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Terminado, el libro empieza
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Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 17
    Noviembre
    2017

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    Cultura literatura latinoamericana Premio Cervantes Nicaragua

    Sergio Ramírez: El sentido de la compasión

    Hay vidas que contienen suficientes argumentos para convertirse en novelas y esta evidencia es especialmente relevante cuando esa vida pertenece a un escritor que fue revolucionario y vicepresidente de un país. El nuevo Premio Cervantes, Sergio Ramírez, no necesita inventar grandes tramas ni recrear escenarios porque se mueve en el universo propio del que ha conocido la guerra, el enfrentamiento por el poder, la corrupción y la violencia. Con una biografía marcada por su pertenencia al movimiento sandinista, la carrera literaria del nicaragüense se mueve continuamente alrededor de los sucesos más destacados de la historia de su país, especialmente los que provocaron la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza, en 1979.

    "Por aunar en su obra la narración y la poesía y el rigor del observador y el actor, así como por reflejar la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte, todo ello con especial altura literaria y en pluralidad de géneros, como el cuento, la novela y el columnismo periodístico.”

    La abigarrada explicación que dio el jurado del Cervantes para conceder el galardón a Sergio Ramírez tal vez podría resumirse en esa capacidad de ser “observador y actor” de la historia contemporánea de Nicaragua. De hecho, Ramírez juega en algunos momentos de su obra a participar como personaje. Es el caso de “Sombras nada más”, donde aparece como narrador que interactúa con los personajes para darle más credibilidad. En una entrevista a raíz de la publicación de esta novela en 2002, el nicaragüense admite su gusto por teñir la realidad de ficción, por las “mentiras verdaderas y verdades mentirosas” y por crear un conglomerado múltiple de seres humanos representados desde distintas perspectivas.

    Los recursos estilísticos de Ramírez son inagotables, como los grandes de la literatura latinoamericana, con esa capacidad para dotar de lirismo a los paisajes humanos que describen y de un lenguaje bello y sonoro a la realidad más cruel. Porque de eso trata: de sacar a la luz las miserias que nacen de la lucha por el poder. Algo tan cierto como esta reflexión que aparece en "Sombras nada más":

    “Es el todo, no las pequeñas partes, lo que impulsa el salto de la historia, porque las minucias, errores, abusos, injusticias, se entierran en el olvido cuando hay acontecimientos tan variados y vertiginosos como los que ocurren en una revolución”.

    El protagonista de “Sombras nada más”, Alirio Martinica, es la mezcla de varios personajes de la época de Somoza. En su época de estudiante es opositor e hijo de uno de los mártires del régimen, hasta que se va transformando y llega a ser secretario privado y brazo derecho del dictador. Cae en desgracia y acaba refugiándose en una hacienda a esperar que pase la guerra, gane quien gane. “Termina siendo la víctima, pero también es el culpable”, afirma Ramírez.

    Martinica será sometido a un juicio popular por parte de los jóvenes guerrilleros sandinistas que le acusan de intervenir, directa o indirectamente, en los crímenes del régimen. Durante el proceso, las luces y, sobre todo, las sombras de los protagonistas, quedarán en evidencia:

    “-Ustedes los sandinistas pueden pasar a la historia si de verdad hacen lo que prometen… una revolución humanista.

    -El primer humanismo va a ser que los pobres no se nos mueran de hambre… Por medio siglo hemos tenido aquí en Nicaragua una negrura de crímenes y una robadera a lo descosido, los zánganos dueños y señores del colmenar, empalagados de miel.”

    Para contar esta historia, Ramírez se inspira en hechos y personajes reales, teñidos de ficción. Incluso aporta documentación al final de la novela para dotar de mayor verosimilitud al relato. Pero si hay una característica clave de esta historia es su sentido de la compasión, la forma en la que el escritor toma partido para reflejar la realidad en la que él mismo participó.

    “Antes que nada, espero que nunca te vayas a burlar del final que tuvo Alirio Martinica, un hombre escabroso, es cierto, muy dado a fatuidades, pero que tuvo su calvario, y todo aquel que tiene un calvario merece que se le guarde compasión”.

    La oportunidad de leer a Ramírez no puede desaprovecharse y más ahora que las portadas de sus obras se amontonarán en las estanterías. Su obra más conocida hasta la fecha tiene el hermoso título de un poema de Rubén Darío: “Margarita, está linda la mar”. La última novela, publicada por Alfaguara en octubre, se titula “Ya nadie llora por mí”, donde regresa al género negro de la mano del personaje que ya aparecía en “El cielo llora por mí”, el inspector Dolores Morales, un exguerrillero que tras el triunfo del Frente Sandinista se incorpora a la policía y, que en esta ocasión, trabaja como investigador privado.

    El universo de Ramírez vuelve siempre a rondar la historia que nunca le abandona, algo que podría cuestionarse por resultar un tanto repetitivo, pero con el valor de ser una historia revisada desde la brillantez y la innegable honestidad del que habla (escribe) de lo que sabe.

     

     

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