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Carlos Fernández Llaneza

¿Ronda Norte? No, gracias

No es la primera vez que escribo sobre la Ronda Norte y, de seguir con el inexplicable empecinamiento en la construcción de esta vía, sospecho que no será la última. Una ciudad que debate es una ciudad viva. Sin duda. Confrontar ideas es necesario y enriquecedor siempre y cuando se elimine de la discusión todo tipo de sectarismo, partidismo e intereses oscuros que desvirtúen los argumentos. Vivimos en una sociedad excesivamente polarizada, circunstancia que dificulta aún más una controversia serena. Los mensajes sin contrastar, las noticias falsas y la crítica fácil desde el anonimato que brindan las redes sociales tampoco ayudan. Con relación al debate sobre la Ronda Norte se esgrime como argumento, no menor, a favor de esta infraestructura que sería el bálsamo de Fierabrás que mejoraría la fluidez del tráfico en toda la zona oeste de la ciudad; pues bien, desde el respeto a los que defienden esa postura sostengo que la Ronda Norte es anacrónica, innecesaria e inasumible tanto económica como medioambientalmente. Intentaré argumentar por qué estoy en contra, al igual que muchos otros ovetenses.

Hay alternativas más rápidas, económicas y menos agresivas. Conexión en San Claudio a la autovía A63 que discurre a escasos metros. Acceso a la glorieta de la Pixarra desde Las Campas que facilitaría la salida a la ronda exterior. Desdoblamiento de Nicolás Soria cuanto antes; asistimos a demoras intolerables en esta obra. Desdoblamiento de la salida de Praos de la Fuente a la glorieta de Luis Oliver. Pinchazo por detrás del Fundoma a la ASII.

El tráfico del futuro no será el actual. Según el “Plan de movilidad multimodal en el área metropolitana de Asturias 2018-2030” encargado por el Principado de Asturias, el tráfico de vehículos particulares disminuirá en un 40%. Las licencias de nuevos conductores se están reduciendo drásticamente. En diez años han pasado de 800.000 a 200.000. Estudios monitorizados por el propio Ayuntamiento en mayo de 2018 revelan que más de la mitad del tráfico es interno y podría realizarse caminando en un tiempo máximo de 15 minutos. En este estudio destaca, asimismo, que los ciudadanos consideran prioritario la mejora del transporte público, la implantación de carriles bici y la minimización del ruido urbano. Por otra parte, difícilmente encaja una autovía de estas características con la “Estrategia de movilidad sostenible e inteligente” y el “Pacto Verde” de la UE.

Buena parte de los problemas puntuales de tráfico de la zona oeste se generan por la afluencia de padres y alumnos en vehículos particulares a los numerosos centros educativos en ella ubicados y por el movimiento de trabajadores en la zona del polígono industrial de Ciudad Naranco; ¿sirve para algo la Ronda Norte en este caso?

No se puede soplar y sorber al mismo tiempo. Es imposible. Por tanto, no podemos hablar de una gran iniciativa como es el “Anillo Verde” y, simultáneamente, permitir realizar un “Anillo de asfalto y hormigón”. Por pura coherencia. A la vez, queremos potenciar el Camino de Santiago, iniciativa loable y necesaria, con el lema “Oviedo, origen del Camino” y permitir destrozar parte del camino como así ocurriría con la mayoría de trazados propuestos; no olvidemos que este camino es Patrimonio de la Humanidad desde 2015. Asimismo, ambicionamos esa declaración y reconocimiento para la ciudad mientras pretenden una autovía a escasos metros del área de protección del prerrománico. ¿Qué opinará la UNESCO?

La Ronda sería un auténtico hachazo al Naranco y a la zona oeste. Irreversible. Estamos intentando coser la herida de la ronda sur o de la entrada por Santullano y a la vez planeamos un nuevo tajo en una de las zonas de mayor potencial medioambiental, histórico, cultural y etnográfico de Oviedo. Estoy convencido de que se lamentaría esta obra, en un futuro no muy lejano, de la misma manera que nos arrepentimos del derribo de los Pilares, del Vasco, del chalet de Concha Heres y de tanto patrimonio que no se supo conservar.

Debe potenciarse el transporte público. En la zona oeste circula el tren. Es necesario buscar fórmulas que incentiven su uso por encima del coche privado. Es conveniente promover el uso de la bicicleta y el tránsito peatonal.

El coste económico, en un futuro de inevitables restricciones presupuestarias, no sería pequeño. Según estimaciones realistas se puede estar hablando de doscientos millones de euros y, ya se sabe, no hay obra en este país que no lleve sobrecostes añadidos. Tocamos a mil euros por ovetense en números redondos.

La afectación a todos los vecinos por ruidos y humos sería más perjudicial que los supuestos beneficios en una zona, no lo olvidemos, con once centros educativos. ¿Qué opinan los vecinos de Praos de la Fuente, La Florida y los numerosos usuarios del Paseo de Valdeflora / Pista Finlandesa o el parque Purificación Tomás?

Se argumenta, asimismo, que la opción del túnel no tendría impacto alguno en el Naranco. Bien. Asumamos que así fuera, resultado cuestionable. Pero, ¿por dónde accederían entonces los vecinos de Praos de la Fuente, Ciudad Naranco, Vallobín o la Florida a un túnel que se iniciaría en el entorno de Pando y saldría algo más allá de Las Campas? ¿Harán un acceso al túnel cada quinientos metros?

Por último, Oviedo ya tiene una ronda exterior. Todavía se leía en este diario hace unos días, citando a fuentes del equipo de gobierno: “Somos la única ciudad del país que no tiene una ronda exterior completa”. Tenemos una ronda por la Bolgachina que une perfectamente la A63 con la A66 y a la que se podría acceder fácilmente desde la zona oeste. Supongo que Gijón, Santander o San Sebastián no se plantearán una ronda completa de la ciudad a no ser que tracen una autovía por encima del mar.

En resumen, olviden obras faraónicas, innecesarias y agresivas y construyamos una ciudad más amable. Centremos los esfuerzos en conseguir la adhesión de Oviedo al “Acuerdo de Ciudad Verde”, un movimiento formado por ciudades europeas comprometidas con la conservación del medioambiente, con la mejora de la calidad del aire y del agua, conservar y mejorar la naturaleza y la biodiversidad, fomentar la economía circular y reducir el ruido en las ciudades. Ese sí sería un reto interesante.

Por mi parte, recordando aquel eslogan famoso en toda Europa en los 70 contra la energía nuclear, afirmo: ¿Ronda Norte? No, gracias.

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