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Dos obispos pierden la diócesis por el amor de una mujer

El caso de Xavier Novell, el prelado de Solsona que ha renunciado por su relación con Silvia Caballol, tuvo un precedente en su homólogo de Mallorca Javier Salinas

Arriba, Xavier Novell; sobre estas líneas, Javier Salinas. | |  LNE

Arriba, Xavier Novell; sobre estas líneas, Javier Salinas. | | LNE

Corría diciembre de 2015 cuando Javier Salinas, a la sazón obispo de Mallorca, se disponía a enfrentarse en plena calle a un interrogante que jamás había tenido que responder un prelado español:

Dos obispos pierden la diócesis por el amor de una mujer

–Monseñor, ¿está enamorado?

La pregunta a bocajarro desarboló al interpelado, que improvisó una desordenada negativa. Y, sin embargo, la curiosidad amorosa estaba justificada en la primera comparecencia del titular de la diócesis, después de que “Diario de Mallorca publicara el artículo “El Vaticano investiga el vínculo del obispo con una mujer casada”. En aquella misma salida, también intentó explicar torpemente los anillos que ambos compartían, y que atribuyó a la pertenencia a un mismo grupo de oración con dos miembros. Cinco años después, decenas de periodistas acechan hoy a Xavier Novell, obispo de Solsona, para que responda la pregunta que ya ha revelado a su círculo íntimo: ¿está enamorado?

Es obligado rescatar el precedente mallorquín, dado que Salinas también fue destituido por el Vaticano. La particularidad del caso anterior es que la denuncia provenía de un distinguido feligrés, el aristócrata Mariano de España, que acusaba a su obispo de la ruptura de su matrimonio tras haber “abducido” a su esposa, Sonia Valenzuela, para arrastrarla a “una relación impropia”. Además, el prelado la había nombrado su secretaria particular en el palacio episcopal. Valenzuela fue alto cargo del PP la pasada década, como directora general del Ayuntamiento de Palma, al frente del área de Educación, en una ciudad de medio millón de habitantes.

Para complicar la relación, el obispo Salinas defraudó al feligrés después de haber comido su carne y haber bebido su vino. El prelado había sido huésped frecuente, con derecho a manutención y cama, en la emblemática finca de Pastorix en Valldemossa. De hecho, las sospechas de Mariano de España solidificaron cuando el obispo ofició las bodas de plata del matrimonio en sus posesiones campestres. El marido y anfitrión se alarmó al escuchar la plática unilateral del prelado, que cantaba las delicias del amor como si la pareja casada durante 25 años solo constara de una persona.

El marido no escatimó medios, incluida la contratación de detectives, para demostrar la diabólica “abducción” conyugal, de la que estaba convencido. Aunque la historia acabó con un enfrentamiento de la pareja antes de la pacificación judicial, De España excusaba siempre a su ya exesposa, para descargar su ira contra el prelado que habría abusado de su preeminencia espiritual.

Las citas literales sobre la abducción y la intimidad de la relación corresponden a los dilatados informes que el marido presentó en persona ante la Nunciatura, con un embajador del Papa estupefacto ante la abultada documentación que se adjuntaba. El denunciante también remitió la información a Roma, con cartas personales al Papa en las que detallaba su perspectiva sobre el triángulo. Salinas fue convocado con urgencia al Vaticano, donde tuvo que explicarse durante cuatro días.

En la casa episcopal de Solsona, donde el obispo vivía con conocida humildad y casi sin servicio, descansan báculo y mitra. De Xavier Novell, 52 años y durante más de dos lustros titular de la diócesis, se desconoce su paradero, aunque se le ha situado en Manresa. Invisible en la ciudad, estaría conviviendo con una psicóloga y escritora, Silvia Caballol, 14 años más joven y madre de dos hijos de una relación anterior con una persona de nacionalidad marroquí. Y a partir de aquí la información se difumina entre silencios, empezando por los responsables eclesiásticos, que dan mucho que hablar.

El vínculo entre las accidentadas prejubilaciones forzosas de Salinas y Novell se establece también a través del cardenal mallorquín Luis Ladaria, jesuita como Bergoglio y su hombre de máxima confianza. Ladaria no solo es el gran inquisidor como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe; también fue el encargado de reeducar al obispo de Solsona como director de su tesis doctoral, cuando Novell fue enviado a la universidad gregoriana a calmar su rebeldía juvenil.

Un talante que derivó luego en un obispo de mando firme, según explican sus íntimos colaboradores, que también aseguran desconocer dudas o debilidades en asuntos religiosos y en tantos otros temas en los que ha expresado con contundencia sus ideas, y que le han supuesto sonoros reproches populares. Cuando estaba convencido, iba a muerte con sus objetivos, con energía y sin atender, según cuentan, a quienes a menudo le pedían prudencia. Aquel obispo promocionado como una joven apuesta por la renovación de la Iglesia, aquel hombre de “clergyman” y cara amable, que inició su mandato moviéndose como pez en el agua por redacciones, radios y platós, fue también el que se enfrentó, por ejemplo, a los responsables de Cáritas de Solsona.

Dolían entre los eclesiásticos algunos de sus comentarios, como cuando relacionó en 2017 la homosexualidad con la ausencia de un papel fuerte del padre en el seno de la familia. Desde entonces le han llovido las críticas del movimiento LGTBI y su actitud propició que algunos gobiernos locales, como el de Cervera (Lérida), le declarasen persona non grata.

La política también colisionó con Novell. Si prohibió que los sacerdotes de su diócesis participaran en un repique de campanas de apoyo al movimiento independentista, luego se posicionó a favor del referéndum del 1-O, condenó la prisión para los líderes políticos catalanes y, tras su encarcelamiento, fue un asiduo visitante de la cárcel de Lledoners.

Hoy, Novell puede haber pedido al Vaticano que le dispense del celibato y del voto de obediencia, y está buscando trabajo. Aparte de su carrera eclesiástica, es también ingeniero técnico agrícola. Salinas, mientras, fue degradado a obispo auxiliar de Valencia después de que el 8 de septiembre de 2016 el Boletín de la Santa Sede publicara que “el papa Francisco ha aceptado la renuncia presentada por Javier Salinas al gobierno pastoral de la Diócesis de Mallorca”.

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