Llamazares: ni sacrificio ni ritual(Respuesta a J. M. Piñeiro)

05.04.2008 | 04:01

Suelo leer con gran atención y aprovechamiento la «Crónica Política» de J. M. Piñeiro, de la que obtengo perspectivas inusitadas de la política regional, perspectivas que, intuyo, provienen de una red profesionalmente tejida que entrevera los lugares donde se cuece la política, lugares que me son habitualmente ajenos como miembro excluido de una organización local de izquierdas (IU). Seguramente en esa disparidad de fuentes haya que buscar el aprovechamiento que obtengo de los artículos de Piñeiro, que producen en mí la sensación de calidoscopio político construido a base de contrastes siempre probables. Casi nunca logro identificar, en sus alambicadas y a veces crípticas reflexiones, las posiciones concretas de los partidos. Sin embargo, en el artículo que publica el domingo 23 de marzo sobre Llamazares, el periodista se identifica con la línea argumentativa que el potente aparato mediático del PSOE ha puesto en marcha para arreglarle los trastos al maltrecho coordinador general de IU. Y dicha identificación se realiza por el curioso procedimiento, extraño a Piñeiro, de asumir completamente argumentos de actores políticos reales a costa incluso de caer, de manera también extraña para este periodista, en las más claras contradicciones.
La tesis de la crónica es que «Llamazares sacrificó el lucimiento de IU para dar estabilidad al Gobierno» y esta posición política le parece a Piñeiro sacrificada y coherente. El autor de dicho panegírico afirma que la causa del descenso electoral está en lo que Llamazares no hizo, esto es, en la famosa pinza con el PP contra el PSOE. Esta estrategia le habría dado a IU más apoyo, porque los medios de comunicación proclives al PP le habrían dado cobijo, «un nidito», dice Piñeiro, quien justifica la posibilidad de esta postura política en dos fallos del PSOE: la política territorial y la política antiterrorista. Sin embargo, olvida Piñeiro que la denominada pinza (término del aparato mediático del PSOE) era lógica en materia antiterrorista en los tiempos de Anguita, pues ¿quién iba a rechazar públicamente la repulsa de la política-GAL llevada a cabo por el PSOE? Ahora, sin embargo, IU tendría que explicar, a contracorriente, que PSOE y PP defienden lo mismo: una ley de Partidos Políticos que prohíbe ser nacionalista vasco de izquierdas y que IU debe rechazar (en mi opinión). Esta posición sería muy difícil de mantener y no creo que encontrara «niditos» en «La Razón», «El Mundo» o el «ABC». Aun siendo tan fácil adoptar esa estrategia (la pinza PP-IU), Llamazares no lo habría hecho porque, según Piñeiro, internamente no se le dejó espacio y por la debilidad del Gobierno de Zapatero en algunos momentos. Pero si internamente tenía presiones, eran en la dirección de no ser la muleta del PSOE, o sea, en todo caso presiones a favor de lo que el PSOE llama la pinza (que en realidad no es tal). Y la debilidad de Zapatero en determinados momentos (por ejemplo, con los Presupuestos) no explica que Llamazares no optara por la pinza, pues la debilidad sería una razón para no apoyar los Presupuestos y no para apoyarlos como hizo IU. O sea, que las dos razones esgrimidas por Piñeiro para justificar el responsable apoyo de Llamazares a Zapatero o son incoherentes o son una petición de principio.
Sostiene Piñeiro que «no deja de ser simpático que quienes acusan a Llamazares de degradar a IU a la condición de monaguillo de los socialistas hubiesen pactado en su día listas conjuntas al Senado con el PSOE». Este es el argumento de Carrillo y Noemí Martín contra Frutos, sin matices, tal cual. Y lo malo no es que sea de ésta o aquél, lo malo es que es espurio. Porque las políticas de alianzas, como muy bien dice Piñeiro, son el ADN de una formación política. Lo que Frutos hizo fue un acuerdo electoral (puntual) contra una previsible mayoría absoluta de Aznar y lo apoyamos, los críticos y los no críticos. Lo que Llamazares hizo, durante el anterior período parlamentario, fue un pacto de legislatura oculto (no pasó por los órganos y no existió formalmente) que culminó durante la reciente campaña electoral en una patética autopostulación como futuro ministro de Zapatero.
En cuanto a las relaciones de Izquierda Xunida (IX) con el PCA, no sabemos cuántas veces vamos a tener que explicar que Noemí Martín y los demás dirigentes de IX mienten (así, sin más) sobre la crisis interna. La mayoría del PC de Oviedo no fue expulsada de IU por apoyar a otras siglas, sino que apoyó a otras siglas porque fuimos expulsados de IU. La diferencia es tan radical como la existente entre un asesinato premeditado y un acto de legítima defensa. Y Piñeiro repite, mejorando apreciablemente la redacción, cosa siempre de agradecer, las andanadas de mentiras de Noemí: que «algunos líderes del PC están empeñados en convertir al viejo galeón en cascarón vacío con bandera pirata y tripulación fantasma». Sin embargo, esta tripulación fantasma venció al barco de guerra fletado con todas las bendiciones de IX para la batalla municipal y por eso, ahora sin metáforas, IU es una organización fantasma en el Ayuntamiento de Oviedo. Que el PC sea una fuerza política influyente en España no es ninguna postura de psiquiatra y criticar a Llamazares y el fracaso de su proyecto político no es ningún ritual. Un respeto a los miles de ciudadanos que dejaron de votar esa cosa, y a quienes seguimos en la brega, que todavía no estamos fuera de combate.
Resumiendo: Piñeiro mimetiza argumentos de los actores reales mediante posturas incoherentes y se suma al coro de la estrategia del PSOE para alabar el trabajo realizado por Llamazares, seguramente porque «la izquierda que no hace "asquitos" al PSOE siempre recibe muchos guiños del socialismo y hasta le algodonan un nidito», léase un flamante puesto de secretario de Estado (Diego López Garrido) o unas consejerías asturianas donde languidecer políticamente en pago a los servicios prestados en la destrucción del espacio político existente a la izquierda del PSOE. Hubo, hay y habrá rebeldía antisistema, la cuestión es si esa rebeldía estará organizada o no. La actual dirección de IU de España y de Asturias y el PSOE, en este momento histórico, están claramente comprometidos en que esta rebeldía no esté organizada sino subsumida y domesticada en el PSOE, pero todavía está viva y volverá a dar dolores de cabeza al entorno político y mediático del PSOE.

Ignacio Loy Madera fue miembro del consejo político federal de IU, movimiento del que fue expulsado
Oviedo

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