Puntualicemos, señor Garralda

11.05.2008 | 02:02

No, señor Garralda, no me he alarmado por su escrito en «Cartas al director» de LA NUEVA ESPAÑA del 18-04-2008, simplemente me da pena su forma de sentir.
También tengo serias dudas de que el señor Franco se levantara en armas contra el Gobierno legítimamente constituido de la República solamente por defender la Cruz, pero, respecto a esto, si usted me lo permite, le diré que no toda la Iglesia católica asumió la guerra como cruzada; el «bautizo», si no recuerdo mal, ha sido cosa del Papa Pío XII, que todo hay que decirlo, también gozaba de la amistad no solamente del general Franco, sino de la inestimable consideración de don Adolf Hitler y del jefe del Gobierno italiano. Inmejorables los tres, ¿verdad, señor Garralda?
Dice usted: «Los enemigos de Dios tenían todos los medios materiales a su favor, pero no tenían la razón por ir contra Dios, y llevaron las de perder». Señor Garralda, no sé si el señor Franco hubiera ganado la guerra con la ayuda de Dios solamente (...) y pienso que el mismo general no lo creyó así, ya que solicitó ayuda, nada menos, que del Gobierno alemán y del italiano (...).
Dice usted que ésta es la verdadera historia, tozuda e indiscutible, que no es posible borrar, ante la que todo historiador tiene que doblar la cerviz, si quiere ser objetivo, por mucho que a usted le parezca «inapropiada». Ésa es su opinión, pero mire usted la de un historiador. LA NUEVA ESPAÑA del 22-04-2008. Franco, como el Mago de Oz, «vivía dentro de un disfraz por su inseguridad», dice Preston. El historiador desmonta en su última obra las mentiras sobre el dictador (...).
Don Ángel, no puedo transcribir aquí toda la letra pequeña de este artículo por falta de espacio, pero espero que sea usted un fiel lector de este magnífico periódico que es LA NUEVA ESPAÑA y se haya enterado un poquito que no todos los historiadores dirán lo que usted quiera.
Don Ángel, yo he nacido entre dos revoluciones, por lo que no puedo saber lo que hicieron en mi Mieres del Camino natal los de un lado o los del otro. De todas formas, ya me lo ha dicho usted.
Para su general conocimiento he de decirle que la sociedad en la que vivimos simplemente por haber nacido ya nos concede el «título» de don, que antepuesto al nombre observará que queda muy bonito. ¿Verdad que es así, don Ángel?
Para mí, señor Garralda, -y lo repito una vez más- quien mata es un/a asesino/a tanto si lo hace por venganza o por ley. ¿Pretende hablarme usted de juicios justos en los años de la posguerra? Por favor, no diga usted tonterías, el que un bando haya hecho atrocidades eso no exime de culpa a los que ganaron la guerra y cometieron mil y una felonías. ¿O no?
Los juicios del general Franco fueron parecidos a los que mataron a sacerdotes y seminaristas: no se puede hacer una defensa de las atrocidades cometidas por ambas partes y, mucho menos, un hijo de la Iglesia católica, nuestro Señor Jesucristo usted mismo ha dicho que murió perdonando.
Por favor, don Ángel, que yo aún no me asusto ante usted. Lea sus mismas palabras. Y me pregunta asustado con cara de «cristiano de base», mire usted, mis padres, aun siendo de «izquierdas» (en aquellos tiempos «revueltos»), se ocuparon y preocuparon de llevarme a bautizar a la Iglesia católica, por lo tanto, no tengo duda alguna que soy cristiano, lo de base lo ha añadido usted.
Por mucho que a usted le moleste seguiré manteniendo el mismo criterio respecto a los sacerdotes de Gijón, a los que usted ha reprobado su forma o manera de pensar, leo escritos de algunos de ellos y observo que su preocupación es la lucha por los débiles y los necesitados de amparo, que son muchos/as.
Dice que su madre de usted le enseñó a perdonar... Señor Garralda, mal discípulo me parece que es usted, alguna carta de LA NUEVA ESPAÑA que he leído de usted no demuestra que haya tomado la enseñanza de su madre respecto a perdonar muy en serio. De todas formas, es cosa que solamente le incumbe a usted.
En cuanto a la infalibilidad del Papa, mire usted, nada que reprochar si usted lo cree así, pero yo difiero sustancialmente de su opinión, ya que para mí no es ni más ni menos que un ser humano con sus aciertos y sus errores. En cuanto a que los mártires tenían razón, tampoco he puesto en duda que no la tuvieren, pero a los muertos pienso que hay que recordarlos para rezarles una oración y no para que nos sean rentables en situaciones determinadas.
El Papa, señor Garralda, en vez de sembrar discordias (como usted), diferenciando los muertos de la guerra incivil acontecida hace más de setenta años, debería tomar más en serio esos millones de seres humanos que mueren de hambre, de miseria y mil y una enfermedades, millones de niños sin escolarización y un largo etcétera.
Mire usted si somos «falsos», señor Garralda, ponemos el «grito» en el cielo por los abortos cometidos en el mundo (desde luego con mucha razón) llamado desarrollado y miramos para otro lado cuando sabemos que millones de niños mueren al gestarse o al nacer en los países llamados del Tercer Mundo porque sus madres (que infinidad de veces también pierden su vida) no pueden contar con los medios necesarios que hoy nos ofrece la sanidad.
Don Ángel, en una de mis cartas al director de LA NUEVA ESPAÑA, 21-03-2008 con título «No basta con ir a misa», creo que expongo mi forma de sentir respecto a todo este tema, si le parece bien, léala y es posible que comprenda usted que las aspiraciones de una persona pueden contar con la aprobación de Dios, aunque uno no sea muy creyente.
Para terminar, don Ángel, solamente decirle que a mí el perdonar me reconforta, pero el odio y la venganza me entristecen.

Sabino Álvarez Pazos
Mieres del Camino

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