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Unánime aplauso a "Rigoletto"

Los tertulianos subrayan la magnífica impresión que dejó el estreno de la ópera de Verdi y destacan la intensa interpretación del barítono Juan Jesús Rodríguez

Unánime aplauso a "Rigoletto"

Unánime aplauso a "Rigoletto"

Oviedo, Andrea G. TORRES

La tertulia sobre "Rigoletto", el último título de la Temporada 2016-17 de la Ópera de Oviedo, se celebró el viernes por la tarde en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.

RAÚL GARCÍA: "'Rigoletto' es un título magnífico. La encrucijada de Verdi en la historia de la ópera? Todo lo relacionado con las maldiciones. Una ópera sencillamente fascinante".

IGNACIO MARTÍNEZ: "Ha sido un buen colofón para esta temporada. No sólo por el título en sí mismo, sino también por el elenco de cantantes, especialmente los tres protagonistas; algo que no se ve muy a menudo".

MIRIAM PERANDONES: "En la función del jueves yo querría resaltar a Juan Jesús Rodríguez, porque aunque es cierto que los tres lo hicieron muy bien, él supo emocionar al público de una forma especial, y eso se dejó notar en los aplausos del público. En el aria 'Cortigiani vil razza dannata' pudo verse una evolución estupenda; desde el comienzo, con esa furia inicial que va desnudándose y convirtiéndose en una súplica, o incluso una petición de perdón. Cantó muy bien y supo transmitir todos esos sentimientos. Para mí fue, sin duda, uno de los momentos cumbres de la ópera".

IGNACIO MARTÍNEZ: "Juan Jesús tiene este papel totalmente interiorizado. Le vi el año pasado en Madrid y vocalmente me gustó más que el jueves. Ahora su voz está llena de matices y su interpretación ha mejorado muchísimo".

RAÚL GARCÍA: "Coincido plenamente con todo. Verdi siempre decía que hay dos tipos de hombres: 'los tenores y los demás'. Si hubiese estado el jueves en el Campoamor, seguramente habría incluido como excepción al barítono Juan Jesús Rodríguez que hace un Rigoletto tan sublime desde el punto de vista vocal y artístico".

MIRIAM PERANDONES: "Hay que apuntar también que además estaba enfermo".

IGNACIO GONZÁLEZ: "Parece que estamos todos de acuerdo. Tanto Celso Albelo como Jessica Pratt me gustaron mucho, pero Juan Jesús fue espectacular. Personalmente me gustó el color vocal tan oscuro que le dio a la voz cuando se muere Gilda en sus brazos. En la oscuridad de su voz se notaba la tristeza, la amargura y la rabia de esa maldición que tanto luchó en vano por evitar. Después, el personaje de Rigoletto es extremadamente difícil por todos los cambios que experimenta a lo largo de la ópera, ya que no es el mismo cuando está en la corte que cuando está con su hija. Desde el punto de vista de la interpretación lo ha bordado. No estoy tan de acuerdo con la interpretación de Celso".

MIRIAM PERANDONES: "¿Te refieres a la escenografía impuesta?".

IGNACIO GONZÁLEZ: "Sí. Pretendieron darle un sentido cómico al duque de Mantua, llevarlo un poco al presente, con un personaje tan caradura, alguien que podría formar parte de la sociedad actual, y Celso Albelo no ha sabido encauzar esa vis cómica. No le vi cómodo con esta propuesta escénica, pensemos por ejemplo en el baile encima de la mesa?".

IGNACIO MARTÍNEZ: "Para mí es un problema de dirección escénica, no del propio Celso. Yo creo que en la concepción en la escena de 'La donna è mobile' le falta ironía y le sobra vulgaridad. Es mucho más dramático el distanciamiento que se produce cuando se canta con sorna, que ese baile de cintura alrededor de la mesa que hizo. Creo que además esa performance que tiene que hacer le obliga en algunos momentos a forzar la voz. Yo considero que ante una propuesta escénica distinta lo habría hecho mucho mejor".

IGNACIO GONZÁLEZ: "Pero no se limita sólo a esa escena porque le noté en muchos casos sobreactuado. Incluso cuando tiene que mostrarse completamente enamorado de Gilda no me pareció creíble".

MIRIAM PERANDONES: "Sí, yo también le vi incómodo".

JAVIER ALMUZARA: "En ese último acto la escenografía muestra la total degeneración moral del personaje del duque, muestra los vicios intemporales, y es al mismo tiempo un espejo en el que puede mirarse la sociedad actual. Desde ese punto de vista me funcionó muy bien. El montaje tiene también aciertos que son muy sutiles, como cuando aparece Monterone y anuncia la maldición, parece que viene desde el futuro a anunciar lo que va a suceder. Añado una cosa más que me pareció brillante en la puesta en escena, y es que en ese momento Rigoletto y Monterone se intercambian los sombreros, es decir, Rigoletto pretende hacerle pasar por un bufón que está estropeando la fiesta, pero en realidad lo que hace Monterone es colocar a Rigoletto en el lugar del padre al colocarle su sombrero".

MIRIAM PERANDONES: "La propuesta escénica a mí me gustó, aunque es cierto que toda esta escena que rodea a 'La donna è mobile' me chirrió, pero me pareció muy coherente porque trata de ridiculizar al personaje del duque, que es ridículo desde que sale a escena y terriblemente amoral y vil. Me gusta el modo en que la primera escena de la ópera se transforma desde la Edad Media a una especie de película actual con la que nos podemos identificar. Me parece interesante la asociación que se crea entre la corte, la maldad humana y la utilización de las mujeres como un objeto de usar y tirar, de hecho ni se les ve la cara".

JAVIER ALMUZARA: "Eso tiene coherencia con la utilidad que se les da a las mujeres en el melodrama romántico, porque son simplemente catalizadores de la acción, no tienen relieve dramático. Son o bien la 'femme fatale', la mujer perversa y tentadora, o bien el ángel bobo que precipita el drama, como ocurre en esta misma ópera con Maddalena y Gilda".

RAÚL GARCÍA: "En 'Rigoletto' hay momentos en los que el propio drama y la música se bastan para decir todo lo necesario, entonces ahí no me gusta que la escenografía se imponga. Por ejemplo, en el cuarteto del tercer acto, donde Verdi describe a cada uno de los personajes que participan en él, entonces todo el aparato escénico que se constituye alrededor no beneficia al transcurso de esta parte de la ópera".

JAVIER ALMUZARA: "Hay que tener en cuenta también que ese preciso momento se desarrolla en el antro del propio asesino Sparafucile, por lo que hay que propiciar un ambiente creíble. Al término, todo concluye porque Maddalena suplica que le salven la vida al duque y porque Gilda se ofrece irracionalmente a morir en su lugar".

IGNACIO GONZÁLEZ: "Creo que todos esos anacronismos que se ven en la puesta en escena, que pasa de una época a otra, traen la acción a la actualidad, y es como darle un pellizco a la sociedad actual para dejar constancia de que sigue pasando lo mismo hoy día".

JAVIER ALMUZARA: "Yo sí lo veo verosímil, lo único que no le encuentro lógica al traerlo a la actualidad es la inmolación de Gilda. Pero desde mi punto de vista, éste es un personaje que carece del rigor que debería, así que yo veo incongruencias en el libreto que no son sólo achacables únicamente a la puesta en escena".

IGNACIO MARTÍNEZ: "Jessica Pratt fue todo un descubrimiento para mí. Es muy joven y está desarrollando una carrera imparable, cuenta con una voz digna de destacar. Lástima la actuación".

IGNACIO GONZÁLEZ: "Totalmente de acuerdo, incluso su interpretación actoral me pareció estupenda, con la salvedad de la falta de conexión que se le notaba con Juan Jesús Rodríguez".

JAVIER ALMUZARA: "Lo que yo vi ridículo fue el dúo con efecto espejo, porque no terminé de encontrarle sentido".

MIRIAM PERANDONES: "Pensé quizá en una identificación con el duque y una negación de sí misma".

RAÚL GARCÍA: "El personaje de Gilda no es en absoluto fácil por los cambios vocales que experimenta. Desde los momentos de mayor coloratura, aquéllos en los que está con su padre o más enamorada, hasta esos otros momentos que reflejan más su sufrimiento y que adquieren rasgos de soprano lírica con tonos dramáticos. Musicalmente la vi increíble en las dos circunstancias".

MIRIAM PERANDONES: "Yo quería subrayar la dirección de Marzio Conti, que estuvo acompañando permanentemente a los tres".

IGNACIO MARTÍNEZ: "Lo vamos a echar de menos cuando se vaya".

RAÚL GARCÍA: "Esta ópera para la orquesta es muy difícil, por la cantidad de matices y de contrastes en la partitura, que requiere un vínculo permanente con el personaje de Rigoletto, y eso pudo verse en la primera función".

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