08 de agosto de 2017
08.08.2017
ILLAS

La lluvia obliga a La Peral a cancelar su pasacalles y a refugiarse en el polideportivo

Las fiestas de la parroquia de Illas sustituyeron, por primera vez en 20 años, su charanga de casa en casa por una comida vecinal

08.08.2017 | 09:48
Los folixeros, que este año celebraron la fiesta bajo techo
Por la izquierda, Alba Sánchez, Enma Locatel, Enma López, Mauri García y Germán López, ayer, en La Peral, preparando sangría.

Los vecinos de La Peral demostraron saber ponerle buena cara al mal tiempo. Las fiestas de la parroquia de Illas remataron ayer sus cuatro jornadas de fiesta con una comida vecinal y una verbena pasada por agua. Por primera vez en 20 años, el tradicional pasacalles que lleva la fiesta a las casas del pueblo tuvo que cancelarse debido a la lluvia. En su lugar, la comisión de festejos se apropió de furgonetas para trasladar toda la comida preparada al polideportivo del pueblo, amenizado por una caseta de música de vinilo.

"La lluvia nos ha hecho dar un giro de 180 grados a la idea tradicional de estas fiestas, creadas con la intención de llevar la diversión de los más jóvenes, casa por casa, a los hogares de los más mayores", explicó ayer Carlos Pumares, presidente de la comisión de festejos, que se encargó de improvisar una comida vecinal en la carpa del polideportivo para evitar la cancelación de la jornada. "Recogimos con las furgonetas de queso de La Peral la comida preparada en las casas que organizan esto y las vamos trayendo. Justo al revés de lo que queríamos", reconoció, y lamentó la "mala suerte" de este año. "Veinte años de historia y no nos había llovido nunca", aseguró.

Las nubes, no obstante, no lograron apagar el ánimo de los vecinos. "A ver, podría ser peor. Aquí al menos no tenemos frío y por la noche viene "Tekila". Aguantamos de sobra", sentenciaron. La Peral se organizó para imitar el funcionamiento original de las fiestas. A lo largo de la tarde, las furgonetas fueron trayendo la comida preparada en los hogares. "Si traemos todo de golpe la gente se marcha a su casa. Vamos a mantener el horario que solía hacer la charanga de puerta en puerta y espaciar el reparto de comida", explicaron. Los más pequeños, disfrazados con faldas hawaianas, se encargaron de preparar una sangría de refresco, frutas y vino. "No la vamos a beber, que no nos dejan, servimos a la gente que lo pida", aseguraron, mientras revolvían el contenido de la fuente a ocho manos. Los no tan pequeños también sacaron los disfraces. Un grupo de vecinos, presididos por un joven vestido de niña de primera comunión, bailaban mientras se sujetaban sus pelucas. "Con comida y música tampoco nos vamos a quejar", sentenciaron. Pumares destacó este espíritu positivo de La Peral. "Tenemos la suerte de ser un pueblo con mucha juventud. Cuatro gotas no les va a amargar la noche a esta gente", explicó.

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