El milagro de El Sardinero

Lección de economía para los cien mil parados asturianos y para las familias agobiadas: cómo pagar una hipoteca a 20 años de 6.000 euros al mes con un salario de 3.600 euros

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El milagro de El Sardinero
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EVELIO G. PALACIO
Los cien mil parados de la región y los asturianos que llegan con grandes dificultades a fin de mes deberían recibir un asesoramiento especial en la Presidencia del Principado. La mayoría de las familias necesita invertir más de la mitad de sus ingresos para comprar vivienda. En el caso del presidente regional en funciones, con una capacidad milagrosa para multiplicar los panes y los peces, ocurre al revés: paga una hipoteca mensual por un piso en Santander que ronda los 6.000 euros con un salario de 3.600 euros netos. La hipoteca le supone casi el doble de lo que gana. Estos datos no son ningún secreto: el mismo Cascos los hizo públicos ante la Junta General en septiembre del año pasado, tras tomar posesión.

El presidente asturiano carece de vivienda propia en Asturias y vive en un apartamento en el último piso de la Presidencia. Aprovechó, reacondicionándolas, unas dependencias diseñadas para área de descanso del jefe del Ejecutivo desde que el palacio de Suárez de la Riva fue rehabilitado para sede del Gobierno regional.

Cascos, según su propia declaración de bienes, posee una cuarta parte de un piso en Luarca y otro en Gijón que comparte con familiares. No consta oficialmente que tenga un domicilio en Madrid, ciudad en la que pasa varios días a la semana desde que es presidente del Principado y en la que reside su actual esposa, la galerista María Porto. Sí posee un piso en Santander valorado en más de 1,3 millones de euros, que adquirió a nombre de la empresa Tecnas, en la que figura como titular único.

La vivienda cántabra de Cascos tiene 158 metros cuadrados, distribuidos en cuatro dormitorios, un baño, dos cuartos de aseo, sala de estar, comedor, cocina y recibidor, y dos terrazas, al Norte y al Sur, una de cinco metros y otra de doce. Está situada en lo más esplendoroso de las playas del Sardinero, la milla de oro santanderina, con espectaculares vistas a la bahía. No frecuenta el piso desde que fundó Foro. Cascos mantiene unas excelentes relaciones con antiguos altos cargos del PP de Cantabria y llegó a convertir a Luis Bárcenas, onubense de nacimiento, ex gerente popular a sus órdenes y ex tesorero del partido, en senador por Cantabria sin ni siquera haber pisado la región. Bárcenas está imputado hoy en la «operación Gürtel» por supuesta recepción de comisiones a cambio de la adjudicación de obras públicas.

El piso de El Sardinero fue adquirido por Cascos mediante una hipoteca a 20 años de 1,2 millones de euros concedida por la Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK), según consta en el Registro de la Propiedad de Santander, datos que son públicos. La BBK ha sido tradicionalmente una entidad de ahorro vinculada al PNV. La hipoteca se constituyó el 10 de abril de 2008. La relación de Cascos con el PNV, y en especial con uno de sus popes, Arzalluz, es extraordinaria desde el primer Gobierno de Aznar. Incluso el entonces presidente de España tuvo que pararle los pies en un Consejo de Ministros en el que Cascos defendió con vehemencia al PNV y sostuvo que carecía de anhelos independentistas. «Si ETA pide mañana la independencia para el País Vasco, el PNV la reclama pasado mañana», le espetó Aznar.

En cuarenta meses, desde la compra del piso hasta la presentación de su declaración de bienes ante la Junta, Cascos liquidó 251.000 euros del crédito. Esto supone una media de 6.275 euros al mes. El crédito fue negociado en vísperas de que estallara la burbuja inmobiliaria, cuando los tipos de interés estaban mucho más altos que ahora. Cualquier persona que tenga un préstamo está avezada a estas cuentas y puede hacer los pertinentes cálculos por sí misma. Aunque la BBK le hubiera otorgado el interés más favorable posible, pongamos que un 1%, una amortización a 20 años de 1,2 millones de euros supone cuotas mensuales superiores a los 5.500 euros.

El presidente del Principado ingresa 3.600 euros netos cada mes de los impuestos de todos los asturianos. Es una cantidad ligeramente superior a la que percibía su antecesor, el socialista Vicente Álvarez Areces. Cascos, con dos hijos pequeños, tiene una retención fiscal menor por las pensiones compensatorias que pasa a sus anteriores cónyuges. La complicada vida multifamiliar del político asturiano siempre ha sido un quebradero de cabeza para los dirigentes del PP. Bien lo sabe el hoy número uno del partido, Mariano Rajoy, que durante su etapa de vicesecretario, con Cascos de secretario general, tuvo que cubrirle durante mucho tiempo las espaldas por sus largas escapadas durante el romance con una de sus primeras novias madrileñas.

Cuando Aznar decidió apartar a Cascos de la línea sucesoria y de la Vicepresidencia, meditó dejarlo fuera del Gobierno. Las extemporáneas reacciones del hoy líder de Foro, como la dimisión en un Consejo de Ministros por la renovación de unas licencias de radio a su amigo Blas Herrero, habían minado su confianza. Fue el propio Cascos quien rogó al ex presidente del Gobierno de España que le permitiera continuar en un Ministerio, entre otras razones porque precisaba del dinero para atender las necesidades de su compleja vida personal. Aznar pensó en otorgarle la cartera de Defensa. El político asturiano, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, le suplicó la de Fomento.

Sorpresas de la vida, ejemplo del voluble y vengativo carácter de Cascos según le vaya el provecho en ello, resultó su actitud hacia Blas Herrero, dueño de Kiss FM. Al principio lo consideraba «el Sarasola asturiano» y «el testaferro de Alfonso Guerra». Era la época en la que, para apretarle las clavijas, envió al entonces secretario general del PP asturiano, Ramón García Cañal, en compañía de tres miembros de una reputada familia de la derecha sierense relacionada con el hormigón y ahora con el hormiguero, a medir metro en mano la distancia a la que se hallaba situada una nave de un concesionario de coches que Herrero poseía en Viella (Siero). La nave incumplía por dos metros la servidumbre respecto a la arista exterior de la carretera. Pero todos convinieron en engañar a Cascos y darla por buena en bien de la salud de Isidro Fernández Rozada, de aquella líder del PP asturiano. Querían ahorrarle las innumerables llamadas que el Vicepresidente le hacía cada día desde la Moncloa para reclamarle si había que demoler parcial o totalmente la construcción.

Fernández Rozada, el hombre con más ironía y sentido del humor de la derecha asturiana, aún hoy repite con sarcasmo, después de haber soportado lo indecible del ex ministro de Fomento: «A mí me volvió loco, pero tengo que reconocer que me pagó el psiquiatra», en referencia a que, a diferencia de lo que ocurrió con otros muchos fieles casquistas, al menos a él no lo dejó tirado. Hasta Mercedes Fernández, Cherines, ahora candidata enfrentada a su mentor y la más casquista entre los militantes del PP, confesó hace poco, incrédula, ante el propio Rozada: «¿Te das cuenta en qué ha acabado este hombre? Qué engañados estábamos».

Luego entre Cascos y Herrero todo cambió de la noche a la mañana. El entendimiento surgió cuando un empresario asturiano amigo de ambos -más tarde rompería con Cascos por sus turbias maniobras- les invitó a cenar en su casa. La seducción fue total. Levantaron la mesa a partir un piñón. Blas Herrero controlaba las emisoras que había recibido de los gobernantes socialistas además de otras adquiridas por su cuenta. Posiblemente Cascos intuía que Sarasola, aquel íntimo amigo de Felipe González, había estado en la pomada del reparto de las licencias. Pero pronto olvidó aquellos pensamientos y él mismo pasó a desempeñar el papel protector que antes había repudiado, en el otro bando, a Sarasola. Desde el Gobierno de Aznar defendió a capa y espada al dueño de Kiss de manera obsesiva y nada desinteresada. Presionó al empresario que los había amigado para que intermediara ante el adjudicatario de una emisora en Asturias. Quería que se la traspasara a su nuevo amigo Herrero. Hubo de por medio coacciones respecto a la privatización de Enatcar, empresa pública de transporte de viajeros.

«¿Cuánta tierra necesita un hombre?» es un precioso cuento, «el mejor relato que se ha escrito nunca», según James Joyce. En él, el ruso Tolstoi cuenta la vida de Pajom, un campesino que no encuentra una finca lo suficientemente extensa para colmar sus ambiciones. Va engrandeciendo sucesivamente posesiones hasta que da con los bashkirios, que proponen regalarle todas las hectáreas que sea capaz de recorrer en un día. Pajom quiso caminar tantos kilómetros que murió extenuado en el empeño. Al final, la única tierra que verdaderamente necesitaba era la del minúsculo pedazo en el que cavaron su tumba.

¿Cuánto dinero necesita ingresar al mes un Presidente para devolver una hipoteca de 6.000 euros y hacer frente a sus obligaciones familiares? Resulta evidente que Cascos posee otros ingresos al margen de los del Principado o un generoso patrimonio personal, acumulado en tres décadas de dedicación a la vida pública. Sea como fuere, el origen de esa fortuna está sin explicar, algo raro en alguien que acusa a los demás de apoltronarse en el cargo para enriquecerse y hace de eso su bandera. Y empiezan a pesar los tintes oscuros de su pasado en el Ministerio con el mayor volumen de adjudicación de obras o el uso de viejas influencias para la venta de cuadros junto con su esposa, María Porto, en los años en los que permaneció alejado de la política.

El PP posee un arsenal de armas de destrucción masiva contra Cascos: P. A. C., Correa, Bárcenas, Gürtel... pero fue su «general secretario», y ponerse a disparar con ellas sería como clavarse un sable en el vientre. Tampoco ha querido hacerlo el PSOE. El socialista José Blanco miró para otro lado cuando era ministro de Fomento a pesar de todos los requerimientos que por activa y por pasiva le lanzó Javier Fernández, candidato socialista a la Presidencia del Principado.

Fernández estaba indignado con la falta de colaboración de Blanco. Después pudo comprobar que el ministro no hacía honor a su apellido y que su gestión estaba también plagada de manchas. Mientras Blanco tapaba las operaciones de la etapa de Cascos que Fernández pretendía dar a conocer, se estaba fraguando su caída en desgracia por el encuentro que mantuvo con el empresario gallego Dorribo en una gasolinera de Guitiriz (Lugo) y la supuesta recepción de una mordida.

Qué cosas. La afición a las citas en los lugares más insospechados debe de ser una deformación profesional de todos los ministros de Fomento. Cascos también gustaba de enviar en misiones secretas a su más leal escudero a bordo de un todoterreno. Los misteriosos encuentros eran convocados en estaciones de tren abandonadas.

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