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Músico, premiado por Asicom

Silvio Rodríguez: “Vale la pena invertir más en curar que en matarnos”

“Cuando vi lo de la pandemia y que los músicos empezaron a expresarse virtualmente, escogí algunos temas y traté de aportar alguito en esta situación planetaria”

Silvio Rodríguez,  con su guitarra.

Silvio Rodríguez, con su guitarra.

El cantautor cubano Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 1946), emblema de la “Nueva Trova”, ha sido distinguido por la Asociación Iberoamericana de la Comunicación (Asicom), que premia desde hace once años la contribución de profesionales de distintos ámbitos por “acercar” las dos orillas del charco: la americana y

–¿Qué supone para usted este premio?

–Además de ser una distinción personal que por supuesto agradezco, también lo veo como un acto de solidaridad con Cuba, pequeña nación en que nací que ha escogido el camino de la independencia, siendo vecina de un país desmesuradamente poderoso, cuyos gobernantes suelen regirse por la filosofía del despojo. Ellos nos hacen pagar cara nuestra vocación soberana y nos someten a un bloqueo brutal (genocida le llamó García Márquez) que nos asfixia económicamente, ya que no deja que nuestro país haga transacciones bancarias, porque a los bancos que tratan con Cuba les imponen sanciones millonarias; también penalizan a las navieras y a los barcos que nos traen mercancías, y, por supuesto, presionan a los gobiernos para que se sumen al bloqueo, usando leyes extraterritoriales como la Helms-Burton. Darle este premio a un cubano que vive en Cuba es desafiar tanto abuso, y eso hace que lo aprecie mucho más.

–Su obra forma parte de la herencia sentimental de varias generaciones de españoles.

–Hay procesos culturales que no paran de fluir. Miren la rumba, la habanera. Hay un importante ingrediente ibérico en nuestra cultura, además del africano; nuestra lengua materna es castellana, muchas costumbres siguen presentes. Son razones que continúan dando frutos, un ir y venir de expresiones de pueblos con hondos vínculos de identidad. Me veo parte de eso.

–Hace apenas cinco años pudimos escuchar completa la “Tetralogía de mujer con sombrero”, ¿por qué tardó tanto tiempo en presentarla?

–Fue una suite compuesta en 1970. “Óleo de mujer con sombrero” se fue distinguiendo del resto, acaso por su melodía pegajosa. Hace unos pocos años me propuse hacer un disco de canciones sobre relaciones de pareja y me pareció el momento de rescatar la tetralogía. Me satisfizo hacerlo, era una deuda que cargaba.

–Tenemos reciente su nuevo trabajo, “Para la espera”, con canciones compuestas durante la última década. ¿Cómo surge este disco?

–Son las primeras versiones que hago de los temas. Después suelo trabajarlos, les pongo más instrumentos o los realizo con diversos formatos orquestales, con músicos invitados. En ese sentido “Para la espera” es casi un trabajo virginal.

–Lo lanzó por medios digitales, cuando muchos países estábamos confinados por la pandemia. ¿Lo hubiera lanzado directamente en digital en circunstancias normales?

–Lo cierto es que cuando vi lo de la pandemia y que los músicos empezaron a expresarse virtualmente, escogí algunos temas y traté de aportar alguito en esta situación planetaria. Es probable que más adelante surjan versiones más complejas de algunas de esas canciones. Ya veremos... Por otra parte, el mundo virtual siempre me ha interesado. Es una herramienta que bien utilizada puede ser muy positiva.

–¿Cómo ha vivido usted, y está viviendo, la pandemia y todas las restricciones que se han impuesto?

–Lo estoy viviendo con limitaciones, como todos, aunque más lo lamento por los jóvenes, por los que están en las edades de salir al mundo a conocerlo y a vivir. Por suerte me ha tocado afrontarlo en un país donde hay una buena cultura sanitaria y por eso no estamos entre los más maltratados por la pandemia. Pero hay que cuidarse en todas partes.

–¿Cree que aprenderemos algo de esta situación?

–Los humanos somos un tanto olvidadizos, ojalá aprendamos. Creo que lo primero sería convencernos de que vale la pena invertir más en curar que en matarnos. Sería formidable si aprendiéramos eso para siempre.

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