Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Carlos Fernández Llaneza

Sorpresa en la capilla de los Vigiles

La aparición de una noticia sobre el “Titanic” durante la restauración del templo

Pueden estar seguros de que en cualquier rincón de la Catedral que visiten encontrarán algún detalle que merecerá la pena. Tantos siglos de historia han dejado un poso indeleble. No está de más recordar que en este 2021 celebramos la efeméride del mil doscientos aniversario de la consagración de la Sancta Ovetensis, una herencia de piedra, arte, cultura, fe e historia que ha enriquecido –¡y de qué manera!– nuestra ciudad. Por tanto, no es extraño que en cualquier vericueto de nuestro templo podamos encontrar alguna sorpresa.

Voy a narrarles una. Sitúense en la capilla de los Vigiles. Esta capilla se encuentra en el mismo sitio en el que estaba la de los santos Fabián y Sebastián. Para el que fuera deán de la Catedral, José Cuesta: “Corresponde al primer periodo del barroco, por tanto es la primera de ese estilo y puede clasificarse en el Herreriano. Es sencilla, esbelta, sin duda, la mejor de las de la Catedral”. Esta capilla fue fundada por Juan Vigil de Quiñones, asturiano, canónigo de la catedral con la dignidad de Arcediano de Ribadeo, luego obispo de Valladolid y más tarde de Segovia. En su testamento dejó treinta mil ducados para construir la capilla donde debía ser sepultado. Fue encargada en 1627 al arquitecto Juan Naveda, sobre un modelo basado en el Panteón de Roma, con óculo abierto. Dada la climatología ovetense, finalmente se cubrió con una linterna. La obra, iniciada en 1628, sufrió notables retrasos y el traslado de los restos de Vigil, fallecido en Segovia en 1617, no se produjo hasta el 20 de marzo de 1640, tras la conclusión de la obra, en marzo, por los maestros Juan del Manzano y Fernando de la Huerta.

Los restos del periódico con la noticia sobre el hundimiento del “Titanic”.

En octubre del pasado año concluyó un proceso de restauración que, en cierto modo, se había iniciado hace dos décadas, solucionando el grave problema de humedades. Al inicio de las obras, los arqueólogos hallaron un muro de piedra con mortero calcáreo y diversos suelos de época medieval. Aunque alterados por la presencia de tumbas, todo apunta a que pudiera tratarse de vestigios de un templo prerrománico del siglo IX; concretamente, la iglesia de Santa María del Rey Casto. Aurelio de Llano, a comienzos del siglo XX, excavando en el interior de la capilla, encontró el cierre del Panteón. En 1999, otro arqueólogo, César García de Castro, aventuró que ese templo se hallaba en ese emplazamiento como así se confirmó. Pero este hallazgo, que a nadie sorprendió especialmente, no es la sorpresa a la que me refiero.

Al margen de la propia historia de la capilla, interesante sin duda, vamos con la pequeña curiosidad que les anunciaba al principio. Durante el proceso de restauración tuvo lugar un hallazgo que llamó, sin duda, la atención: unas páginas de periódico. Es de suponer que, en algún momento, como suele ser usual en la colocación de la primera piedra de una construcción en la que se introducen en una especie de cápsula del tiempo periódicos del día, en algún momento de 1912 se hiciera lo mismo en la capilla. Y en esas páginas de 1912, muy deterioradas lógicamente por el paso del tiempo, se encuentra información, nada más y nada menos, que del hundimiento del “RMS Titanic”, una de las noticias más relevantes de aquellos años, que conmocionó al mundo y sigue generando atención aún hoy en día. Páginas de periódico que permanecieron aletargadas durante casi un siglo a la espera de ver, sorpresivamente, de nuevo la luz.

Ya ven, una gran historia por sí misma, engarzada dentro de la historia de nuestro templo principal que, no alberguen duda alguna, guarda aún, celoso, muchos secretos por revelar.

Compartir el artículo

stats