02 de abril de 2008
02.04.2008

Una gran broma

02.04.2008 | 02:00

Me pasé el estreno de «Las gafas de Angelino» mirando a todos los rincones de mi salita intentando adivinar dónde habían colocado los de Telecinco las cámaras ocultas. Era obvio: un programa tan rematadamente malo como «Las gafas de Angelino» no podía existir en un universo gobernado por las leyes de la física, así que tenía que tratarse todo de una gran broma. Telecinco habría rodado de coña el peor programa de televisión que imaginarse pueda la mente humana, con la peor realización, el peor guión, las bromas más casposas y rancias, los presentadores más cutres, el decorado más irritante y los vídeos más soporíferos; después habría instalado cámaras ocultas en los sofás de algunos críticos televisivos, habría tenido acceso a nuestras antenas para emitirnos el espacio sólo a los pocos elegidos, y estaba filmando nuestras caras de pánico, nuestros ardores de estómago, nuestras mordeduras de uñas, para ser parte de... no sé... «Inocente, inocente», o para hacernos chantaje, o para el verdadero «Las gafas de Angelino».


Pero no. No había cámaras ocultas y el «Las gafas de Angelino» que vimos resultó ser el auténtico «Las gafas de Angelino» que Telecinco ha preparado para sobrevivir en la desértica sobremesa de la televisión española.


Pero eso no descarta la hipótesis de que estemos ante una gran broma. Si Telecinco no es el embromador quizá sea el embromado. A lo mejor las cámaras ocultas estaban instaladas en el despacho de Paolo Vasile. Por cierto, tengo entendido que no es un tipo que tenga un especial sentido del humor.

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