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Jonathan Mallada Álvarez

Crítica / Música

Jonathan Mallada Álvarez

El áureo león y la polifonía dorada

La formación luanquina se exhibe con el “Officium defunctorum” de Victoria

La complejidad interpretativa de un repertorio tan concreto como la polifonía de los siglos XVI y XVII requiere un sinfín de virtudes vocales y supone una exigencia máxima para los coristas por la intensidad de las piezas, donde el canto a cappella (en un contrapunto perpetuo) dificulta gravemente la afinación o el equilibrio entre las distintas cuerdas. Sin embargo, “El león de oro” se ha destacado por aunar todas estas cualidades con el valor añadido que supone mantener a la agrupación en una constante renovación, resultando en la actualidad un coro joven, pero sin mermar un ápice sus estándares de calidad. Todo ello se demostró en el concierto del pasado viernes, donde los gozoniegos ejecutaron, con magistrales resultados, una de las obras cumbre de Tomás Luis de Victoria: El “Officium defunctorum”.

Los pupilos de Marco Antonio García de Paz, perfectamente equilibrados (17 mujeres y 16 hombres), supieron imprimir la pulsación que requería cada uno de los números de Victoria sin que decayera el tempo en ningún momento. “El león de oro” se recreó en la articulación de las frases musicales, trenzadas con mimo por los luanquinos, ensamblando a la perfección cada uno de los retardos y anticipaciones tan característicos de este repertorio, como un puzzle renacentista de mil notas musicales que van encajando en perfecto orden.

Entradas precisas y directas, afinación impoluta, unas invocaciones etéreas en voz de las sopranos y unos finales cuidados muy favorecidos por la acústica del templo donde, a pesar del ya habitual uso de las mascarillas, flotaban los armónicos de “los leones”, siempre con el volumen adecuado. El kyrie y el Sanctus destacaron por la combinación entre la pulcritud de las voces agudas y la potencia y el poderío de las graves, pero sería el Agnus dei el que generase una gran expresividad gracias a la indescriptible belleza de su melodía y a la esmerada interpretación por parte de todos. Una de esas audiciones que te reconcilian con el género humano.

El motete “Versa est in luctum”, de Alonso Lobo, dejó un respeto máximo por el texto que se tradujo en una dicción excelente y en un sonido brillante y bien timbrado por parte del coro, bien empastado durante todo el concierto y con un sonido cálido y envolvente. En definitiva, un león áureo para un programa de dorada polifonía.

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