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La ballena gris surcó el Cantábrico

El biólogo Carlos Nores repasa la presencia y la extinción de cetáceos desde el siglo XI en las Jornadas de Ecología Marina

30.10.2015 | 04:08
Carlos Nores, ayer, en la estancia dedicada a las ballenas en el Museo Marítimo de Asturias, en Luanco.

La ballena gris surcó las aguas del Cantábrico en la época prerromana. Así lo afirmó ayer el biólogo Carlos Nores, profesor titular de Biología de Organismos y Sistemas la Universidad de Oviedo, tras la realización de un estudio en el que colaboró la arqueóloga canadiense Camilla Speller. Hace diez días, la arqueóloga, del departamento de Arqueología de la Universidad de York, envió un correo electrónico a Nores donde le detallaba que los restos hallados en 1996 en el castro Noega de la Campa Torres de Gijón pertenecían a una ballena gris. "Voy a dar un titular: se trata de la última ballena gris del Atlántico europeo". Los restos eran de una escápula que puede datarse entre los siglos II y III antes de Cristo.

"Tenemos confirmación molecular y pronto realizaremos la prueba del Carbono 14", añadió el investigador, que ayer participó en las Jornadas de Ecología Marina que se desarrollan desde el lunes entre Candás y Luanco, organizadas por el colectivo de actividades subacuáticas "El Delfín" con el patrocinio de LA NUEVA ESPAÑA. "Había otros tres hallazgos de la ballena gris en Europa, en Holanda, en Suecia y en el sur de Inglaterra, pero todos ellos sin datar", remarcó Nores.

No obstante, la conferencia del biólogo versó, principalmente, sobre la ballena de los vascos, un cetáceo extinguido en el Cantábrico por una persecución desmedida. En el siglo XVI se cazaban unos cien ejemplares cada año en la costa cantábrica.

Los primeros documentos que hablan de este tipo de ballenas datan del siglo XI y fueron hallados en Bayona, en el País Vasco francés. En Asturias, el primer escrito sobre estos cetáceos vincula a Perlora (Carreño) con la caza de ballenas en 1232. El Principado contaba con una decena de puertos balleneros, entre ellos el de Luanco. Los atalayeros divisaban los animales desde la costa y prendían una hoguera que marcaba el inicio de la expedición. Los pescadores acudían en botes con arpones. Posteriormente, utilizaban sangraderas para matarlas. "Cuando encontraban una cría con su madre, primero iban a por la cría y luego a por la madre, que en ese momento era más fácil de matar", detalló Nores.

Las Jornadas de Ecología Marina finalizan hoy en la casa de La Baragaña de Candás con la conferencia "Animales bentónicos del intermareal asturiano", sobre la fauna de los fondos situados en la franja litoral, a cargo de Alexandra Richter, profesora de Zoología de la Universidad de Oviedo.

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