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Nacho Miguel

Miguel López Serrano y Nacho Azparren, periodistas de La Nueva España, son los encargados de escribir sobre todo lo que acontezca en la cita mundialista.

Sobre este blog de Deportes

Moacir Barbosa Nascimento (27 de marzo de 1921- 7 de abril de 2000) fue, posiblemente, la primera gran víctima de la pasión desmedida en el fútbol. Él era el encargado de defender la meta brasileña en el Maracanazo, la sorprendente victoria de Uruguay en la final de 1950. En 1994, días antes de la d...


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  • 16
    Junio
    2014

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    Bruno Fernandes o la miseria del éxito

    Brasil, ese país de fútbol y favelas donde conviven la pujanza económica y la miseria, ese apasionante sambódromo que mezcla a ejecutivos trajeados y a niños descalzos, esconde truculentas historias como la de Bruno Fernandes, una más del futbolista consumido por los vicios del éxito.

     

    Bruno debería ser hoy el portero titular de su país en el mundial de su país y, sin embargo, pasa estos días en la cárcel entre depresiones e intentos de suicidio. En 2010, en pleno apogeo de su carrera, fue condenado a 22 años de prisión por ser al autor intelectual del asesinato de la madre de su hijo, una amante con la que engañaba a su mujer. El día en que la juez falló, Bruno regresó a la miseria en la que se crió.

     

    En realidad, nunca la abandonó. Nació en 1984 en una favela de Belo Horizonte y convivió con asesinatos, armas, drogas y delincuencia desde su niñez. Fue otro niño de tantos que hizo del balón su salvavidas. El fútbol consiguió sacarle de allí. Debutó en el Atlético Mineiro muy joven y a los 24 años ya era capitán del Flamengo y una de las promesas de la liga brasileña. El fútbol también le dio un sueldo millonario y un estatus que no supo llevar. Porque él salió de la favela, pero su mente y su corazón permanecieron siempre allí.

     

    Así que cuando por fin tuvo lo que nunca tuvo, pecó. Casado, famoso, y con una vida aparentemente encaminada, empezó a frecuentar discotecas y a organizar fiestas con prostitutas, drogas y compañeros de dudosa reputación. Una noche conoció a una prostituta, a la que dejó embarazada en su primera relación. Se llamaba Eliza Samudio y era una chica de clase media baja de su edad, abandonada por su madre a los cinco años, y obsesionada con casarse con un futbolista. Al enterarse, Bruno le pidió que abortara, pero ella se negó. Cuando el bebé nació, el portero diseñó su macabro plan.

     

    Llamó a su mejor amigo, apodado “El Macarrón”,  y a su primo, Sergio, para que la recogieran en su casa con la falsa promesa de que negociarían la cuantía de la pensión. Les pagó 1.200 euros para que se deshicieran de ella. Entre ellos dos y un tercero, la estrangularon y descuartizaron el cadáver, que lo depositaron en una perrera como alimento de cuatro rottweilers. Al bebé se lo devolvieron a Bruno, que lo mantuvo oculto en casa de unos amigos antes de darlo en adopción.

     

    Las amigas de Eliza Samudio alertaron de su desaparición a la Policía, que siguió la pista a Sergio, quien acabó confesando todo. Días después, se entregó el propio Bruno Fernandes. Dicen que al conocer la sentencia no lloró y que lo primero que lamentó fue no poder jugar este Mundial. El que debía ser su Mundial.

     

    Miguel López Serrano

     

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