31 de julio de 2016
31.07.2016
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El hijo adoptivo más inquieto de Grado

"Durante 62 años trabajé en la villa moscona con mucho cariño, así las cosas salen bien", dice Antonio Pavón, que recibirá la distinción municipal

31.07.2016 | 05:05
Antonio Pavón Palomo, ayer, en su habitación de recuerdos de su casa de Grado.

Igual de antequerano que moscón. Antonio Pavón Palomo tiene un sentimiento por Grado que ha desarrollado en diversos colectivos y en sus relaciones personales desde que puso un pie en la villa el 23 de mayo de 1954. Su involucración en el tejido social del concejo le ha llevado a ser propuesto para el título honorífico de Hijo Adoptivo de Grado, solicitado por catorce asociaciones. "Ha sido una sorpresa y una satisfacción enorme porque yo quiero mucho a Grado y durante 62 trabajé aquí con mucho cariño, con el que las cosas salen bien", afirma.

Pavón llegó con apenas 14 años a Grado a trabajar. Primero lo hizo en la barbería de Jesús Gallego y luego en diversos establecimientos hosteleros hasta que abrió el suyo propio, el bar "Los Arcos". Sin embargo, no ha sido su trabajo el que le ha llevado a ser uno de los personajes más queridos de la villa, sino su fondo humano.

Una forma de ser afable y delicada que le brinda ahora el cariño y respeto de los moscones. Y es que sus vecinos también tienen mucho que agradecer al Antequerano, pues su disposición a colaborar en cualquier actividad cultural o social del concejo ha sido siempre intachable. Tiene el carné número uno de socio del Club Deportivo Mosconia, fue presidente de la Hermandad de Santiago y Santa Ana durante diez años, impulsó la creación de la asociación "Valentín Andrés" y la asociación "Prámaro" para la integración de los discapacitados, pues en 1985 le diagnosticaron retinosis pigmentaria.

En todas ha participado con esmero, pero está muy orgulloso de dos hechos en concreto. El primero, haber dejado con 3.313 socios la Hermandad en el año 2000 y haber creado la fiesta infantil de Santanina en 1998. Eso y su profunda amistad con Valentín Álvarez, quien iba todos los días a verle a su negocio. "Era una persona extraordinaria y tengo la suerte de tener un libro suyo dedicado", comenta Pavón.

De su cabeza, junto a la del fallecido párroco Servando Méndez, también nació el arreglo del órgano de la iglesia de San Pedro. "Si alguna familia no podía yo ponía el dinero y le decía a Don Servando que habían pagado para que no quedaran mal", recuerda. Tampoco se puede dejar atrás que Pavón envió moscones a Antequera y recibió antequeranos en Grado a través de la oficina de turismo. Una labor que le valió el premio "Efebo de Antequera", que recibió en el Día de Andalucía.

Un sinfín de empujes a la villa moscona, que le recibió cuando era un niño. "Nunca pude imaginar esto, siempre me sentí muy querido en Grado y eso ya era suficiente", apunta. La villa también le ha dado sus mayores tesoros, su mujer Regina y sus hijas Beatriz y Patricia, que han ofrecido aún más felicidad a Pavón con sus nietos Lucía y Hugo.

Pavón es un antequerano de raza, andaluz de corazón, pero con el alma partida por su otra tierra, la de Grado. En las próximas semanas recibirá su distinción como Hijo Adoptivo en un día que seguro no olvidará.

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