A Arturo Merino García-Ciaño (in memóriam)

12.05.2008 | 04:12

El pasado jueves 24 de abril, la tertulia de la cafetería Lira tuvimos nuestra «comida mensual», y aunque hacía varios meses que no acudías debido a tu enfermedad, este jueves te echamos mucho de menos. Fue un jueves dedicado a ti.
¿Quién fue Arturo Merino? Aquí en Oviedo, como en el resto de Asturias, es recordado como un gran deportista, sobre todo en el fútbol. Fue jugador de los que hacen época. Lo pudo ser todo en fútbol, pero él no quiso nunca salir de su querida Asturias. Formó parte de varios equipos asturianos y, en todos ellos, dejó una huella imborrable como futbolista y como persona.
Formó parte del equipo nacional de fútbol del Instituto Nacional de Previsión, donde trabajó.
Después de dejar de practicar el fútbol, le requirió el Real Oviedo, del que era socio desde su infancia, para formar parte de su directiva, donde dejó un memorable recuerdo.
Posteriormente fue miembro de la Federación Asturiana de Fútbol, donde desempeñó el cargo de presidente del comité de competición demostrando su buen hacer y saber.
Fue teniente de alcalde del Excelentísimo Ayuntamiento de Oviedo con don Arturo Álvarez-Buylla donde fue el creador del «callejero de la ciudad».
En su vida particular, desde el año 1943, por oposición, fue funcionario técnico del Instituto Nacional de Previsión, donde desempeñó cargos de gran relevancia, alcanzando felicitaciones tanto de la dirección provincial como de la nacional, llegando a ocupar, por sus méritos, los cargos de secretario general del Consejo Provincial, director provincial del Instituto de Salamanca y posteriormente en Oviedo, donde se jubiló, alcanzado la «medalla de oro de la previsión popular».
Hace casi veinticinco años comenzamos a formar la tertulia de la cafetería Lira, a la que asistía diariamente. En ella se hablaba de muchas cosas, de deportes, de Oviedo, de Asturias y, sobre todo, de nuestra querida España.
Su memoria era prodigiosa. Se acordaba de todas las alineaciones de los equipos asturianos y, también, de otros españoles, y no digamos nada de los del equipo nacional.
Cuando teníamos alguna duda de algo, esperábamos que llegara Arturo para que nos la aclarase.
Había muchos clientes de la cafetería que se ponían cerca de nuestras mesas para escuchar nuestras conversaciones, y algunos, al marcharse, nos daban sus opiniones.
Amaba mucho a su España y a su historia y la defendía con palabras y uñas, y estoy seguro de que hubiera dado su vida por ella. Así lo demostraba en todas las ocasiones.
En nuestra tertulia dejas un hueco muy difícil de rellenar. Te echaremos mucho de menos.
Querido Arturo, ya estarás al lado de tu querida esposa Ana Mari, y desde ahí prepáranos un lugar cerca del Dios bueno para que, un día, podamos seguir la tertulia a la que tanto diste.
Un fuerte, muy fuerte, abrazo de todos los que tuvimos el honor de conocerte, y principalmente de los componentes de la tertulia de la cafetería Lira a la que tanto aportaste, y hasta la eternidad.

Fermín Alonso Sadaba
Oviedo

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