18 de febrero de 2012
18.02.2012

Retrato de la adulta adolescente

Agridulce crónica de una mujer en crisis que regresa a sus orígenes, rodada con estilo y escrita con gracia

18.02.2012 | 01:00

Algunas comparaciones no son ociosas. Young adult es el contrapunto femenino de Beautiful girls, aquella película que dejó huella reluciente en una generación con su retrato del desencanto masculino en la edad madura. Historia de un regreso a las raíces profundas del pasado. A la familia, a los viejos amigos, a los compañeros de estudios. A las fiestas de fin de curso y los primeros amores. Desamores, confusión, fugas. La vida aparentemente tranquila y «sana» de un lugar pequeño opuesta a las prisas y contaminaciones de las grandes ciudades. Charlize Theron (se adueña de la película con autoridad desde el primer plano y no la suelta ni un segundo, qué maravilla) quiere salir de su laberinto por la puerta de (lo que dejó) atrás y recuperar al hombre por el que un día bebió los vientos a grandes sorbos. Lo malo es que él está casado y con hijo. Así que lo deja todo y se lanza, como Julia Roberts en La boda de mi mejor amigo, a la egoísta y un tanto presuntuosa tarea de arrancarlo del hogar dulce hogar para que penetre de nuevo en su vida.


A diferencia de Juno o Up in the air, que empezaban muy bien y se iban desinflando poco a poco hasta quedarse en los huesos al final, Young adult no es tan tramposa y reserva para su conclusión un mensaje menos complaciente y falso, y por ello más creíble y valiente. Diablo Cody le da a Reitman un guión bien equilibrado entre drama y humor con un personaje central matizado y algunos secundarios que refuerzan las costuras de la historia, y Reitman responde con una puesta en escena eficaz y volcada en los rostros de sus personajes: cada gesto, cada mirada es importante. La mezcla de sensaciones domina la película: por un lado se crea una afinidad con esa mujer en el umbral de la madurez que intenta recuperar el esplendor de su juventud por la vía de los amores perdidos, sin importarle hacer el ridículo, pero, por otro, cuesta identificarse con sus métodos poco ortodoxos para lograrlo. Y cuando la historia parece que no da más de sí y hay amenaza de desfallecimiento, Cody se saca de la manga dos cartas marcadas por lo inesperado. Por un lado, la peculiar y lúcida relación con un antiguo compañero con serios problemas físicos, y que desembocará en una escena tan emotiva como dolorosa. Y, por otro, el drástico giro final en el que se da la vuelta a la tortilla y el mensaje inicial se va a hacer gárgaras para dar paso a otro radicalmente distinto, bastante más audaz y corrosivo que Juno y Up in the air. No será Young adult un título que marque a toda una generación, pero su condición de película inteligente y de honesta insolencia hace que su presencia pellizque la adormilada cartelera para espabilarla un poco.

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