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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria. Soy lectora apasionada, ferviente y devota de todo lo escrito ante mis ojos. Los libros son y serán mi destino.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero compartir lecturas para enriquecerlas y buscar otras perspectivas del infinito mundo de las palabras.


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  • Alguien escribe tu nombre

    “Todo empieza con el nombre. Hay que ponerle nombre a las cosas: es lo que las hace reales.” Esto escribió el poeta Luis García Montero en “Alguien dice tu nombre”, una deliciosa novela de iniciación en la literatura, el amor y el compromiso. El título podría ilustrar perfectamente lo que se está viviendo estos días en Madrid durante la Feria del Libro. Dices tu nombre en voz alta, con emoción y cierto pudor, el escritor lo traza sobre el papel y la dedicatoria otorga un nuevo valor al libro. Escritor y lector se hacen reales frente a frente, se materializa una relación vivida en la distancia o comienza otra de futuro incierto cuando el lector se anima a comprar un libro con su nombre ya estampado para siempre.

    Estos días en Madrid, donde la literatura trata de mantener su dignidad intacta, cobra especial sentido la novela de García Montero, como declaración de amor a las letras y al oficio de escritor. Hay mucho del poeta granadino en el carácter del joven protagonista de “Alguien dice tu nombre”, un rebelde inconformista que odia la indiferencia y admira a las personas que se niegan a obedecer. También hay mucho del poeta en el profesor de Literatura del joven, que firma su libro con “mi mejor amistad”. Suyas son las claves que salpican la novela para aprender a escribir, para aprender a mirar, aunque todos sus mandamientos se podrían resumir en uno: “escribir es seducir”.

    La trayectoria de García Montero da fe de su compromiso vital, aunque cuesta verlo como un rebelde por su hablar pausado, sus modales serenos y su sonrisa cálida. Firma despacio y con letra clara; no se alteran sus trazos aunque se agolpen los curiosos en la caseta para mirarlo a él y a la joven promesa de la poesía, Elvira Sastre, que se sienta al lado. Agradece y sonríe a los que compran sus libros de poesía, ensayo o los que se decantan por sus novelas. También su prosa es lírica, fraternal como un abrazo que consuela, compasiva y directa como un consejo de amigo, incisiva como un rayo que atraviesa lo que no vemos para iluminar lo que somos. “Todo lo que nos afecta permanece en nosotros, aunque se pierda en el tiempo.”

    La feria de firmas continúa en El Retiro de Madrid y, tras la primera semana, las crónicas coinciden en la ovación y vuelta al ruedo de un triunfador anunciado: Fernando Aramburu con su imprescindible “Patria”. También era previsible que la curiosidad de los lectores se detuviera en rostros que la televisión nos mete en casa como Máxim Huerta, Carme Chaparro o Cayetana Guillén Cuervo (“qué buena está”, decía un arrobado admirador) Del mismo modo, era de esperar que los youtubers, especialmente una joven llamada LunaDangelis, acaparasen el tiempo de espera de sus colegas de generación (más de dos horas) a pleno sol. Eso sí, cualquier balance de feria está supeditado al paso del huracán Pérez-Reverte que se anuncia para el próximo domingo.

    Pasear entre las casetas es una fiesta que cada uno celebra a su manera. Los hay que van directos a su objetivo, los despistados que resoplan hasta encontrar libros bajo el alivio de un toldo, y los intrépidos que ignoran el riesgo de esguince cervical y mueven el cuello de izquierda a derecha hasta que identifican al famoso, al conocido o al reconocido. “Ese la tiene muy larga, tiene que ser muy bueno”, vocea de repente una señora. El diagnóstico puede ser poco científico, pero es acertado. La fila corresponde a César Pérez Gellida, que firma ejemplares de su obra, inasequible al desaliento, incansable, con encanto y dedicación, con besos y fotos, con charla y sonrisas, de modo que sus pacientes lectores podrían dejarse media vida en esa cola y aun así saldrían satisfechos. Imposible abandonar nunca semejante generosidad. La misma recompensa se obtiene al conversar con un caballero como Lorenzo Silva, curtido en estas lides, que mantiene estoicamente la compostura cuando un lector le recrimina afectuosamente lo mucho que publica y la falta de tiempo para leerlo todo. Silva es educación, mesura e inteligencia. A última hora, frente a él apenas quedan libros para firmar. Es el triunfo que no cesa de un autor que se lo ha ganado a pulso.

    Antes de abandonar El Retiro, con varias bolsas con el colorido y polémico gato símbolo de la Feria, repaso mis compras, los libros donde escribieron mi nombre  y pienso que habrá muchos escritores que nos seduzcan, pero sólo los verdaderos permanecerán en nosotros.

     

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