunas revistas de la época como en "La Ilustración española y americana", que sirvieron para mostrar en 1901 la inauguración de la Basílica de Covadonga, y en ese momento destacaron las fotografías a obispos que asistieron a la consagración del lugar.

Además, en 1902, creó la primera colección de postales del entorno, compuesta por diez imágenes, un concepto novedoso pero que supuso "una auténtica revolución al permitir la difusión masiva de la imagen de Covadonga", asegura Berta Piñán, consejera de Cultura, Política Lingüística y Turismo del Principado. La comercialización de esas imágenes del templo de Covadonga sirvió para ayudar la recaudación de fondos para la misma, además de hacer una gran labor publicitaria del que se convertiría en un emblemático lugar.

Fervienza nació el 18 de abril de 1857 en Arbeyales, Somiedo, en una familia campesina. Durante su juventud se trasladó a estudiar a Madrid, donde se graduó como maestro de primera enseñanza. Aquí se cree que pudo empezar su inquietud por la fotografía, aunque no se conoce con exactitud las circunstancias en las que Fervienza empezó interesarse en este mundo. "Supongo que en Madrid tendría buenas relaciones en ese mundo", indica Llaca. "El era un profesional de las ciencias experimentales. Un hombre muy inquieto e innovador". Su biznieto pone especial énfasis en la verdadera vocación del autor. "Se debe valorar su figura no solo como fotógrafo, sino también como el maestro que fue toda su vida".

Compaginaba su vocación de maestro con su pasión por la imagen "para ganarse la vida, ya que tenía que alimentar a sus seis hijos", indica Llaca. En 1886 abrió al público una galería fotográfica, en el piso superior de la casa-vivienda de la escuela pública de Llanes. Más tarde abrió un taller y estudio de fotografía donde realizó principalmente relatos en estudio, ya que era el producto más demandado. Aunque tampoco faltó la fotografía de exterior, ya sean paisajes, romerías o fiestas, además de imágenes de palacios y casas de indianos como la casa del Conde de la Vega del Sella en Nueva o el palacio del Marqués de los Altares en Llanes. De esta localidad tiene capturadas unas 1.000 placas, aunque nunca se han expuesto.

La obra de Fervienza no solo se centra en Llanes y Covadonga, también tomó un gran número de fotografías en su tierra natal, Somiedo, donde nació su amor y sensibilidad por la naturaleza. Durante le verano de 1894 capturó imágenes de los valles de Saliencia, los "teitos" de El Valle... También le interesó Oviedo, Avilés, Gijón y otros muchos puntos de la región.

Fervienza abandonó de forma profesional la fotografía cuando se trasladó a Oviedo para ejercer de maestro. Aunque continuó durante un tiempo captando imágenes e interesándose por la tarjeta postal, centrando su interés en la ciudad y sus alrededores. Pero pronto se volcó totalmente en su labor pedagógica y tan solo hizo alguna fotografía de su entorno familiar de forma esporádica.

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