El escenario del auditorio del Niemeyer fue ayer un sueño de primavera y de hadas doradas. Las integrantes de los coros "Peques del León de Oro" y "Aurum" conmovieron corazones y almas con las notas que dejaron escapar de sus gargantas. Todas -setenta- sonaron como el viento en los bosques encantados o como el crepitar de hojas. "Kodama", el musical que estrenaron anoche, se llevó aclamaciones, bravos y admiraciones. Poco más de una hora de música coral, de teatro de cámara y video creación. La naturaleza triunfa.

Las setenta coralistas -bajo la batuta de Elena Rosso y Ana Esteban- fueron una sola voz en cada uno de los nueve pasos que dieron en el Niemeyer. Fueron intérpretes de teatro, de danza... estrellas silvestres de un espectáculo donde la naturaleza se apodera del ruido de los aserraderos y la industria y los humos. El montaje que se estrenó ayer cuenta con la colaboración especial del Centro Niemeyer, que cedió instalaciones y horas de trabajo: todo para que "Kodama" fuera un festival de delicias.

El espectáculo comenzó en las últimas filas de la platea del auditorio. Allí comenzó a sonar "Fervor na brétema", un tema de estreno absoluto. Los espectadores contemplaron a las coralistas con la devoción de las sopresa, ataviadas todas con quimonos que transformaron a las cantantes en hadas de un jardín japonés. Con las manos recogidas se dirigieron descalzas al escenario, por las escaleras centrales de un auditorio iluminado. Sobre dos tarimas se acomodaron todas las intérpretes y la directora del espectáculo comenzó a dirigir los movimientos de las coralistas mientras sonaba "Uraren besotik", de Eva Ugalde. Las componentes de los coros femeninos cantaron en gallego, en vascuence, en inglés, en castellano... Un espectáculo multilingüe cosido por el poder de unas voces poderosas.

"Kodama" se presentó como un espectáculo que da una vuelta a los recitales corales: canción, aplauso, canción... Hubo proyecciones, efectos sonoros... Se puso a llover sobre un escenario lleno de hadas en el mismo momento en que fuera, en la calle, en la ciudad, la lluvia disipó el buen tiempo. Las hadas de los "Peques del León de Oro" y de "Aurum" vivieron ayer el sueño dorado de la primavera.