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Elena Fernández-Pello

Un pensamiento revolucionario

La escritora bell hooks puso en evidencia los sesgos racistas del feminismo blanco

La activista feminista y antirracista bell hooks (siempre firmó con minúsculas porque para ella lo que debía escribirse en mayúsculas eran las ideas, no el nombre de quien las formulaba) falleció el pasado miércoles día 15 en Kentucky, el estado donde había nacido hacía 69 años. Allí creció, en un pueblo llamado Hopkinsville, bajo las leyes segregacionistas y, como afroamericana, estudió en una escuela a la que sólo asistían niños negros. Su nombre era Gloria Jean Watkins, pero adoptó uno nuevo al emprender su combativa carrera, recurrió a la estirpe materna y se apropió de los de su madre y sus abuelas.

Aunque su obra tardó en llegar y difundirse en Europa, fue cogiendo vuelo a medida que el continente acogía poblaciones más diversas y con ellas se volvía multirracial y multicultural. Es toda una referencia para el afrofeminismo. En sus libros evidencia la complejidad de ser mujer y ser negra, con la doble discriminación que acarrea. Su primer libro lo escribió con veinte años y tuvo que esperar diez hasta verlo publicado. El mundo occidental estaba en plena segunda ola del feminismo, con figuras como Gloria Steinem abanderando el movimiento, y bell hooks empezaba su carrera como escritora, como profesora universitaria y como intelectual subversiva. En « ¿Acaso no soy yo una mujer? », aquel primer ensayo para el que tanto tardó en conseguir editor, diseccionaba los sistemas de discriminación construidos a partir de la diferenciación por raza, sexo o clase social. A partir de ahí, dio a luz una obra ingente: más de cuarenta libros e infinidad de artículos.

La escritora, considerada una de las intelectuales más influyentes del siglo XX, cuestionó el sistema patriarcal, el imperialismo blanco y el propio feminismo. De hecho, en sus libros dejó en evidencia el sesgo racista del que pecaba el feminismo dominante, el ejercido por las mujeres blancas pensando en mujeres blancas. Así que bell hooks sacó a la luz cuestiones en las que sus militantes, blancas y anglosajonas mayoritariamente, no habían ni siquiera reparado. Apeló a la insumisión y a la desobediencia y habló del miedo hacia la negritud.

También tiene otras obras más amables, aunque igualmente revolucionarias, como su tratado sobre el amor, que es de aplicación sea cual sea la raza y el género y en el que habla sobre cómo se da por sentado que en el amor se sabe sabiendo y que, por tanto, no hay porque enseñar a hacerlo sanamente, algo que si se hacer con la sexualidad, con un mecanismo mucho más simple.

La pensadora hizo incursiones en la literatura infantil.

Sostenía que lo importante era su obra y las ideas que expresaba en ellas, no su persona, otra de las razones por las que insistía en que su nombre se escribiera en minúsculas y por lo que tardó en hacerse popular más que otras compañeras más visibles.

Hay material suficiente para encontrar en sus libros algún asunto con el que identificarse o por el que interesarse, porque pocos hay que no haya tocado, siempre sometiéndolos q un análisis progresista y radical. Sus fieles lectoras creen que no hay mejor homenaje que releerla y que alentar a quienes no lo hayan hecho todavía en atreverse a descubrir su revolucionaria forma de pensar.

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