Gastón Brugman | Centrocampista uruguayo del Real Oviedo

“Podemos subir, pero si nos creemos ser más que los demás el golpe será duro”

“En la temporada 2013-14 me salió un buen año, pude ir al Atlético de Madrid, pero me rompí el cruzado”

Brugman, jugador del Oviedo, ayer en El Requexón.

Brugman, jugador del Oviedo, ayer en El Requexón. / LUISMA MURIAS

Gastón Brugman (Rosario, Uruguay, 1992) acaba el entrenamiento en El Requexón y acude a la cita con LA NUEVA ESPAÑA con su inseparable mate. Sin soltarlo hace balance sobre una carrera, la suya, en la que todo fue muy rápido. Con catorce años cambió Rosario por Montevideo. Con quince Montevideo por Empoli. Ahora está en el Oviedo cedido por el Parma y es uno de los jugadores azules más destacados en lo que va de temporada.

–¿Por qué es futbolista?

–El primer regalo que me hicieron de pequeño, siendo muy chico, fueron unas botas de fútbol. El segundo fue un arco (portería) y una pelota. Al año ya pateaba, porque empecé a andar a los ocho meses. Desde pequeño me gustaba el balón y empecé a jugar en un equipo a los cuatro años.

–¿Tenía claro que quería ser futbolista?

–Soñaba jugar en Primera, pero nunca pensé que llegaría a lo que soy hoy.

–Con quince años se fue a jugar Italia, ¿era demasiado joven?

–En mi carrera todo pasó demasiado rápido. Con 14 años cambié de ciudad y con quince, de país. Estaba jugando en mi ciudad, Rosario, y a los 12 años vino Peñarol a hacer un camping (campamento). Me vieron jugar y me ficharon para las categorías inferiores. El primer año iba y venía, porque tenía que estudiar. Al siguiente año me fui a vivir a Montevideo, que es la capital. Tenía solo 14 años y me mudé con mi primo.

–¿Se le hizo difícil?

–Fue duro, tuve que madurar rápido. Pasé de un pueblo de 10.000 habitantes a una ciudad con un millón y medio. Mi primo me lo hizo muy fácil. A partir de ahí vino lo del Empoli. En tres años cambió mi vida por completo.

–¿Cómo se produjo su salto a Europa?

–En un torneo Sudamericano su-15 hicimos una buena campaña con Uruguay y nos vieron ojeadores de todo el mundo. Estaba Gabriel Tubaldo, que trabaja con Mino Raiola. Fue el primero que me vio y me presentó la propuesta del director deportivo del Empoli.

–¿Conoció a Tabárez, exseleccionador de Uruguay y extécnico del Oviedo?

–Yo empecé en la sub-15 cuando él llegó a la absoluta. El Maestro estaba muy cerca, no era nuestro entrenador, pero organizaba todo. Cuando hablaba, llegaba. Aquí, en Oviedo, me dijeron lo que hizo y sé que dejó su marca en El Requexón.

–En Italia le apodaron el “Pirlo del Pescara”.

–En la temporada 2013-2014 me salió un buen año y fue por eso. Cuando faltaban cuatro partidos me rompí los ligamentos cruzados. Antes se hablaba de que podía ir a equipos importantes, como el Atlético de Madrid, pero no se dio. Yo seguía con Mino Raiola y en verano trató de que se hiciese, pero no fue posible.

–¿Qué tal es Mino Raiola en las distancias cortas?

–Es tranquilo, como se ve. Defiende mucho a sus jugadores y hace su trabajo realmente bien.

–Estuvo en Italia más de diez años, ¿en qué equipo se lo pasó mejor?

–De cada lugar me llevo cosas. Lo que viví en el Pescara fue hermoso: terminé siendo capitán en la Serie A. La etapa del Empoli fue muy bonita. Cambiar de Uruguay a Italia sin saber nada, todo nuevo… Mi hermana se vino conmigo, estudió en Roma y ahora es arquitecta. En Parma también estuve muy bien. Cada etapa me la llevo conmigo

–¿Cómo se vive allí el fútbol?

–Se vive mucho, sobre todo en el Sur, donde son mucho más calientes. En realidad, se vive de forma parecida a España, aunque allí se habla más de táctica.

–¿Cómo es usted más allá del fútbol?

–Tengo una hija de un año. En mis ratos libres estoy con ella y trato de darle lo mejor. Soy un tipo tranquilo, me gusta estar en casa y disfrutar de la familia. Mis padres y mi cuñado están aquí en Oviedo y mis suegros se unirán para pasar aquí las Navidades. Disfruto de los momentos y valoro el día a día. Sobre todo, el hecho de tener una hija y verla crecer.

–¿Qué tal lleva la fama?

–Soy vergonzoso y trato de evitar que me reconozcan por la calle, pero lo llevo bien. Los futbolistas tenemos que dar ejemplo a los niños pequeños que nos tienen como referentes.

–Llegó a Oviedo en el último día de mercado.

–Fue todo muy rápido. Con el Parma, que descendió, fue un tira y afloja continuo. Al principio de mercado me dijeron que era uno de los referentes y que me iba a quedar. Luego vino un nuevo entrenador y las cosas fueron cambiando. Cuando faltaba una semana de mercado me dijeron que me tenía que ir sí o sí y me chocó muchísimo porque no lo entendía, sobre todo por la buena temporada que había hecho. Además, al principio de mercado tuve la posibilidad de irme al Cádiz y no me dejaron salir.

–¿Se puso nervioso?

–Faltaba una semana de mercado y tuvimos que buscar a un equipo que necesitara un centrocampista. Faltando dos días me escribió mi representante y me dijo que había una posibilidad en España, en el Oviedo.

–¿Le sonaba de algo o tiró de Google?

–Había escuchado hablar del Oviedo cuando estuvo Carlos de Pena y Fabbrini. Me sonaba, pero no sigo la Segunda División española y tampoco miro mucho fútbol. Vi la ciudad, me informé y me di cuenta que era una buena opción. Había una oferta de la Serie B, pero prefería ir a España.

–Llego sobre la bocina.

–¡Puf! Hasta el último segundo no lo sabíamos. Eran las dos de la mañana y todavía no sabía dónde iba a jugar. Mi representante me dijo que estuviese tranquilo, que no era oficial, pero que habían llegado los documentos. Pero, claro, hasta que no se hizo oficial… A la mañana siguiente todo estaba arreglado y me mandaron los billetes de avión.

–¿Se arrepiente?

–Para nada. Aquí se vive muy bien, estoy muy a gusto en la ciudad y en el club. Conocía a Borja Bastón de enfrentarnos con la selección sub-17. Siempre me dice que nos metió dos goles. Lo que me sorprende del Oviedo es el gran grupo humano que hay. Todos son responsables y quieren ayudar. Eso me chocó al principio. En Italia a veces se pierde esa mentalidad, pero aquí hay un grupo unido. En el vestuario hablamos de todo.

–¿Y qué dicen sobre el objetivo del equipo?

–El objetivo es hacer los máximos puntos posibles e ir partido a partido. Vernos arriba en la tabla nos genera ilusión, pero si nos creemos que somos más que los demás nos daremos un golpe duro. Lo mejor es ser humilde, respetar a todos los equipos e imponer nuestro juego, como ante el Valladolid. Esa es la imagen que tenemos que dar.

–¿Qué tiene que pasar para que se quede?

–Subir a Primera División, ahí estaría la opción si el Oviedo activa la cláusula de compra.

–Estará muy interesado en ascender, entonces.

–Yo vine al Oviedo porque el club me quiso y con el equipo que tenemos se puede dar la posibilidad de poder subir a Primera División. El sueño y las ganas ahí están. Estamos en el buen camino.

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