El último partido del mejor padre para el cearismo

Miguelín deja el equipo para cuidar de su hijo, y Valbuena o Iñaki Eraña podrían sucederle

04.10.2015 | 13:47
Miguelín, con el pulgar en alto, entra en el vestuario antes del duelo.

Su intención era la de despedirse por la puerta grande y lo consiguió. El técnico Miguelín, al margen de obtener los tres puntos ante el Siero, se despidió de La Cruz llevándose el cariño de la plantilla, directiva y afición, que rindió una calurosa ovación al término del encuentro cargada de sentimiento.

No fue un partido común para el técnico gijonés, que pese a seguir el ritual habitual de cada partido, lo vivió con los nervios a flor de piel. Su expulsión en Avilés no le permitió sentarse en el banquillo, pero el técnico dirigió a los suyos a escasos centímetros, tras la barandilla, que no impidió que diese las órdenes como si de un partido más se tratase. Sufrió tras el gol del Siero que le obligó a desgañitarse, pero disfrutó con los suyos, que le dedicaron los dos goles de la victoria. Los puños en alto al término del partido reflejaban la satisfacción de Miguelín, que había hecho los deberes dejando su huella en el Ceares tras vivir una apasionante campaña el año pasado. El técnico se despide del conjunto gijonés antes de tiempo al lograr la custodia de su hijo, logrando un triunfo en la vida alejada de los terrenos de juego.

"Quería irme con una victoria ante un equipo muy incómodo como el Siero y que además comenzó ganando. Nos costó remontar, pero quería acabar con los tres puntos para que el nuevo entrenador afronte con mayor tranquilidad el próximo partido ante el Caudal", resumía al término del partido Miguelín. La bondad del técnico y su sintonía con la afición se reflejó a las mil maravillas al término del partido. Los seguidores y la plantilla rindieron su última ovación de gala al gijonés, que resumió el momento como "un día inolvidable". "El nuevo entrenador (que será Valbuena o Iñaki Eraña) va a tener mucha suerte porque entrenar a este equipo es increíble y la afición es magnífica, nunca lo voy a olvidar", expresaba.

Miguelín se separa de su familia futbolística, pero no lo hace con un adiós, sino con un hasta luego ya que "el fútbol es mi pasión y ojalá pueda volver dentro de tres o cuatro años con más ganas, me lo tomo como un descanso". Hasta entonces, el gijonés vivirá los partidos de La Cruz desde la grada como un miembro más de la familia cearista.

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