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La lucha de Campuzano para volver a empezar: máquinas de hielo, dobles sesiones y entrenamientos en sus días de descanso

El delantero ha seguido un plan meticuloso y muy duro antes de volver al equipo con el objetivo de dar atrás sus problemas físicos

Campuzano, en un partido de pretemporada Marcos León

Mañana del lunes 8 de noviembre en Mareo. Último partidillo antes de irse a las duchas. Víctor Campuzano arranca y cuando va a por un balón su tobillo izquierdo queda atrapado tras descargar todo su peso sobre él. Muy mala pinta. El delantero del Sporting siente un crujido. Se teme lo peor. Era su semana. El Sporting recibe ese viernes al filial de la Real Sociedad B, y Djuka está con Montenegro. “¡Qué mala suerte!”, repiten en Mareo. El catalán deja la Escuela abatido. Desconsolado llama a su padre. No puede parar de llorar. Al momento, es trasladado a una clínica para revisar su estado. Álex, su hermano, inseparable y compañero de piso en Gijón, acude corriendo a otra clínica tras recibir la llamada de su padre explicándole la situación. Son momentos de nervios. De confusión.

Las imágenes captadas por las cámaras alzadas sobre postes en Mareo son terribles. Un fisioterapeuta se las enseña a la familia del jugador. Se teme lo peor. Se realizan varias exploraciones. Hasta que se confirma la lesión: un esguince con varias roturas parciales. Se le espera para enero. Ahí comienza todo. Los primeros días son duros, nada fáciles. Ya van muchas lesiones. Campuzano se pregunta por qué. Quizá la autoexigencia, las ganas de demostrar, reflexiona. O la mala suerte, como en este último movimiento.

El doctor Antonio Maestro está muy pendiente. “Receta” a Campuzano una bota Walker para inmovilizar su tobillo izquierdo durante el primer mes. Ese tiempo es infinito para el “11”. Apenas puede hacer nada: acudir a Mareo para estar con los fisios y médicos y reposar. Y la vuelta parece lejana. Coincide además con un momento donde el Sporting no tiene efectivos en ataque: Djuka ha pillado el covid y Pablo Pérez tiene una lesión grave. Queda Berto disponible. Con el tiempo limpia la cabeza. Promete guerra. Promete recuperarse cuanto antes y, sobre todo, volver fuerte. Los apoyos de Maestro y del resto de facultativos y fisios del Sporting resultan claves. Le miman. Nadie quiere arriesgar. Gallego también está pendiente.

Todos quieren que al fin Campuzano vuelva, pero que esté al cien por cien y sea ese jugador que llevó a la dirección deportiva a declinar mirar otros nombres en el pasado mercado invernal para agotar hasta la última vía para convencer al Espanyol de soltar seis meses antes al jugador. El trabajo, en ese sentido, de Javier Fernández resulta clave para desencallar la operación. El Sporting, por si acaso, había apalabrado su fichaje en propiedad para junio. Pero el Espanyol, al final, da luz verde y llega el ansiado Campuzano. Prácticamente un año después, Campuzano redebutó el sábado en los octavos de Copa del Rey ante el Cádiz.

¿Atrás? Un esfuerzo tremendo desde esa horrorosa mañana de noviembre. Campuzano se machaca. Hace dobles sesiones. Acude a Mareo mañana y tarde. Utiliza máquinas de hielo después de las sesiones de trabajo en las instalaciones rojiblancas. Controla la alimentación al extremo. Y sigue las indicaciones de los servicios médicos. Tiene un plan especial. Los plazos se respetan. No se quieren cometer errores. Se recuerda cuando regresó para el derbi y a los pocos minutos cayó lesionado. Víctor mejora poco a poco. Va entrando al grupo. Hasta que los médicos y Gallego lo ven en condiciones para el duelo de Copa. “No está para noventa minutos”, avisa Gallego. El delantero juega cuarenta y cinco minutos gracias a la prórroga. Se muestra participativo. Aparece por posiciones de mediapunta o segundo delantero y también cae sobre ambos costados.

Roza el gol. Y después marca el penalti. Un primer paso. Y el fin de una lucha que no termina. Porque el delantero aspira ahora a convertirse en pieza clave para David Gallego. Ayer, de forma voluntaria y en su día de descanso, acudió a las instalaciones de Mareo para trabajar junto a Aitor García. Campuzano no se da tregua.

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