Un ataque vandálico destroza el invernadero de Cébrano, en Carbayín

La instalación complementaba las terapias de recuperación del centro

27.03.2012 | 05:25
Luisa Méndez, ayer, en el invernadero de Cébrano, con la cubierta rajada.
Luisa Méndez, ayer, en el invernadero de Cébrano, con la cubierta rajada.

Carbayín Alto (Siero),


Franco TORRE


El centro de la asociación Cébrano, de afectados por lesión cerebral sobrevenida, en Carbayín Alto (Siero) ha sido víctima de un ataque vandálico. El nuevo invernadero con el que fue dotado hace apenas cuatro meses el centro y que se usaba como apoyo a las terapias de recuperación que se realizan en las instalaciones amaneció ayer completamente destrozado.


Los trabajadores del centro se percataron del ataque nada más llegar a las instalaciones, pues las secuelas del ataque son perceptibles desde el exterior. La cubierta del invernadero ha sido rajada en varios puntos, una circunstancia que es especialmente conflictiva en una estructura de este tipo, ya que se inserta por debajo del suelo, por lo que su sustitución obligaría a desmontar por completo el invernadero y volverlo a colocar.


Un gasto que la asociación, que en su día logró que se instalase esta estructura merced al patrocinio de Cajastur y la colaboración del Ayuntamiento de Siero, posiblemente no pueda asumir. De hecho, la dirección del centro desconocía ayer si su seguro cubría los daños en la estructura.


En todo caso, empleados y pacientes se mostraron muy dolidos por un ataque al que no encuentran explicación y que la dirección denunció ayer mismo ante la Guardia Civil, aunque tienen pocas esperanzas de identificar a los culpables.


«Ya habían entrado otras veces al invernadero, pero nunca habían destrozado nada», señala sobre el ataque la trabajadora social del centro, Luisa Méndez, quien añade que en numerosas ocasiones los trabajadores se habían encontrado colillas y botellas vacías al llegar a las instalaciones por la mañana.


Las continuas incursiones, que no pueden ser frenadas por el cercado de apenas un metro de alto que circunda el recinto, habían llevado a los trabajadores a dejar abierta la puerta, precisamente para evitar que alguien rajase la cubierta. Pero la medida se ha demostrado ineficiente y la estructura ha sido víctima de un ataque gratuito e innecesario. «Creemos que estaban fumando en el interior, tenían calor y rajaron la cubierta», señala Méndez, que añade que el ataque pudo producirse entre la tarde del viernes y la mañana de ayer, ya que el centro cierra los fines de semana y carece de vigilancia.

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